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COLUMNISTAS / PANORAMA / REDES Y VOTOS
sábado 8 diciembre, 2018

Miserias de la tecnopolítica

Los expertos en Big Data, con su minuto a minuto aplicado a la lucha por el poder, prometen ser la clave del éxito en 2019.

por Carlos De Angelis

LOW BATTERY, RESTART!! Mauricio Macri Foto: DIBUJO: PABLO TEMES

Todo pasa por las redes. Es el nuevo mantra de la política. Se supone que la llave del éxito para las elecciones presidenciales de 2019 será tener buenos expertos en Big Data, lectores de grafos de redes y microsegmentar el mensaje. Es el minuto a minuto del rating aplicado al terreno de la lucha por el poder. Lanzar alguna frase o eslogan y ver cómo repercute, cuántos likes, cuántos reenvíos. Para esta temporada primavera-verano la estrella es el WhatsApp.

Triunfo del algoritmo. Es cierto que con la masificación de internet hasta fines de los años 90 parecía extenderse la promesa de la ciberdemocracia, la horizontalidad total; ahora todos podían participar. En cambio, veinte años después el territorio virtual se ha ido transformando en uno cada vez más cerrado y opresivo. Basta con poner en Google “distancia a Córdoba” para pasar a recibir por todos los dispositivos asociados publicidades y ofertas vinculadas al objeto de la búsqueda. Esta información conectada a los demás datos que se van dejando en la web, intereses, visitas recientes, compras, fotografías, etc., permite al algoritmo realizar las asociaciones pertinentes para hacerse una idea muy acabada del tipo de usuario que está haciendo la indagación. Algo similar pasaba en la película de no tan lejana distopía Minority Report cuando el protagonista entraba a un centro de compras y tras una lectura de retina que realizaba el sistema de inteligencia artificial, pasaba a ofrecerle la publicidad adecuada al perfil del cliente.

Basta con poner en Google “distancia a Córdoba” para pasar a recibir por todos los dispositivos asociados publicidades y ofertas vinculadas al objeto de la búsqueda

Como un excurso se puede recordar que la trama de esa película se basa en la idea de que se podía predecir la existencia de un delito (con la ayuda de una médium) y detener en forma preventiva al futuro criminal antes de la comisión del delito. La construcción de una sociedad sin criminalidad es un deseo del poscapitalismo que busca excluir u ocultar “indeseables”. No es novedad, el fundador de la Escuela de Criminología Positiva Césare Lombroso planteaba a principios del siglo XX el poder de predicción de la observación de la anatomía humana asociando la forma del cráneo –vinculada al desarrollo del cerebelo– con la probabilidad de ser delincuente. Curiosamente, si se revisa la polémica obra de Lombroso, especialmente su libro El delito. Sus causas y remedios, se puede observar cómo muchos de sus planteos se asentaron en el sentido común que cada tanto es retomado por algunos políticos, por lo menos en su concepción general.  

Cada día es más claro que el uso sistemático de la tecnología está modificando al propio ser humano

Son evidentes las capacidades omnipresentes de los sistemas concatenados en la web, de las cuales las redes sociales son un aspecto. Cada día más personas experimentan la situación de ser vigiladas por Google, primero con estupor, o sorpresa, para luego naturalizarlo y pensar que “ahora las cosas son así”, aprovechando sus oportunas aplicaciones. También cada día es más claro que el uso sistemático de la tecnología está modificando al propio ser humano. Investigadores en el mundo analizan los cambios en las funciones cognitivas luego del uso sistemático de los teléfonos celulares. La pérdida de prácticas extendidas hasta hace pocos años atrás, como recordar números telefónicos o guiarse en las calles de las ciudades, está modificando funciones del cerebro humano.

El largo adiós al pueblo. No pocos creen y sostienen que ya no es posible ganar las elecciones sin un uso intensivo de las redes sociales. La cosa arranca con Obama, pero se refuerza con el triunfo de Macri en 2015 y se reactualiza con la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil en 2018 con la masiva difusión de videos breves por WhatsApp, pero también por Facebook e Instagram. Es obvio que la posibilidad de llegar con mensajes específicos a targets determinados mediante el teléfono celular tiene una potencia enorme que ya la han perdido –parciamente– la radio y la televisión. El smartphone tiene una cualidad que no tienen otros medios, que es la generación de un “efecto de intimidad”. Quien recibe un mensaje en el celular tiene la percepción de estar solo frente a su pantalla, aunque sea parte de una campaña de millones. Esta relación hace que sea el medio óptimo para la generación de mensajes y discursos de odio.

Causalidades. Ahora la cuestión central es la causalidad, si se cree que Macri o Bolsonaro ganaron “por” el uso de las redes sociales. Es la tesis central de que la tecnología y el mensaje asociado reemplazan a la política, a la historia y a la movilización de las ideas y las personas. Al final del viaje se trata de tener buenos publicistas y expertos en generación de redes en la computadora. No se percibe la presencia de un hábitus propicio a la recepción de esos mensajes. En la tesis de la tecnopolítica se sostiene implícitamente la ausencia de la subjetividad de los receptores de los mensajes, y se niega la intersubjetividad de los pequeños grupos. Hay en esa forma de pensar y proceder un regreso a la teoría de la “aguja hipodérmica” de las primeras décadas del siglo XX. Era la época de la radio, cuando se extendía la idea de que los mensajes entraban con la precisión de una inyección. Luego fue el turno de la televisión, desde donde surgió el concepto de Homo videns creado por Giovanni Sartori, quien decía por ejemplo que “la televisión condiciona fuertemente el proceso electoral, ya sea en la elección de los candidatos, bien en su modo de plantear la batalla electoral, la televisión condiciona, o puede condicionar, fuertemente el gobierno, es decir, las decisiones del gobierno”. ¿Se puede cambiar la palabra televisión por redes sociales?

En la tesis de la tecnopolítica se sostiene implícitamente la ausencia de la subjetividad de los receptores de los mensajes, y se niega la intersubjetividad de los pequeños grupos

Se dice que los generales se preparan para ganar las batallas que perdieron. En ese sentido la demanda de una buena parte de la sociedad parece estar más puesta en la necesidad de ser escuchada que de escuchar o ver. Si bien, como se observa en todas las encuestas, Mauricio Macri y Cristina Kirchner se han estacionado en un empate de un 30% cada uno, el 40% restante hoy ha cerrado sus oídos (y sus ojos) a ciertos discursos que se observan como repetitivos y lejanos a sus necesidades y problemas cotidianos.  

Ante la ausencia de nuevas ideas, la tecnopolítica se ofrece como una variante de la neuropolítica

Para este gran grupo la oferta electoral se detuvo allí y no perciben otras alternativas. Ante la ausencia de nuevas ideas, la tecnopolítica se ofrece como una variante de la neuropolítica, buscando convencer a los indecisos mediante la ayuda de grupos de referencia virtuales. El problema, quizás, es que caracterizar a estas personas como indecisas sea equivocado y potencialmente peligroso para el sistema democrático en el momento que sus búsquedas comiencen a transitar por otros lugares.

*Sociólogo /@cfdeangelis

 


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