COLUMNISTAS
PANORAMA económico

Milei ya tiene sus dos Bauzá

Karina Milei es la celosa custodia de la agenda política del Presidente. Y Nicolás Posse, de la agenda económica.

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Carlos Ruckauf (Exministro Interior Menem) | Pablo Temes -Cosecha 1994-

Carlos Ruckauf, en su actual rol de panelista, suele en estos días recordar una anécdota de los tiempos en que ejercía el rol de ministro de Interior de Carlos Menem compartiendo cartel (y frente interno) con Eduardo Bauzá. A comienzos de gestión del riojano,  cuando ya parecía que la situación económica volvía del desquicio de la segunda hiperinflación y la convertibilidad aplicada por Domingo Cavallo comenzaba a dar sus frutos medidos en estabilidad monetaria; ya se sabía que Carlos Menem en el poder era cosa seria. Eran tiempos en los que muchos políticos de las más diversas raleas se acercaban al poder con el fin de buscar calor político; y, por qué no, algo de fondos frescos que ya para inicios de 1991 comenzaban a aparecer. Bauzá, en ese entonces secretario general de la Presidencia y uno de los pocos con llegada consejera directa ante Carlos Menem; tenía la misión de aplicar un embudo en las relaciones políticas y económicas que buscaban acercarse al jefe de Estado; con una agenda que comenzaba casi a la madrugada y culminaba más allá de las 22. Los siete días de la semana. Abría y cerraba la Casa de Gobierno. Y manejaba la agenda del presidente. En una oportunidad Ruckauf, que lo había sucedido en el Ministerio de Interior, consultaba sobre el criterio de selección de audiencias, y Bauzá contestó que lo más difícil era “eyectar chupamedias”. “¿Cómo hacés?”, consultó el futuro gobernador bonaerense. “Simple”, contestó el mendocino, “tiro café al piso, el que me dice que las manchas son un Picasso, ese queda descartado”.

La anécdota vale al momento de verificar el rol que dentro del cerradísimo esquema de poder que acompaña a Javier Milei vienen mostrando dos personajes puntuales, que parecen ejercer el rol que Bauzá tenía con Menem. La primera de esas personas es, obviamente, su hermana Karina, a quien todos señalan como la dueña de la llave de las puertas más íntimas e importantes del despacho presidencial que aún funciona en la Casa Rosada. Es también la encargada de las misiones difíciles, tanto como verificar la marcha de las obras en la quinta de Olivos cómo aplicar las traiciones a los primeros acompañantes del libertario que estuvieron en la llegada al poder pero hoy miran ñata contra el vidrio cómo el Presidente se regodea con nuevos colaboradores. Lo notable es el otro funcionario que demostró en la primera semana de gestión ejercer un poder en un escalón inmediatamente inferior al de “La Jefa”. Se trata de Nicolás Posse; quien ocupa el cargo de jefe de Gabinete, pero demostró que maneja la agenda económica del Presidente.

De hecho, se vivió en la práctica esta semana, Posse es a quien el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, debe darle exhaustivas y complejas explicaciones diarias. Y, lo más importante, mostrar resultados. No sólo el ministro de Economía. También el resto del gabinete tiene que responder al hombre que está con Milei desde que su candidatura comenzó a tomar vuelo; y el que, quizá, antes que nadie sabía cuál sería su rol dentro de la estructura de poder del libertario, en el caso de que este llegara a la Presidencia. De hecho, su misión de coordinador en aquellos tiempos inmediatamente anteriores a las PASO de agosto pasado consistía en trabajar en un equipo que integraban, entre otros, Carolina Píparo, Darío Epstein, Emilio Ocampos, Ramiro Marra, Roque Fernández, Carlos Rodríguez,  Carlos Kikuchi y Fernando Cerimedo, entre otros. Todos quedaron fuera del gabinete final y, en consecuencia, del poder. Salvo Karina Milei. Y Posse. Ambos se dividieron las responsabilidades en la primera semana de gestión, quedando bien claro para el resto de los funcionarios de toda línea (aun los de responsabilidades importantes) sobre qué sectores influye directamente cada uno. A “el Jefe” le corresponde cuidar las espaldas políticas. A Posse, las económicas. Salvo todo lo que tiene que ver con la agenda del Palacio de Hacienda, donde el único jefe plenipotenciario es el mismísimo Milei. Lo sabe perfectamente Luis “Toto” Caputo, quien el martes (día del lanzamiento oficial de la primera parte de la creación fiscal del Presidente) vivió presión máxima en su nuca como quiere el libertario máximo que se hagan las cosas. No siempre un ministro debe grabar tres veces el mismo mensaje. Fuera del Palacio de Hacienda, el que manda en economía real es Posse. Así quedó claro esta semana cuando circularon por su despacho y WhatsApp  hombres y mujeres de Infraestructura, AFIP, Anses, etc.; sino todo lo referente a la relación con empresarios, dirigentes de cámaras sectoriales e incluso la relación con algún que otro aportante de campaña que reclama por sus derechos. Hoy amenazados. Hay algo que el propio Milei reconoce en Posse: sabe mucho de economía, partiendo de la misma matriz ideológica que el Presidente, pero con el instinto del orden; algo de lo que el jefe de Estado, a veces, adolece. Es un administrador. Un gran coordinador de tareas ajenas con don de mando. Un hombre que sabe coordinar las tareas de otras personas por debajo suyo, y evaluar rendimientos. Es lo que hizo toda su vida, y que ahora despliega con aparente don natural. Lo había demostrado en campaña. Y ahora lo trasladó al poder real.

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Posse realiza su tarea en silencio, con un aparente talento natural para distinguir manchas de Picassos, al mejor estilo Bauzá y ganado en sus tiempos en los que realizaba tareas similares para Eduardo Eurnekian en la Corporación América, donde conoció a Milei.