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veranos

Perros del río

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Perros. | Unsplash | Camilo Fierro

Nacieron en lo profundo. Entre la yerbabuena y los juncos. Son perros del río. Allí remojan sus vidas. Libres como los pájaros, pero asentados en tierra móvil. Son los perros del Tigre, que andan sueltos conociéndose entre sí, lidiando con algún carpincho por las noches o corriendo pavitas del monte que chillan despavoridas, temerosas y burlonas. A uno lo llaman Rocco, robusto, color café, ojos serenos y una pata blanca que se apoya amiga. Merodeaba el arroyo Albarracín, hasta que se quedó en el Espera, reuniendo todas las condiciones de los que no esperan nada. Es sorprendente su porte amable, casi añorante. Reina en la isla, sin otro poder que la bonhomía. Y en este verano de poco margen, porque es un año de bolsillos agujereados como diría Rimbaud, Rocco se convierte en perro ejemplar, estoico, estar le alcanza si acompaña, si acompañado. Se arrima mayormente a los andariegos, protegiendo a los libres, como si los reconociera. Suele andar con Brahma, hembra caramelo que espera la llegada de Quijote –galgo gallardo–, para  iniciar sus corridas en el agua. El chapoteo alegra los humedales, tan necesitado de animales. Y ahí  viene la Negra, que cruza el río nadando –porque en el Delta no hay destino ni barreras. Regresa con algún hueso en la boca, sube por cualquier muelle vecino, porque aquí la vecindad es cercanía, y no diferencia. 

A uno lo llaman Rocco, robusto, color café, ojos serenos y una pata blanca

Los perros del río marcan la cancha de la vida. Deambulan como los humanos deberían, desplazándose libremente, amansados por el benéfico entorno. En cambio, cada vez más plazas tras las rejas, más barrios cerrados, delimitaciones excluyentes.

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Aunque se hable de islas, en el Delta se puede estar menos aislado que en las grandes ciudades, las islas flotan entre puentes, las viviendas sin divisiones tajantes; una hilera de casuarinas, alguna ligustrina alcanzan para marcar el terreno sin expulsar a nadie, dejándose ver sin temor a ser visto. Lo humano fluye distinto entre las islas del Delta. Más laxo, ininterrumpido, con los aromas entrelazados: el río marrón, el musgo, los jazmines. 

Según Pessoa (nuevamente), “la especie animal humana no es más digna de adoración que cualquier especie animal”. 

En esta ocasión fueron los perros del Tigre.