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COLUMNISTAS / opinion
sábado 11 mayo, 2019

Santa Cristina

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por Javier Calvo

Cristina Kirchner, al presentar el libro. Foto: Captura

Cuentan colegas que me merecen mucho respeto y que asistieron el jueves a la noche a cubrir la presentación en la Feria del Libro de Sinceramente, que mucho del público que se juntó en la avenida Sarmiento para escucharla y verla a Cristina por pantalla gigante se emocionaba al hablar de ella. Más que militantes, parecían feligreses.

Las palabras de la ex presidenta dentro del salón Borges buscaron, de alguna manera, acentuar ese efecto místico. Invitación a un contrato social. Amables agradecimientos. Ausencia de agravios, críticas o pase de facturas. Cero referencias a victimizaciones o persecuciones. Cálido recuerdo al aniversario matrimonial. Más que Cristina, parecía la Madre Teresa.

Aunque aclaró, acaso no casualmente, que el best-seller de su autoría no es la Biblia, sus mensajes políticos también estuvieron teñidos de esta paz evangélica. Así podría explicarse la reivindicación de su ex crítico o traidor Alberto Fernández (que nunca vio ni oyó nada que pareciera corrupción) o la mención a Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna, actuales constructores de una alternativa peronista que excede al kirchnerismo y a quienes lapidó hasta no hace tanto.

La apelación angelical al recuerdo setentista de José Ber Gelbard, como ejemplo de burguesía nacional al que le interesaba el país, tal vez se aproveche de estos tiempos millennials de datos básicos wikipedianos.

Las medidas de Ber Gelbard (empresario de origen comunista convertido en ministro de Economía del peronismo) derivaron en el estallido económico del “rodrigazo”, por su sucesor Celestino Rodrigo.

Más cerquita en el tiempo, si CFK pone de emblema a Ber Gelbard de lo que debería ser el empresariado argentino, habrá que preguntarse si ese no fue en realidad su loable objetivo y el de su marido con los empresarios del Cuadernogate, Lázaro Báez, Cristóbal López, Gerardo Ferreyra y sigue la lista, en vez de, como piensa la Justicia, el armado de una aceitada estructura cleptocrática.

No sería la primera vez que en la previa de una campaña electoral surge esta suerte de sor Cristina. Ya lo hizo en 2007, en 2011 y en 2017. Pero, como reza un refrán clásico, del dicho al hecho hay un buen trecho. Vaya si lo hay en este caso.

Convendría, de todas maneras, no limitarse a cerrar el análisis desde el prontuario o la falsa sobreactuación de la ex presidenta. Hay mucho más que apasionamiento en torno a su figura, a favor y en contra, exacerbado por estas horas desde pantallas de TV y micrófonos que se autoadjudican amor y endilgan odios a quienes se colocan en otro lado, que si no es el mismo, es en el de enfrente. Delicias de los creyentes devenidos fundamentalistas.


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