jueves 11 de agosto de 2022
COLUMNISTAS clásicos

Pacto con el superyó

22-07-2022 23:59

Ya pasaron cuatro años, se viene un nuevo Mundial. Un grito de entusiasmo universal. Se reanuda, por ende, el debate de cada edición en los ámbitos escolares: ¿qué hacer con la superposición horaria de clases y partidos? ¿Cómo conciliar el fervor general por la Selección Nacional Argentina con los objetivos a alcanzar en las diferentes materias según las respectivas planificaciones? ¿Cómo integrar lo que en la cancha vayan a hacer Messi, Di María, Otamendi o el Dibu Martínez con los contenidos curriculares de historia, geografía, matemática o literatura?

Tal vez se puedan establecer conexiones pertinentes, no digo que no. Me pregunto, sin embargo, si no es preferible en cualquier caso inclinarse por esta opción: que las clases se dicten con total normalidad, en los días y los horarios previstos. ¿Pero qué pasaría, en ese caso, con los que quieran ver los partidos? Los que quieran ver los partidos tendrán que faltar a clase. Y habiendo faltado, deberán ocuparse luego de averiguar qué es lo que se dio para poder ponerse al día. ¿Y qué pasaría si faltaran todos? (no solo todos los estudiantes, sino también los docentes, las autoridades, el personal administrativo, el personal de maestranza). Si eso pasara, entonces no habría clases. Y habría que programar, en consecuencia, los correspondientes recuperatorios para dar lo que no se dio.

Es mejor asumir que hay cosas que hacemos por puro gusto, sin provecho ni rendimiento

Y así los partidos del Mundial dejarían otra enseñanza posible, que es que a veces perdemos el tiempo. Que es mejor asumir que hay cosas que hacemos por puro gusto, sin provecho ni rendimiento; que hay tiempos sin para qué, que hay tiempos del porque sí. Y que es mejor asumirlos así, como los tiempos malgastados que son, en vez de forzar improbables utilidades. No es cierta la frase hecha, la que dice que el tiempo perdido no se recupera jamás. ¡Claro que se recupera! Es cuestión de ocuparse de reponer lo que quedó postergado. ¿De qué manera? Pregunten a los hinchas de fútbol, que lidian con estas cuestiones todo el tiempo, y no solo cada cuatro años. Por lo pronto a los de Newell’s y Central, cuyo clásico (para ellos más importante que cualquier partido de cualquier Mundial) se jugó el jueves pasado, nada menos que a las cuatro de la tarde.