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Defensor de los Lectores

Periodistas o voceros del presidente electo

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Dilema. La estrecha relación con el poder contamina este oficio. | shutterstock

En una semana, los argentinos tendremos nuevo presidente. Un cambio que parece encaminarse hacia rumbos aún inciertos, en los que–por lo visto hasta hoy– parece imponerse la improvisación, o al menos la ausencia de definiciones absolutas sobre los principales temas que dominan la discusión polítca, económica y social.

En este marco, el rol que nos cabe a los periodistas y a los medios de comunicación es el mismo que cumplimos desde siempre: mantener una mirada analítica sobre lo que sucede y rechazar la idea de que este oficio puede ser compatible con la mera contemplación o –peor– complicidad con el poder.

Desde que el almanaque electoral fue abierto este año, ciertos periodistas y ciertos medios de comunicación se han embarcado en una tarea clara de mimetización con los otrora candidatos y ahora gobierno electo. Identificación que el señor Javier Milei aprovecha al máximo para transmitir, por esos medios afines a sus ideas y planes, cada paso que da. No es casualidad que elija para su comunicación a esos medios y periodistas (además de las redes sociales, que mantiene bien aceitadas por medio de especialistas en el tema, duchos en instalar noticias verdaderas o falsas, según convenga). El presidente electo habla cada vez menos con el periodismo en general y cada vez más con sus voceros no designados, pero en funciones.

Es conveniente que los lectores de este diario, cuya defensa pretendo ejercer, tengan claro cuáles son los mensajes y quiénes los difunden. No hay una inocente actitud de parte de los periodistas afines, como no la hay en el puñado de los profesionales de este oficio que caminan por la vereda opuesta y no ponen freno a definiciones cargadas de palabras gruesas. 

Algunos lectores han manifestado comentarios sobre las posturas de periodistas de este diario, incluyendo su editorialista principal. Sin embargo, aceptan que el medio, institucionalmente, y sus integrantes puedan volcar sus opiniones abiertamente y expresar su respaldo o rechazo a unos y otros líderes políticos. Una cosa es confesar sus preferencias abiertamente para que los lectores sientan que son respetados y muy otra es convertirse en amplificadores de noticias direccionadas en uno u otro sentido. 

En una conferencia realizada en 1996 por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, el recordado periodista José María Pasquini Durán (fallecido en 2010), decía: “La relación entre el periodismo y el poder, a mi juicio, es tan compleja como una relación incestuosa, porque es una relación llena de contradicciones, culpas, asociaciones, alianzas, complicidades, etc., que tienen espacio –sobre todo– en el nivel de lo que yo llamo el ‘poder de los factores de poder’, incluido el gobierno de turno y el periodismo propietario, es decir, el periodismo editor que no debemos confundir con el periodismo del periodista. Existe entonces una maraña de intereses económicos que sustenta esa relación, más allá de lo que las circunstancias o la coyuntura indiquen”.

Otro de los disertantes en ese encuentro, Enrique Vázquez, señalaba: “Los medios de comunicación son los únicos que pueden generar corrientes de opinión pública, mientras antes –hace setenta u ochenta años– esa era una facultad de los líderes políticos y religiosos, o de los maestros y educadores. En la actualidad, ese es un atributo exclusivo de los medios de comunicación, ya que son los únicos que pueden tematizar una sociedad. Por eso, debemos subrayar algo ya dicho: los medios no siempre tienen éxito en inducir a la gente acerca de cómo tiene que pensar, pero siempre tienen éxito diciéndole sobre qué tiene que pensar”. No existían, por entonces, las influyentes redes sociales de hoy.