jueves 06 de octubre de 2022
COLUMNISTAS Defensor de los Lectores

Menos militancia y más respeto por los valores del periodismo

18-09-2022 02:28

Cuánto menos profunda sería la grieta si no la fogonearan, día tras día, a cada hora, periodistas (o, mejor, comunicadores) comprometidos con uno u otro bando, a veces disfrazados con una aparente prescindencia de posturas extremas, pero jugados –sin dudas– en una competencia que no es parte de esta profesión sino de otra, alejada de los principios éticos a lo que estamos obligados quienes elegimos este oficio.

Es que tomar partido activamente, más cerca de la militancia política que del buen camino de la profesión, aleja del periodismo a quienes pretenden ejercerlo. En tal sentido, no hay diferencias entre las distintas maneras de comunicar: gráfica, radio, televisión, portales de internet, redes sociales, sirven de vehículo para transmitir a las audiencias posturas que alejan de la verdad.

Yolanda Ruiz Ceballos, una de las responsables del consultorio ético de la Fundación Gabo, periodista colombiana galardonada, definía en mayo de este año: “El periodismo se debe a la sociedad en su conjunto y no solamente a una parte de ella. En ese sentido, si hay varios candidatos o partidos en una contienda, la ética nos invita a ofrecer a la audiencia información, contexto y análisis sobre las distintas opciones y también una mirada crítica sobre ellas. No podemos olvidar nuestra labor de veedores de todos los poderes. Lo que más sirve a la democracia es el periodismo independiente que trabaja con rigor y con el menor sesgo posible. Casarse con un candidato o partido no es lo recomendable desde el punto de vista ético porque nos saca de nuestra tarea de base, que es informar con rigor, independencia y pluralismo. Adicionalmente, cuando se toma partido y se pasa a la información militante o al activismo, el periodismo deja de ser tal y puede convertirse en propaganda. Eso pone al periodista, o su medio, en una orilla política, lo que de inmediato lo convierte en contendor y sujeto de las batallas propias políticas”.

No es muy diferente su mirada de la que he propuesto desde esta columna en no pocas ocasiones. Y se actualiza día a día porque cada vez más desembozadamente las audiencias son sometidas a afirmaciones que no responden a estos puntos de los que hablaba Ruiz Ceballos. “Se entiende que es imposible despojarse de nuestras ideas o prejuicios –señalaba el mismo artículo–, pero hay que hacer esfuerzos para tomar distancia de las fuentes y los hechos para hacer mejor nuestro trabajo. Todos los medios tienen líneas editoriales que marcan el derrotero de su trabajo, por supuesto, pero el periodismo cruza la línea del activismo o la militancia cuando se considera que no hay otras miradas posibles ni aceptables y empieza a sesgar la información en favor de su candidato o partido. Si la verdad se tergiversa, si se censuran informaciones, si se silencian o agreden candidatos por prejuicio, el buen periodismo pierde el norte y la democracia se debilita”. 

El verdadero capital con el que cuenta el periodista es su nivel de credibilidad. Y creer no es solo una cuestión religiosa sino una respuesta al valor que tienen sus afirmaciones, su caudal informativo y su postura alejada de los factores de poder. Los lectores de PERFIL saben que pueden confiar en quienes aquí escriben, aun los autores de espacios de opinión, porque se respeta la diversidad de posturas, pero no se acompañan –sin aclararlo como concepto editorial– manifestaciones jugadas a favor de uno u otro lado de la grieta. Si fuera distinto, este ombudsman no dudaría en ponerlo de manifiesto.

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