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Piedra libre

Leopoldo Torre Nilsson estrenó Piedra libre, su última película, basada a un cuento de su esposa y escritora preferida, Beatriz Guido, una noche particularmente negra. Fue el 16 de septiembre de 1976, mientras 10 estudiantes secundarios eran secuestrados en La Plata. Seis de ellos siguen desaparecidos. Uno de los sobrevivientes, Pablo Díaz, hoy es funcionario K.

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“Juntos inventamos situaciones, diálogos y personajes, y llega el momento en que ya no nos acordamos muy bien de a quién pertenece tal situación o tal diálogo. El universo de ella se ha incorporado al mío de una forma completamente natural y continua, completando mi obra anterior.”
(Leopoldo Torre Nilsson,
sobre su relación creativa
con Beatriz Guido.)

Leopoldo Torre Nilsson estrenó Piedra libre, su última película, basada a un cuento de su esposa y escritora preferida, Beatriz Guido, una noche particularmente negra.
Fue el 16 de septiembre de 1976, mientras 10 estudiantes secundarios eran secuestrados en La Plata. Seis de ellos siguen desaparecidos. Uno de los sobrevivientes, Pablo Díaz, hoy es funcionario K.
Pocos olvidan la llamada Noche de los Lápices.
Nadie se acuerda del estreno de Piedra libre, que pudo llegar al cine tras largas prohibiciones impuestas por la dictadura.
Hubo una gran ausente en la première. La protagonista, Marilina Ross, se había exiliado en España meses antes.
Torre Nilsson se quejaría de tan amargas circunstancias: “Pocos descubrieron una cierta sátira o la reflexión que intenté sobre antinomias argentinas que siguen doliendo”.
Piedra libre (en el libro y en la película) es el descubrimiento de dos antinomias, una bien argentina y otra clásica, universal:
* Desde el punto de vista temporal, la historia transcurre en medio de las encarnizadas divisiones entre unitarios y federales, que aún permanecen vivas (y doliendo) tanto en las disputas económicas entre el campo y la ciudad como en las rencillas políticas entre el peronismo y el antiperonismo.
* Desde lo emotivo, el vehículo del relato consiste en las enormes distancias entre un mundo masculino y otro femenino, cuyas superposiciones siempre resultarán, al menos, polémicas. El polo de las mujeres es refinado, pretenciosa y pretendidamente dulce. El de los hombres, no. Y hay mujeres que saltan el cerco...
La Era K, coprotagonizada por Néstor y Cristina, bien podría haber sido escrita por Beatriz Guido y filmada por Torre Nilsson, sin que, al final de la función, el espectador pudiera discernir cuáles fueron las ideas narrativas de ella ni los aportes escenográficos de él, o viceversa. Una historia intrincada, llena de conflictos principales y subalternos, con destellos épicos, eróticos y nostálgicos y, por momentos, regada de excesivas intelectualizaciones “setentistas”.
El Capítulo Cristina cumple hoy 40 días, un tercio de los cuales transcurrió entre los jardines de Olivos y el entorno sublime de El Calafate. Es decir, de vacaciones.
El ritmo cambió en la Casa Rosada. La hiperquinesis se trasladó, ahora, a las nuevas oficinas montadas por el ex en Puerto Madero. Ella en el Gobierno. El en el poder.
Pero la disyuntiva civilización-barbarie sigue yendo y viniendo en el relato oficial, aunque a la inversa que en los 90. A veces está omnipresente. Ineludible. Terminal. Otras, apenas sugerida como telón de fondo. Como circunstancia histórica.
Los bárbaros siempre son los demás, por cierto. Hoy: Mauricio Macri. Mañana: Elisa Carrió. Pasado: los expendedores de nafta. La semana que viene: el periodismo. La otra: los yanquis. Y ya se verá quién sigue, de acuerdo con las necesidades.
Cristina, al igual que Néstor hasta el 9 de diciembre pasado, optó por las “no-conferencias” de prensa para lanzar sus gritos de guerra. Las ofrece, como el marido, parapetada en el atril de roble ubicado en el Salón Blanco de la Casa Rosada.
¡Piedra libre, Cristina, detrás del Escudo Nacional!
Desde allí se reivindica una civilización que, en el llano, se traduce en vivencias poco refrescantes:
Se corta la luz, porque la gente prende el ventilador o el aire acondicionado justo cuando hace calor. ¿A quién se le ocurre?
Se corta el agua, porque se cortó la luz y porque la gente se baña más cuanto más transpira. ¿Les parece bonito?
Los aeropuertos, las terminales de ómnibus y las estaciones ferroviarias son un caos, porque a la gente (de acá o del exterior) se le ocurre viajar justo cuando está de vacaciones. ¿Podremos ser tan bárbaros?
Falta combustible o se lo consigue carísimo, tras una cola infernal.
Aumenta todo, pero el INDEC dice que no es para tanto.
Lo importante, sin embargo, es que Macri es de derecha, que Carrió se corrió a la derecha, que el periodismo le hace el juego a la derecha y que el Valijagate, al final, había sido una “operación basura” de los Estados Unidos que sólo beneficia a la derecha... De izquierda es el tren bala, ¡qué embromar!
Claro que así como se dice una cosa, debe decirse la otra.
Si la Era K hubiera inspirado una novela de Beatriz Guido y una película de Leopoldo Torre Nilsson, no se trataría de obras inocentes ni desapasionadas. Beatriz Guido dixit: “Mi generación se caracteriza por el resentimiento, por el antiperonismo. No teníamos más remedio que ser antiperonistas”.
En tal caso, y con la anterior definición en la mano como prueba lapidaria, seguro que Cristina ocuparía el atril del Salón Blanco para gritar: “¡Piedra libre para todos los compañeros!”.