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COLUMNISTAS / CUESTION POLITICA
sábado 23 junio, 2018

Religiones, populismos y pobreza

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por Omar Argüello

Pueblo. “Nuestro país sufre ahora la influencia de Bergoglio como Papa”. Foto: AFP
sábado 23 junio, 2018

Aun cuando en su Crítica de la filosofía del derecho de Hegel Marx afirma que la religión “es el opio del pueblo”, parece claro que no todas han jugado el mismo papel en el desarrollo económico y el progreso de las naciones, donde la contribución del protestantismo ha sido mayor que la del catolicismo (Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo).  
Colonizado bajo la cruz del catolicismo nuestro país sufre ahora la influencia de Bergoglio como Papa, al reforzar un populismo que ayudó mucho a nuestro estancamiento económico y pobreza. Refuerzo que toma formas diversas y se motoriza en encuentros como el que tuvo lugar hace días en la Biblioteca Eva Perón del Sindicato de los camioneros, entre el arzobispo Sánchez Sorondo, Pablo Moyano, Hugo Yasky, Pablo Micheli, Sergio Pala-zzo y Gustavo Vera.
Con todo, para tener un buen diagnóstico del populismo se deben separar los componentes políticos del proceso, de sus propuestas económicas. En cuanto a los primeros, se trata de una forma de construir poder que si bien se aparta de la republicana no puede negársele su fundamento democrático en tanto surge de una de las formas posibles de interpretar la categoría “pueblo” y el papel de los “representantes”. Sartori considera seis interpretaciones posibles de “pueblo”, entre las que incluye una “como totalidad orgánica”, la que rechaza desde su concepción liberal para quedarse con la “expresada en términos de normas contables” que traduce como mayorías. Por otro lado, Edmundo S. Morgan en La invención del pueblo (siglo XXI), sostiene que la tarea de gobernar requiere de ficciones, como la creada a mediados del siglo XVII cuando los parlamentarios ingleses “inventan el pueblo” para suplir la ficción del poder del rey derivado de Dios.    
En cuanto a Francisco, considera al “pueblo” como un organismo natural, superior a las partes, lo que se compatibiliza con la concepción de pueblo que invoca en su accionar el sindicalismo, aun cuando con ello se salta varios pasos de la fundamentación del populismo que hace Laclau. Este autor divide al grupo en unidades menores que llama “demandas”, las que deben ser articuladas por un líder que realiza la tarea de “constitución de la unidad” en base al afecto. Laclau insiste en que “El representado depende del representante para la constitución de su propia identidad”. En cuanto a la izquierda, la tarea de representación queda en manos de otra ficción, la “clase para sí”; creada para superar las contradicciones en que cae la “clase en sí”, la que no siempre asume su rol revolucionario y se conforma con mejoras salariales.  
Pero más allá de estas ficciones, el populismo (que según Laclau “es, simplemente, un modo de construir poder”) no está ligado a ninguna estrategia económica en particular. Por lo que las razones de nuestro estancamiento económico y nuestra pobreza deben buscarse dónde corresponde: en las opciones económicas concretas hechas por gobiernos tanto populistas como republicanos. Y en esa línea, el papel retardatario de los actores religiosos, sindicales y de izquierda, participantes de la reunión mencionada, hay que ubicarlo en su insistencia con propuestas que a la luz de lo ocurrido en países como Venezuela solo llevan a crisis humanitarias graves. Francisco asimila la economía capitalista al pecado de matar, sepultando así la posibilidad de un capitalismo positivo contemplado en la Encíclica Centesimus Annus (42); buena parte del sindicalismo archivó los cambios económicos que insinuó Perón en su segunda presidencia cuando hablaba de productividad y se proponía conceder la explotación del petróleo a capitales privados; y la izquierda, que nunca leyó el Prefacio de Marx, tampoco reconoce declaraciones como las de Pepe Mujica quien, sin desconocer las desigualdades propias del capitalismo, lo ha reivindicado para financiar sus políticas sociales y para crear la riqueza que distribuida con equidad le permitiría combatir la pobreza.  

*Sociólogo.


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