Hoy, mirando hacia atrás, parece mentira que Claudio Tapia haya aprovechado que, en aquel comienzo de diciembre de 2018, la atención del público futbolero estaba centrada en la final de la Copa Libertadores que River y Boca estaban por jugar en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid, para anunciar, tímidamente, que Lionel Scaloni iba a dirigir a la Selección Argentina en la Copa América de Brasil a mediados de 2019. Era tal la decepción con la actuación del equipo nacional en el Mundial de Rusia, que nadie quería escuchar hablar de eso. Scaloni había sido parte del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli, además de compañero de Messi y Mascherano en la Selección Argentina que disputó el Mundial de Alemania, en 2006.
Pero Scaloni no tenía credenciales como para tener unanimidad entre el pueblo futbolero o los periodistas especializados. Jamás había dirigido equipo alguno. Es más, llegó a trabajar con Sampaoli después de que su padre hiciera los 13 kilómetros que separan a Pujato de Casilda (ambos pueblos de Santa Fe) y le pidiera trabajo para su hijo. Sampaoli —entonces DT del Sevilla— aceptó y Scaloni empezó a acompañarlo como ayudante de campo. Era todo lo que se conocía del Gringo. El colapso del equipo argentino en Rusia, más la ida de Becaccece (entrenador alterno) y la renuncia de Sampaoli hicieron que Scaloni fuera construyendo su camino. Se fueron todos, él se quedó.
Una historia fantástica
Parece mentira que aquel comienzo en puntas de pie sea el inicio de una historia fantástica, que se construyó desde la más absoluta desconfianza y que termina (o continúa, veremos) con dos Copas América, una Copa del Mundo, una Finalíssima y una final jugada en el Mundial siguiente. Scaloni fue construyendo su poder a partir de donde hay que construirlo: desde los jugadores. Empezó a hacerlo en la Copa América de 2019 y no abandonó jamás esa tarea.
Ahora, en septiembre de 2026, a casi dos meses de concluida la Copa del Mundo y con todo ese poder ya establecido y consumado, Scaloni duda entre seguir en la Selección Argentina y hacer otro gran recambio —ahora sin Messi— o irse y buscar más desafíos para su carrera de entrenador, en cuyo currículum figuran títulos impresionantes, pero un único lugar de trabajo.
En estos días, en cuanto empezaron a surgir las dudas sobre si Scaloni seguirá o no más allá del vencimiento de su contrato actual (31 de diciembre de 2026), la AFA se encargó, a través de sus medios y periodistas afines de dejar claro que “no hay deuda, están negociando y son optimistas”.

Enseguida, se vieron las costuras de la operación en el “optimismo” súbito de algunos periodistas y medios, tuvo que ver con que se corrió el velo de algunas cuestiones que perturban a Scaloni y que lo hacen pensar en dejar el cargo apenas finalice su contrato. Una de ellas, acaso la principal, es el desgaste, tanto en su propia energía como la relación con los jugadores.
Las decisiones en EE.UU.
Durante la Copa del Mundo, Scaloni tomó decisiones que excluyeron a jugadores importantes de partidos decisivos. Por ejemplo, Rodrigo de Paul quedó fuera del once inicial vs. Inglaterra y, pese a que en ese mismo partido entró y tuvo una actuación importante, no quedó conforme. Cree que el DT no confió en él en un encuentro tan trascendente e histórico para la Selección Argentina. Vale decir, que De Paul no hizo un buen Mundial y que su exclusión del partido contra Inglaterra obedeció a su floja tarea en los partidos anteriores.
Algo parecido ocurrió con Paredes en la final. Para el partido contra España, Scaloni decidió confiar, con cierta lógica, en el equipo que terminó jugando contra Inglaterra. Si uno repasa las conferencias de prensa (horribles, llenas de preguntas edulcoradas y enunciados de homenajes que nadie pidió), se va a encontrar con que Scaloni siempre hacía foco en dos ítems. Uno, en que el plantel esté “al 100” y que se recupere y el que no está a pleno, no va a jugar. Otro ítem era el rendimiento futbolístico propiamente dicho. El DT sabía que el equipo no estaba jugando bien, pese a las hazañas, al corazón y a las victorias angustiosas.
El caso de Paredes
Por eso, cuando encontró un poco de juego y fluidez en la circulación de la pelota, repitió esa formación en la final del MetLife Stadium. No dio el resultado esperado y por eso cambió en el segundo tiempo. Pero el capitán de Boca no quedó contento con esto, se fue con cierto resentimiento por la decisión del entrenador y, si bien declaró que “tiene que pensar” si vuelve o no a la Selección, la realidad es que hay diez fechas de suspensión en el medio por el bochorno del final de la final y hay que cumplirlas. Falta mucho para que Paredes vuelva a jugar con la celeste y blanca y hay que ver si vuelve. De Paul y Paredes son importantes en el día a día y los laderos principales de Messi. Ahora el mapa cambió. Messi no va a estar más, Paredes tiene una suspensión larga y De Paul bajó sensiblemente su rendimiento. EL futuro de ambos en el equipo nacional es incierto.

Lautaro Martínez es otro de los jugadores que se fue del Mundial decepcionado y muy molesto con el entrenador. No solo estaba físicamente mejor que Julián Álvarez, sino que había convertido el gol de la histórica victoria sobre Inglaterra. Sabido es que Scaloni, ante igualdad de condiciones físicas, prefiera a Julián por encima de Lautaro, más por características que por rendimiento. El estilo del delantero del Atlético de Madrid le gusta más que el del capitán del Inter. Pero el jueves anterior a la final, Julián Álvarez no estaba bien de su tobillo. Se sumaba a Cuti Romero, Lisandro Martinez y Leandro Paredes, en una lista de jugadores que no hubiesen estado disponibles si la final se jugaba el viernes 17 en lugar del domingo 19 de julio. Por el gol a Inglaterra y esta situación de Julián, Lautaro pensó que iba a ser titular en la final con España. Pero Scaloni no sólo recurrió a un disminuido Julián Álvarez para el arranque, sino que Lautaro no ingresó ni un minuto porque el entrenador se quedó sin cambios, al reemplazar a todos los que no estaban bien y, sin embargo, jugaron como titulares. Lautaro Martinez hizo un posteo en el que dejó traslucir su enojo. Este será uno de los temas importantes que Scaloni deberá resolver si decide continuar. Lautaro Martínez tiene un nivel superlativo en su club y su convocatoria es casi obligatoria.
Hubo cuatro jugadores que estaban en perfectas condiciones físicas y futbolísticas y, salvo el partido contra Jordania (con el equipo ya clasificado y en el contexto de una formación completamente de emergencia), el entrenador no recurrió a ellos jamás. Son Valentín Barco, Exequiel Palacios, Giovanni Lo Celso y Nico Paz. Por supuesto, ninguno lo expresó públicamente, pero se fueron entre molestos y decepcionados. El juego del equipo y, sobre todo, la condición física de varios futbolistas titulares o primeros suplentes pedía a gritos la aparición de jugadores sanos y de bueno nivel. Era el caso de esos cuatro. Scaloni decidió afrontar los partidos con un grupo de 15-16 jugadores.
No hay deudas
Por último, dos temas más. No hay deuda con los jugadores ni con el entrenador, como se dijo en estos días. La FIFA paga los premios por la Copa del Mundo 180 días después de terminado el evento y esto lo sabían todos desde antes de jugar. No hay deudas ni problemas de dinero. Tampoco es un problema que Walter Samuel (segundo entrenador alterno de la Selección) deje su puesto para lanzarse como DT principal. Era algo ya hablado desde antes del Mundial, todos estaban al tanto.
En cambio, Scaloni siempre pretendió —y jamás le hicieron caso— que los rivales de los amistosos fueran de mayor jerarquía. La AFA parece haber priorizado siempre la parte económica de los partidos amistosos. Si el rival es chico, Argentina no reparte cachet o, en su defecto, separa un 5 o 10 por ciento. En el caso de un adversario de jerarquía, los dividendos deberían ser repartidos en partes iguales.
Pero ahora habrá un problema: ¿Quién va a pagar una platea de 200 ó 300 mil pesos para ver un partido contra Burkina Faso (uno de los potenciales rivales en la próxima fecha FIFA) en el que no esté Messi, que era un espectáculo en si mismo y por el que la gente llegó a pagar 800 mil pesos una platea en un lamentable partido contra Mauritania solo para verlo?
Pensarlo un poco mejor
Todo esta erosión de las relaciones en la larga convivencia en Estados Unidos, hizo que Scaloni detuviera el envión que traían las charlas por la renovación desde antes del Mundial para pensarlo un poco mejor. A esto que contamos habría que sumar la idea familiar del entrenador —radicado hace años en Palma de Mallorca— , de no perderse nada del crecimiento de sus hijos ni de abandonar por nada del mundo una cotidianeidad como la de cualquiera. De dejar la Selección Argentina, es probable que se tome un tiempo sabático o que vuelva a dirigir una selección, al menos por ahora, para tener espacios de tiempo prolongados para su vida personal.
Obviamente, hay una mayoría que pretende su continuidad. Hizo un trabajo tan bueno que cuesta imaginarse a otro en ese lugar. Llega un tiempo de amplia renovación, un tiempo de nostalgia sin Messi y que, de no tener a Scaloni, nos generará la incertidumbre de las grandes transformaciones.