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Crear la realidad

Milei y la relevancia de las palabras

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Gestión. El actual presidente Alberto Fernández perdíó credibilidad. | NA

La palabra presidencial es muy importante: en la medida en que sean creíbles, los presidentes pueden hacer muchas cosas con sus palabras. El actual presidente, Alberto Fernández, perdió esta capacidad con el correr de su gestión. El primer indicio fue el intento fallido de expropiar Vicentin, pero este año lo hemos visto con mayor intensidad: su amague de candidatura a principios del 2023  no produjo la coordinación de casi nadie en su coalición.

La palabra será también muy importante para Javier Milei, sobre todo teniendo en cuenta los escasos recursos con los que cuenta en el Congreso. El presidente electo se propone un reseteo de la economía que requerirá la aprobación de varias leyes –o de unas pocas, pero muy estructurales–, para ser viable. Esto lo saben casi todos los agentes económicos; muchos inversores y empresarios apoyan las reformas promercado, pero dudan acerca de la gobernabilidad de La Libertad Avanza. Por lo tanto, muchos estarán a la expectativa de cómo le vaya al Presidente con sus primeras medidas.

Milei ya está usando su palabra con contundencia; no sólo está moldeando las expectativas para que la ciudadanía sepa que la primera etapa de su gobierno va a ser difícil, sino que también está haciendo promesas como la privatización de Aerolíneas Argentinas y de los medios públicos.

Estas promesas pueden ser más relevantes de lo que parecen, no tanto por su impacto económico, sino por el que pueden tener sobre la eficacia futura de Milei. Si el Presidente logra privatizar estas compañías, empezará a proyectar una imagen de poder. El resto de los actores sociales sabrán que el Presidente va en serio, por lo cual procurarán negociar con él antes de que tome las medidas. De este modo, la proyección de poder de Milei podría equilibrar su falta de diputados, senadores, gobernadores e intendentes.

El poder funciona como una profecía autocumplida: en la medida en que creemos que alguien tiene poder, actuamos como si lo tuviera, y esta acción termina confirmando la creencia. Así ocurría con Cristina Fernández de Kirchner: la eficacia que tuvo para ejecutar algunas decisiones audaces hizo que los actores tomaran sus promesas como hechos, y las amenazas como potenciales hechos que podrían evitar sentándose a negociar.

Siguiendo esta lógica, será crucial observar los primeros meses de gestión del presidente Milei para saber cómo resuelve el problema de la gobernabilidad. Toda medida efectiva, por más que sea simbólica y parezca menor, puede ser fundamental para sentar las bases de viabilidad de su proyecto. Esto no quiere decir que al haber anunciado las privatizaciones Milei tenga necesariamente que privatizar para poder proyectar eficacia. Pero sí significa que tiene que producir cambios significativos en Aerolíneas o en los medios públicos, para justificar que la privatización no haya sido necesaria. En definitiva, esta fue una estrategia muy útil para Donald Trump: anunciar cambios radicales para sentar a las personas en la mesa de negociación y forzarlos a concesiones que de otro modo no hubieran estado dispuestos a ofrecer.

Con sus palabras de esta semana, el nuevo presidente ya está creando la realidad sobre la cual será juzgada su eficacia.

*Profesor de Asuntos Públicos en la Universidad Austral.