La noche del 30 de octubre de 2022, Luiz Inácio “Lula” da Silva fue electo por tercera vez presidente de Brasil. Obtenía el 50,9% de los sufragios frente a su competidor, Jair Bolsonaro, que alcanzaba alrededor de 49,1%. En aquella oportunidad, Lula se acercó a la delegación argentina y, en un tono intimista y reflexivo, expresó su felicidad por el resultado, pero también su preocupación porque la mitad del electorado había votado a Bolsonaro.
Es el fenómeno de las sociedades partidas en dos en las que la opción que gana es la que obtiene el apoyo de la mitad más grande. Algo parecido sucedió en Colombia y Perú, entre otros países de la región. Lo mismo ha ocurrido en la elección de la semana pasada en Brasil, en la que la diferencia entre los dos candidatos que pasaron al balotaje fue de 1,8%.
En un contexto de avance agresivo de las nuevas derechas, hay una primera cuestión para tener en cuenta: aproximadamente la mitad de los votantes resiste ese avance. Lula es un líder regional y está dando una gran batalla. El resultado favorable a Flávio Bolsonaro en primera vuelta fue el producto de un leve desplazamiento de votantes. No es para nada una elección perdida. Hay lugar para la expectativa positiva.
Algunos factores a considerar para el balotaje; primero: el voto a Bolsonaro estuvo muy traccionado por los gobernadores de los grandes estados como San Pablo o Río de Janeiro. Habiendo ganado esos gobernadores en primera vuelta, es probable que pierdan interés por la segunda.
Un segundo punto: hubo alrededor de 3 millones 700 mil votos anulados, es decir, gente que probablemente se equivocó al votar en el dispositivo electrónico. En el balotaje, la elección se va a simplificar en dos opciones y las posibilidades de error se van a reducir. Mi intuición es que esa masa de electores se va a decidir mayoritariamente a favor de Lula.
Un tercer elemento: inmediatamente después de conocerse los resultados de la primera vuelta, Lula y su equipo de campaña decidieron que el actual Vicepresidente y candidato a la vicepresidencia, Gerardo Alckmin, tuviera un mayor protagonismo en la segunda vuelta. Su tarea consistiría en buscar el apoyo de los votantes del centro democrático.
Mientras, en el escenario nacional, el ministro Luis Caputo destacó esta semana que la Industria y la Construcción crecieron en el mes de agosto: el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI Manufacturero) registró una expansión de 1,9% mensual con respecto al mes de julio y el Indicador Sintético de Actividad de la Construcción (ISAC) tuvo una suba de 0,4% mensual, también con respecto al mes anterior. Pero, la industria en julio había caído 5% por lo que el rebote de 1,9% de agosto no alcanza a recuperar el retroceso de julio. El gobierno explicó ese descenso de la actividad por el Mundial de Fútbol, pero si hubiera sido así, durante agosto se debería haber recuperado la caída anterior.
Cuando se comparan las cifras interanuales, la industria manufacturera cayó un 3,2% en agosto de 2026 frente a agosto de 2025. Lo mismo sucede con la construcción: registra una baja del 4,4% en la comparación interanual.
Siempre es posible que en las comparaciones intervengan factores puntuales. Tomemos, entonces, el acumulado de los últimos ocho meses de la industria: da una contracción del -2,7%.
En cuanto a la construcción, en el acumulado del año la mejora es de 0,8% interanual. Está prácticamente estancada en un nivel muy bajo al que la llevó el gobierno actual cuando eliminó la casi totalidad de la obra pública.
No hay magia. Si de 10 autos que se patentan en la Argentina 7 son importados, es muy difícil que a la actividad industrial le vaya bien, teniendo en cuenta el peso que tiene la producción automotriz en el total de la industria. Lo mismo sucede con otros productos que se importan y que antes se producían en el país. Para que la industria crezca deberíamos estar generando bienes que vendamos a nuevos mercados y al mismo tiempo tener regulaciones que nos protejan razonablemente frente a la importación.
En el nivel nacional y regional, las nuevas derechas dan la batalla cultural con todos los recursos de los que disponen. Tienen una mitad del electorado. Quienes formamos parte de la otra mitad, trabajamos todos los días para ser la mitad más grande.
*Presidente del Partido Solidario.