Por fuera de la hojarasca oficial y opositora, y con el inevitable trasfondo mundialista, el escenario político transcurre (una vez despejado el panorama de un trimestre absurda e inútilmente perdido por el caso Adorni) en base a dos elementos concurrentes: 1) la pax económico-financiera anunciada por el ministro Caputo en un informe que augura un panorama sin sobresaltos hasta el 2027 inclusive, y 2) la acelerada marcha hacia una reforma electoral que asegure la reelección del Presidente, y consolide el programa económico iniciado en 2023, ambos favorecidos por los signos económicos tanto locales como del exterior, que muestran un bajo riesgo país inédito desde hace mucho tiempo, inflación en descenso, y una tranquilidad cambiaria que obliga al Gobierno, no ya a contener el valor de la divisa, sino a incrementarlo suavemente para favorecer la actividad económica.
Si bien el intento reeleccionista depende casi excluyentemente de la marcha de la economía, en los grandes centros urbanos y, especialmente, en sus periferias habitan los más afectados por el impacto de las políticas económicas en la industria y en la construcción, y por ende en el salario y el empleo.
No obstante, la consistencia del nuevo rumbo que ha asumido el país se encuentra, al menos afirmado por los estudios de opinión cuyas principales hipótesis prevén un triunfo oficial, a no ser que otro candidato pueda garantizar igual o mejor que él la continuidad de la actual orientación económica, hipótesis de imposible verificación. Los milagros difícilmente se repiten.
La estrategia oficial se manifiesta en varios campos, pero fundamentalmente en dos: la marcha económica y el sistema electoral, cuyos instrumentos son el programa financiero diseñado por el Ministerio de Economía y la ingeniería electoral para captar los votos de fuerzas provinciales, respectivamente.
Es una ley no escrita que cada vez que se acercan las elecciones nacionales los ahorristas e inversores se lanzan a “formar activos externos”, o sea “comprar dólares”.
En ese camino el ministro de Economía presentó un estado tendiente a demostrar que la gestión se encuentra blindada ante el riesgo electoral que plantean las próximas presidenciales, enfatizando su convicción que en el mercado de cambios reinará la serenidad, sólo amenazada por una vuelta de timón, en caso de un cambio de orientación gubernamental.
No obstante, varias luces amarillas se encienden para la conducción política oficial, entre ellas el hecho que la continuidad bélica en Medio Oriente, proyecta para la Argentina consecuencias importantes:
1) la posibilidad de una suba en la tasa de interés, que encarecería el costo de esos dólares que Economía debería ir a buscar al mercado internacional; 2) al elevar el precio de los combustibles en los Estados Unidos, una derrota electoral de los republicanos, pondría en riesgo su actual fuerte apoyo.
A su vez, en el orden doméstico, todavía no está descartado que en el año próximo las elecciones de la provincia de Buenos Aires sean nuevamente desdobladas previas, con un resultado incierto para los intereses libertarios.
En ese escenario, se inscribe el intento oficial de suspensión de las elecciones primarias, por lo menos en su simultaneidad y su obligatoriedad.
Todo este panorama requiere de pericia política, atributo bastante escaso en las huestes oficiales, a excepción de las últimas designaciones en ese campo.
Ante la prácticamente ausencia de rivales de fuste en el campo electoral, el principal enemigo oficial sigue siendo su lamentable vocación de autolesionarse.
Aprender de sus errores.
Esa es la cuestión!
*Economista. Presidente honorario de la Fundación Grameen Argentina.