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Literatura y pepinos

Lo que logré es un suceso superior y, creo nuevamente sin falsa modestia, inalcanzable para muchos, por no decir para casi nadie.

16-4-2023-Logo Perfil
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¡Llegué! ¡Lo logré! ¡Lo conseguí! Es algo que venía esperando hace años, tal vez desde siempre, un éxito inconmensurable, una alegría interminable. Solo me queda agradecer muy sinceramente y, sin una pizca de falsa modestia, inflar mi pecho de orgullo. Pero, ¿qué pasó? ¿Gané el International Man Booker? En absoluto. ¿Me invitaron a un festival de literatura en una playa paradi-síaca? Tampoco. ¿Pasé a ser el escritor estrella de una de las grandes corporaciones editoriales y del entretenimiento multinacionales? Mucho menos. ¿Vendí miles de ejemplares? Por suerte no. Nada de eso. Lo que logré es un suceso superior y, creo nuevamente sin falsa modestia, inalcanzable para muchos, por no decir para casi nadie.

Espero que en la edición en papel de este prestigiosísimo bisemanario se pueda ver la foto que saqué. Digo “espero” porque soy malísimo sacando fotos y no sé si el equipo de diseño y fotografía de PERFIL habrá podido mandar a publicarla. Entonces, por si no está, y sobre todo para los eventuales lectores que leen la edición digital (donde nunca se publica la foto que ilustra esta columna) paso a contarles qué pasó. El otro día iba yo por la calle Malabia, casi Lerma, cuando en una frutería-verdulería veo colocados unos cajones, hacia la calle, en los que en uno había, melones, en otro pepinos, y el tercero estaba vacío, salvo que, en el fondo, listo para recibir las frutas o verduras (luego me enteré que serían más pepinos) había una hoja de diario. Pero no cualquier hoja, sino… ¡Una de mis columnas en PERFIL! ¡Periodismo cultural, etapa superior del pepino! ¡Por fin, la literatura alcanzó a tener una función social! Se trata de una columna llamada “Preguntas a la historia”, publicada el 26 de noviembre de 2023, sobre un libro de Hofstadter, el historiador norteamericano. Así que, sorprendido gratamente por el reconocimiento verdulero, bajo la euforia de sentirme al fin un escritor consagrado, saqué la susodicha foto, recuerdo imperecedero que espero mis hijos les cuenten a mis futuros nietos.

Y luego me fui silbando bajito, y recordé el poema de Robert Hass, ganador en 2008 del Premio Pulitzer (¡Pero a quién le importa! ¡Yo estoy en una verdulería de la calle Malabia!) llamado “Poema con pepino adentro”: “A veces, desde esta ladera, después de la puesta de sol,/el borde del cielo toma un matiz/del verde más pálido posible, como la carne del pepino/cuando lo pelas con cuidado// En Creta una vez, en verano,/haciendo aún calor a medianoche,/nos sentamos en una taberna junto al agua, viendo las barcas meciéndose a la luz de la luna,/bebiendo vino de resina y comiendo ensaladas/de yogur, eneldo y frescas rodajas de pepino.//Un toque de sal, algo parecido al almidón, algo/como una esencia de hierbas u hojas verdes/en la lengua es la lengua/y el pepino desenvolviéndose el uno hacia el otro. //Puesto que embarazoso es una palabra, /embarazar* debe de haber sido una palabra, /en desuso ahora, e incluso entonces, /a una persona en situación embarazosa/debe haberle parecido algo metódico y bien pensado/ponerse ante un fregadero a cortar un pepino.” Creo que el poema continúa un poco más, pero ya no es necesario, con esto alcanza. Aunque también me acordé de “Dulce como un pepinillo, limpio como un cerdo”, de Carson McCullers, aunque ya me quedé sin espacio. ¡Qué esta alegría dure para siempre!