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Los periodistas y las políticas públicas en la crisis

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Gobernar es una jineteada. Los gabinetes de Mauricio Macri, Javier Milei y Alberto Fernández, mientras deciden políticas públicas. | cedoc

En el idioma inglés existe una distinción entre politics y policies. Politics es la disputa por el poder, mientras que policies son las políticas públicas que hace un gobierno para intervenir sobre una situación determinada.

De alguna forma politics es el envase (el poder) y policies es la sustancia (la gestión).

Los dos son importantes, pero el periodismo sobreinterpreta la primera y subinforma sobre la segunda. En especial en países en crisis, eso es una mala praxis. Las expectativas de transformación que provocan las crisis, sus ventanas de oportunidad, se ven con lentes limitados que apenas registran otra lucha por el poder.

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Pero la verdad es que nos atrae más la riña partidaria que la gestión de una política pública, y también es más fácil de cubrir.

EL MODELO SECUENCIAL Y LA PRENSA

En columnas anteriores describimos la relación de la prensa con los legisladores y los jueces. Ahora analizaremos su relación con quienes formulan las políticas públicas desde el Poder Ejecutivo.

Veremos cómo influye la prensa a través del modelo secuencial que usan quienes estudian las políticas públicas. Son cinco etapas.

1. UN PROBLEMA PÚBLICO INGRESA A LA AGENDA DEL GOBIERNO. Sabemos que gobernar es una jineteada, en la que las sorpresas obligan siempre a improvisar. Cuando el problema tiene un contorno ideológico, como ser una política redistributiva, puede generar una conflictividad polarizante y gran resonancia en la prensa. También los periodistas colaboran en el universo cognitivo en el que la sociedad analiza el tema al configurar un arco de voces específicas. Si los principales medios coinciden en impulsar una misma política pública tienen mucha influencia, pero si promueven alternativas distintas lógicamente su influencia es menor. Por supuesto, tienen más tendencia a ser influidos los gobernantes que creen que la prensa es muy influyente.

Para explicar por qué un gobierno decide ocuparse de un problema público, el investigador John Kingdon habla de la teoría de las corrientes múltiples. Se tienen que dar por lo menos dos de estas tres condiciones para que haya una ventana de oportunidad: cierto consenso de que es un problema público, que los expertos vean una solución viable y que existan condiciones políticas para avanzar. Si la prensa enfoca un tema en forma sostenida contribuye a generar un sentido de urgencia que afecta las prioridades del gobierno. Eso funciona como el “empujoncito” (nudge) del que hablan los expertos en administración pública.

2. EL GOBIERNO DISCUTE LAS ALTERNATIVAS. Por ser la etapa más técnica la incidencia periodística suele ser menor. Su impacto puede ser sobre la reputación de los referentes de las distintas alternativas en pugna. Pero las alternativas que recorrieron un camino en los medios pueden haber consolidado su viabilidad. Ya son ideas que tuvieron un aterrizaje que las vuelve probables, y la prensa las disemina y legitima. Líderes expertos pueden haber ya persuadido a líderes de opinión y eso facilita la traducción técnica por lo que la idea circula socialmente. Elmer Schattschneider, en su libro clásico El pueblo semisoberano, sentenció que “la definición de las alternativas es el instrumento supremo del poder”.

3. EL GOBIERNO DECIDE UNA ALTERNATIVA. Puede ser el resultado de una competencia entre coaliciones promotoras, donde se enfrentan sectores internos del gobierno aliados a distintos actores. Cada coalición sostiene una narrativa. Cuanto menos visible es esa política, más viable es la negociación entre los distintos sectores. Y en las coaliciones promotoras -como dice Paul Sabatier- pueden estar integrados periodistas, no como observadores, sino que pueden ser coordinadores estratégicos. Sobre todo los periodistas especializados pueden ser influyentes en esta fase. A través

de los medios, los distintos nodos de esas redes promotoras –funcionarios, universitarios, consultores, sectores interesados, legisladores, activistas– van ajustando sus expectativas y acciones viendo lo que hacen en público las coaliciones opuestas. Este es otro momento donde el periodismo ayuda a la organización colectiva. El investigador Charles Lindblom dice

que ese ajuste mutuo sirve para estabilizar las democracias y evitar crisis mayores. Un periodismo que no funciona como un eficaz escenario público dificulta esos procesos virtuosos de ajuste.

4. EL GOBIERNO EJECUTA LA POLÍTICA PÚBLICA. Esta es la fase operativa. Se ponen en juego las capacidades estatales, como las llama el experto Julian Bertranou. Las políticas públicas suelen avanzar lentamente y la prensa puede tener un alto nivel de veto. Es cuando acciones periodísticas son hechos políticos perturbadores para un gobierno. Una denuncia de corrupción, por ejemplo. A veces, la coalición derrotada es eficaz en filtrar información que frena esa política pública. El riesgo es que los bloqueadores fijen una imagen incompleta de esa política pública, que hiere su eficacia. Todos los días se ve en América Latina que acciones periodísticas se convierten en hechos políticos cuando estallan las denuncias de corrupción. Pero no siempre el periodismo ilumina el contexto complejo de esas denuncias. Hacer el delivery de denuncias de terceros no es lo mismo que el periodismo de investigación.

Los cambios en el equipo de gobierno generan shocks internos en las estructuras estatales. Ahí el periodismo es eficaz en describir cómo ese cambio afectó el rebalanceo de poder, pero no en cómo alteró las políticas públicas.

La lógica periodística, acelerada por las redes sociales, presiona hacia las políticas públicas cortoplacistas. Pero no es culpa de la prensa. La atención humana es un insumo cada vez más precario. Y llamamos ‘atención’ a parar unos segundos antes de seguir a otra cosa. En el entorno digital somos una máquina de interrumpirnos a nosotros mismos. Eso nos sesga hacia lo trivial, que nos consume poca energía y da recompensa inmediata. Lo importante trae beneficios a largo plazo pero nos da fatiga mental. Lo trivial nos descansa, lo importante nos cansa.

5. EVALUACIÓN DE ESA POLÍTICA PÚBLICA. La prensa vigila estando alerta a las señales de los actores interesados. Pero si la política pública tiene baja conflictividad, es difícil que entre en el radar de los periodistas. Cada política pública tiene su propia caja de resonancia, sus diferentes coaliciones promotoras, y entre ellos pueden procesar sus conflictos sin darle visibilidad.

El riesgo desde la prensa es la sobrepolitización, donde se evalúan solamente los efectos políticos. No se resalta la sustancia de la reforma sanitaria, educativa o legal, sino cómo su éxito o fracaso incidirá en el futuro político de alguien. En la mirada sobre un problema público se desacopla el análisis de la política del análisis de la gestión. No importa tanto la policy, importa la politics.