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COLUMNISTAS / FUTBOL Y POLITICA: NO LO QUIEREN, PERO SAMPAOLI SE SIENTA SOBRE EL CONTRATO
sábado 7 julio, 2018

No escucha y sigue

Nadie lo imaginó nunca en ese lugar, pero el tipo llegó y cumplió su sueño. Logró el lugar que siempre quiso. Los que ya lo conocían lo miraron de costado y le desearon lo peor.

por Hugo Asch

Saint Paoli. Borghi dice que tiene un don: aparece cuando sus colegas tambalean. Foto: AFP

“Durante mucho tiempo no dije lo que creía, ni creo lo que digo, y si alguna vez, por casualidad, digo la verdad, la oculto entre tanta mentira que resulta difícil de hallar.”

Nicolás Maquiavelo (1469-1527); párrafo de su carta a Francesco Guicciardini (15 de mayo de 1521).

 

Nadie lo imaginó nunca en ese lugar, pero el tipo llegó y cumplió su sueño. Logró el lugar que siempre quiso. Los que ya lo conocían lo miraron de costado y le desearon lo peor. Otros, se ilusionaron con lo que prometía. Un estilo nuevo, otra estética, eficiencia, modernidad, trabajo en equipo. Fue puro blablablá.

El elegido tomó un camino sinuoso que se devoró el alma de su propia gente, frustrada cada vez que modificaba el tablero en busca de otra meta inalcanzable. Sus visitas a Europa no trajeron ningún beneficio. Sonrió, pero no sedujo a nadie. Su plan fracasó. Su credibilidad se desplomó. Un día, todos nos enteramos de que su gestión sería, en realidad, la de otra figura con más brillo global y poder. Se entregó.

Este año se desató el caos. Los países que juegan en la elite no daban crédito: Argentina aceleraba rumbo al abismo, como el Cadillac en la escena final de Thelma & Louise. Más allá de sus méritos anteriores, si los tuvo, hizo todo mal.

No le importa que lo vean como a un cadáver político. Viejos enemigos, ex fieles y nuevos desencantados no lo toleran y le piden un gesto. No le perdonan tanta mentira dicha sin que se le moviera un solo músculo. Es un deseo complejo. Porque hay leyes escritas y muchos intereses en juego. En este país nadie resigna nada.

Saint Paoli, otra cara en el espejo, pretende ser feliz. Eso les confesó a los suyos, cuentan. No está nada mal, después de un año en la cuerda floja, chocando calesitas. Lo que sí sabe y siente es que nadie lo quiere. Está solo.

Su ayudante Beccacece y su troupe (la estructura armada por Saint Paoli tiene más ministros que su colega, the president Maurice McCree) rescindieron rápido porque tienen trabajo seguro en Defensa y Bragarnik. No hubo abrazos en la despedida.

Angel Easy eligió a Saint Paoli cuando nadie quería agarrar el fierro caliente de la Selección, con Bauza con el agua al cuello, sin resultados positivos. Claudio Borghi siempre cuenta que el calvo de Casilda tiene un don especial para aparecer cuando sus colegas tambalean.

Desde Moscú, recordó que eso hizo cuando él todavía dirigía la selección chilena, conspirando con la dirigencia. No tardó en reemplazarlo. Cumplió en el Mundial, ganó la Copa América, pero cuando recibió una oferta de Sevilla, bramó: “No quiero vivir ni trabajar más en Chile y no me dejan ir, me siento un rehén”.

El tema era la cláusula de rescisión, que superaba los 6 millones de dólares. Negoció, consiguió una rebaja que pagó el Sevilla y huyó. Allá arrancó con elogios, pero la cosa empeoró hacia el fin de la temporada, cuando se obsesionó con ocupar el puesto de Bauza.

Alguna vez Angel Easy pensó en él para Boca. Por eso lo fue a buscar, junto al bueno de Chiqui Wall de Moyano, todavía deslumbrado por las luces del centro. Hubo de indemnizar al Sevilla, que aceptó la situación con alegría. Saint Paoli, agrandado, le pidió a la AFA el oro y el moro. Se lo dieron.

Nadie, excepto él, se desvivía por sentarse en esa silla eléctrica. Por eso consiguió un contrato millonario, con una duración insólita: un año hasta el Mundial de Rusia y cuatro más para llegar a Qatar 2022, además de todo el manejo de las categorías juveniles. Chiqui, emocionado, dijo: “¡Trajimos al mejor técnico del mundo!”. Tal vez por consejo de su Supersuegro, evitó mencionar los últimos cincuenta años. Menos mal.

De regreso a Buenos Aires luego del papelón, sus colegas en la AFA lo recibieron con un aplauso cerrado. Parecía un chiste, o una ironía, como ese avión con el logo de los Rolling Stones. Pero no. Ellos cerraban filas para resistir un posible golpe. Sucede que Chiqui, con buena llegada a la FIFA, puede decidir sobre contratos televisivos que pretenden varios medios, y no comulga con el viejo sueño de the president McCree: las SAD, los clubes privatizados. Por algo esta Selección fue tan “operada”, antes y durante el Mundial. De Arribas abajo.

El dúo Angel Easy-Chiqui, más distantes desde que el Gobierno y don Hugo iniciaron hostilidades, busca dos cosas: a) que Saint Paoli se vaya; b) que no cobre un peso, porque no hay más plata.

Saint Paoli, que no lee libros pero se emociona con las letras del rock chabón, seguirá la línea de Callejeros: “No escucho y sigo”. Se le nota. En Ezeiza, con buzo oficial, hasta se ofreció para dirigir la Sub 20. Se sentó sobre su mullido contrato y negociará. Quiere su pedazo.

El martes, Chiqui le dirá que lo mejor será irse silbando bajito. Si se queda, perderá todo apoyo, económico y de infraestructura. Nada de viajes ni de tecnología. Ambos saben que, finalizada la Copa América 2019, el despido se reducirá, de ocho millones a uno y medio. Pero la relación costo-beneficio será muy negativa. Semejante operativo desgaste será un boomerang contra la propia gestión. Perderían todos. También Angel Easy, que sigue de viaje. Nadie parece dispuesto a inmolarse por la causa.

Por eso, otra gente poderosa piensa en soluciones más drásticas, más allá de filtrar los gastos deluxe de Saint Paoli. En la jerga se llama “carpetazo”, y en los thrillers, chantaje. Resucitar el supuesto affaire con la cocinera, colar una foto, un audio, o que alguien lo acuse de algo feo.

Suena espantoso, lo sé. ¿Solo por dinero, por retener el poder o para conseguir un buen chivo expiatorio se pondría en marcha una campaña sucia? ¿Pasan esas cosas acá? Sí, claro. Y no sería la primera vez, compatriotas.

Esto es la Argentina de hoy, donde todo es posible. Lo bueno (cada vez menos) y la peor pesadilla, otra vez. Con ese tenebroso coral renacentista a lo Gesualdo que suena por nosotros, ay, y por todos los males de este mundo.


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