viernes 20 de mayo de 2022
COLUMNISTAS confrontación y temor
13-08-2021 23:55

Nuevas cepas de la grieta

13-08-2021 23:55

Divide et impera” es la frase atribuida a Julio César en la batalla contra los galos, cuando su deseo era que estos se pelearan entre sí. Napoléon también la usó, cuando proclamó: “Divide y vencerás” y fue emperador.

Es decir que la idea divisionista para vencer al enemigo es muy antigua y constituye una estrategia. Se basa en la convicción de un poder central que crea disenso, disputas y controversias entre las facciones adversas, debilitándolas y obteniendo así el dominio total. 
Por eso vemos tantas sociedades fragmentadas, dicotomías y fracturas provocadas por discrepancias ideológicas, raciales, religiosas y, por supuesto, deportivas. Esas divisiones suelen ser fomentadas para sacar un beneficio. La Argentina ha sido desde hace mucho –para no decir desde siempre– una nación polarizada.

A la tradicional antinomia del siglo XX peronismo/antiperonismo se agregaron kirchnerismo/antikirchnerismo, los K/los anti K, peronismo/cristinismo, kirchnerismo/macrismo. También hubo –y hay– una grieta perenne: campo/ciudad. 

El derrumbe económico y el 50% de pobreza hizo renacer otro viejo resentimiento, Provincia vs. Capital, y aflorar el odio a los que viajan a Miami, a los varados, etc.

Con los temas de género y la violencia contra la mujer se acentuó la oposición feminismo/machismo, como también la dicotomía ante la adopción de un lenguaje inclusivo: en pro o en contra (del aprobado por la Real Academia). Así, comenzamos a oír en los medios, y sobre todo en boca de políticos “progres” y simpatizantes del oficialismo, palabras como joven/jóvena, barbijo/barbija, equipo/equipa o el uso de la “e” para no definir el sexo: amigues, compañeres, todes, etc.
Pero he aquí que, con la irrupción del covid-19 y todas sus consecuencias, la grieta crece. Más allá de la enfermedad, que es nueva, desconocida y tremendamente contagiosa, un miedo larval toma impulso, afectando la psiquis de la gente, y junto a ello se entromete un paulatino avasallamiento de las libertades. Con lo cual las divisiones comienzan a notarse cada vez más: provacunas/antivacunas; vacunas obligatorias/optativas; negacionistas o “conspiranoicos” vs. fóbicos al contagio; probarbijos/antibarbijos; procuarentena/anticuarentena y ahora procombinación de vacunas/antimezcla”.

El derrumbe económico y el 50% de pobreza hizo renacer otro viejo resentimiento, Provincia vs. Capital, y aflorar el odio a los que viajan a Miami, a los varados, etc. En cuanto a estos tiempos electorales, las disputas están entre los contrincantes. El oficialismo está superdividido… y la oposición también.

Me llama la atención que en un loable esfuerzo por eliminar la discriminación en muchas de sus formas actualmente se hagan discriminaciones mayúsculas con esta proliferación de grietas que acabo de señalar. 

¿Qué es una grieta social? Una guerra. Una generadora de fanatismos. Fanatismo = sectarismo = intolerancia = ceguera = discriminación = maniqueísmo. ¿Qué hacen esas grietas sino confrontar, descalificar, sembrar odio e irracionalidad? Son la base de males gravísimos, ya que producen contiendas entre hermanos, amigos, rupturas impensadas. “Los buenos y los malos”. No hay grises. Implantan, además, una incertidumbre y una confusión que crean caos en lo personal y lo social. 

Es cierto que con la confrontación y el temor siempre se manipuló mejor a las masas. “La enemistad es una ira que busca vengarse”, decía Cicerón. Y entre nosotros ¿adónde nos llevará la venganza? ¿A que las grietas se conviertan en zanjas?

¿Estaremos a tiempo para –protocolos mediante– volver a abrazar en vez de apartar? ¿Y a recordar a aquel otro romano que dijo “la unión hace la fuerza”?

 

*Escritora.