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Proscripción contradictoria

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Afiches. El kirchnerismo, movilizado en la dualidad de que su líder está prohibida o no quiere ser. | cedoc

A medida que nos acercamos a la definición de las candidaturas electorales, más volcánico se vuelve el escenario político (con efectos económicos). En esta etapa, todavía, la erupción se concentra dentro de cada fuerza, donde se dirimen las supuestamente mejores representaciones para la batalla por los votos.

Aun con una muy alta imagen negativa, Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo hoy la figura del oficialismo que recoge mayor intención de voto, al menos en una primera vuelta presidencial. Y se mantendría en el Senado si fuera en la boleta bonaerense para la Cámara alta, ganando o perdiendo.

El relato proscriptor choca con el operativo clamor para que acepte ser candidata

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Por más que su peso político es superior al electoral, la hora de las urnas la exponen a la participación en las postulaciones. En muchos casos, impulsada por aquellos sectores que se han colgado de sus… poderes para seguir teniendo algún tipo de protagonismo.

Hace tres meses la vicepresidenta pateó el tablero. Fue tras recibir su primera condena judicial, en la causa conocida como Vialidad, por la que recibió la pena de seis años de prisión e inhabilitación para ejercer cargos, al encontrarla responsable de administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública.

En aquellos primeros días de diciembre, le replicó con furia al tribunal oral federal y lanzó un anuncio impactante, sobre todo para los propios: que no sería candidata a nada.

Poco después, en un acto en Avellaneda (donde hoy se hace otro evento en el que no participará pese a ser la protagonista), CFK empezó a virar en su discurso, algo para lo cual tiene experiencia y ductilidad. Allí, sostuvo que no se había autoexcluido de candidatura alguna, sino que se trataba lisa y llanamente de una proscripción.

A partir de ese momento, el kirchnerismo en su totalidad abrazó el concepto de que Cristina no será candidata no porque no quiere –como dijo primero– sino porque no la dejan –como dijo después–. Según ese relato, quien se lo impide es una suerte de club de la maldad, integrado por la Justicia, medios de comunicación, empresarios y demás factores de poder. Los de siempre. Lo de siempre.

Tampoco hay que pecar de una ingenuidad presunta y falsamente republicana: hay en muchos de esos sectores una idea extendida de que lo mejor que le puede pasar al país (o a ellos) es que la actual vice vaya presa o salga de la política. Y, en ciertos casos, apuestan fuerte. Muy.

Esa realidad, sin embargo, no debería obturar la observación acerca de la falsedad del concepto K de que su jefa está proscripta, porque no es tal. 

Técnicamente, el impedimento para ejercer cargos públicos que le impusieron en la causa Vialidad se activa una vez que la sentencia quede firme. Después de que el jueves 9 el Tribunal Oral Federal 6 dio a conocer los fundamentos del fallo, fiscalía y defensa tienen diez días para apelar ante la siguiente instancia, que es la Cámara de Casación. Y tras lo que decidan los camaristas, ambas partes podrán recurrir ante la Corte Suprema, que es donde quedará firme la sentencia. Ni Casación ni la Corte tienen plazos perentorios para decidir, por lo cual este proceso vería su final dentro de varios años. Ergo, CFK puede presentarse a la elección.

Hay otro aspecto equívoco en la prohibición ficticia. A propósito, el kirchnerismo busca con el concepto de la proscripción equiparar lo que le pasa a su líder con lo que le pasó a Perón durante casi dos décadas, entre 1955 y 1973. Eso ocurrió durante dictaduras militares o democracias condicionadas (con Frondizi e Illia). Equiparar aquello con esto es tan disparatado como peligroso para un sistema democrático que tanto costó consolidar y que está a punto de cumplir 40 años.

Estas contradicciones han sido exacerbadas nada menos que por los más cristinistas del kirchnerismo. En las últimas semanas se ha visto y escuchado a importantes dirigentes de La Cámpora, como el ministro bonaerense Andrés “Cuervo” Larroque, lamentarse e indignarse por la (falsa) proscripción de CFK. Hasta el gobernador Axel Kicillof se hizo eco de esa idea en su discurso en la asamblea legislativa provincial.

Pero al mismo tiempo, desde ese y otros espacios K se llama a un operativo clamor para intentar convencer a su líder de que revea lo que anunció y acepte ser candidata (a lo que sea). Peor aún: hoy sábado se convocó a un plenario dirigencial kirchnerista en Avellaneda para proclamar el ruego a Cristina bajo el histórico lema con Perón de “Luche y vuelve”. En qué quedamos, ¿la prohíben o ella no quiere?

Ayer viernes, durante su larga exposición en Viedma, CFK insistió en plantear esta falsa prohibición de participación electoral. Al mismo tiempo, volvió a sonreir (como en un acto durante la semana en el Senado) ante sus adherentes mientras cantaban “Cristina presidenta”. 

Quien se resistió a sumarse a esta desopilante teoría proscriptora fue el Presidente. Aunque aceptó en la última cumbre del PJ que se arme una comisión partidaria para ejecutar un plan de convencimiento a la vice (en el que nunca se avanzó), Alberto Fernández nunca abrazó esa figura antidemocrática.

En otros tiempos, esta distancia hubiera podido ser explicada por los conocimientos que Alberto F tiene como profesor universitario de Derecho. Con sus embates sobre la Justicia y sobre la Corte Suprema en especial, el argumento no va por ahí.

Hubo cierto regocijo en la Casa Rosada al ver expuesta otra vez a CFK en sus causas judiciales

Más bien hay que encontrar la explicación en las disputas constantes con su vicepresidenta, la que lo ungió como número uno de la fórmula hace cuatro años. Es más, no resulta casual que el Presidente varias veces repitió que durante su gestión no tuvo denuncias por corrupción. Ni tampoco que esta semana se hubiera filtrado un textual suyo en off the record a un periodista de su confianza, en el que expresaba su aspiración de terminar con veinte años de kirchnerismo.

Acaso este nuevo capítulo de distanciamiento total y final entre Alberto y Cristina explique cierto regocijo que había el jueves en la Casa Rosada, al repasar los portales de los diarios y las pantallas de la TV con la noticia de los fundamentos judiciales por los que fue condenada CFK, en un proceso en el que su entonces jefe de Gabinete y actual presidente en ningún instante apareció salpicado. Apenas una curiosidad.