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Los diez años del papa Bergoglio

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La Statio Orbis, 27 de marzo de 2020. En medio de la pandemia, el Obispo de Roma camina por las calles vacías de una ciudad desolada por el coronavirus. | vaticano

El sábado 11 de marzo comienzan en la Argentina las celebraciones por los diez años del papado de Francisco, el papa Bergoglio como lo llaman los italianos. Los actos centrales serán en la basílica de Luján donde el sábado oficiará una misa el padre Pepe y el domingo el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Monseñor Oscar Ojea. Las celebraciones seguirán toda esa semana hasta el domingo 19 cuando las parroquias, catedrales y santuarios marianos del país celebrarán misas en acción de gracias “convocando al pueblo a renovar el regocijo por el ministerio de Francisco y rezar por su servicio pastoral”.

Monseñor Ojea es la persona con mayor cercanía al entonces cardenal Bergoglio, porque fue su obispo auxiliar y desarrolla en un extenso e inusual reportaje (el primero en su vida en ser filmado) hoy en PERFIL, una pintura de la personalidad y obra del hoy papa Francisco.

Una breve síntesis diría que Jorge Bergoglio es el primer papa jesuita, y el primero proveniente del hemisferio sur. Es el primer Pontífice originario de América, y el primero no europeo desde el sirio Gregorio III, fallecido en el año 741.

El ser elegido le pidió a los obispos argentinos en un video: “recen para que no me la crea”

Es conocido por su humildad, su adhesión a la opción preferencial por los pobres y su compromiso de diálogo con personas de diferentes orígenes y credos. Muestra de su sencillez, eligió residir en la casa de Santa Marta, en lugar de la Residencia Papal, en el Palacio Apostólico Vaticano, usada por sus antecesores desde 1903. Impulsó la reforma de la Curia romana en campos diversos como la economía y las finanzas, la administración, los tribunales eclesiásticos y el derecho canónico, las comunicaciones sociales, la sanidad, el laicado y la familia. Con ello propugnó soluciones en temas complejos que incluyen la transparencia en las finanzas vaticanas, la coherencia entre la misión evangelizadora y la actividad económica, la simplificación de la burocracia, la eficiencia en la comunicación, la nulidad matrimonial, la lucha contra la pedofilia y los abusos, y la protección de menores y migrantes.

Nació en Buenos Aires en 1936, creció en el barrio porteño de Flores, es el mayor de los cinco hijos del matrimonio formado por Mario José Bergoglio, contador público y empleado del ferrocarril, quien nacido en Portacomaro, tuvo que emigrar de Italia debido al avance del fascismo, y Regina María Sívori, ama de casa, nacida en Buenos Aires, hija también de inmigrantes, provenientes del Piamonte y Génova. En 1957 decide convertirse en sacerdote e ingresó al seminario del barrio de Villa Devoto, y al noviciado de la Compañía de Jesús. Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, a los casi 33 años de edad. También un día 13, pero de marzo del 2013, el cónclave que se celebró tras la renuncia de Benedicto XVI, lo eligió como Papa. 

Los padres de Jorge Bergoglio se salvaron de morir al no poder tomar un barco de Italia con destino a Sudamérica que se hundió en el océano, él mismo atravesó una dolencia que podría haber acabado con su vida y fue electo papa cuando justo había enviado su carta pidiendo el retiro. Al poco tiempo de asumir destinó un palacio en el Vaticano para hospedar a los sin techo de las cercanías.

Destinó un palacio del Vaticano para dar hospedaje a los sin techo de las cercanías

Pero monseñor Ojea pinta un papa Francisco que trasciende a la biografía formal, el Bergoglio íntimo y mundano: el que le dice a los obispos  después de haber sido electo Papa: “recen para que no me la crea”.

El mejor ejemplo de grieta que enferma a nuestra sociedad es que hasta el Papa fue incluido en ella siendo un síntoma la presencia de su ausencia, por no haber viajado a su país en toda la década que lleva de Obispo de Roma, un mensaje tan analógico como polisémico que demanda reflexión y posterior unión. 

La foto que ilustra esta columna es de la invocación Statio Orbis, cuando el 27 de marzo de 2020 en el peor momento de la pandemia y desde el desolado atrio de la Basílica Vaticana, el Papa abogó por la curación del mundo: “Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos”.

Que el Papa sea adorado en Italia mientras una parte de la sociedad de su propio país lo mire con desconfianza, por haber sido calificado como “el papa peronista” trasciende el dictado “nadie es profeta en su tierra”, para hablar del grado de la toxicidad con la que la polarización nos atraviesa.

Los actos de celebración de los diez años del papa Francisco pueden ser una nueva oportunidad para comenzar un camino de superación del odio como sentimiento preponderante de nuestra emocionalidad política.