Pocos oficios más gratificantes que el de ser periodista cultural en Barcelona, centro neurálgico de la industria editorial en lengua castellana y donde viví el último año. Las novedades editoriales llegan con meses de anticipación con respecto a la Argentina, y el trabajo de prensa de los sellos está tan aceitado que lo único que hay que hacer es revisar la casilla de correo, a lo sumo levantar un teléfono, y caminar al encuentro de los escritores internacionales que pasan por la ciudad para presentar sus libros. Pero toda situación ideal tiene su reverso: buena parte de la más interesante literatura argentina (y alguna de la extranjera) se publica aquí por sellos pequeños o medianos, y esos títulos difícilmente llegan a Europa. Por lo que, por más atento que uno pueda estar, la distancia del océano crea una barrera concreta con ciertas novedades editoriales. En octubre del año pasado el sello La Bestia Equilátera acababa de lanzar sus primeros libros. Hoy, ya han puesto en circulación un puñado de títulos más que llamativos tanto por la elección de los nombres que integran el flamante catálogo como por el cuidado tratamiento estético que hace que sus tapas sean, tal vez, las más bellas del mercado actual.
Entre los primeros lanzamientos hay libros de Luis Chitarroni, de María Martoccia, de Lord Berners, de Julian Maclaren-Ross y dos novelas de la escritora Muriel Spark (1918-2006, foto), designada por muchos como la autora escocesa más importante de las últimas décadas. La primera publicada lleva el título de Los encubridores, y está basada en una famosa historia real sucedida en Inglaterra el 7 de noviembre de 1974. Esa noche Lord Lucan, un noble en decadencia, jugador empedernido con serios problemas financieros, asesinó (al parecer, por error, ya que a quien en verdad buscaba matar era a su mujer) a la niñera que trabajaba en su casa. Luego de eso se esfumó, aparentemente ayudado por una red de amigos que lo financiaban, y nunca más se supo de él. Spark tomó este relato del fantasmal fugitivo y construyó con ella una novela de intrigas breve, inteligente y plena de ironía.
El estilo de Spark es, a simple vista, despojado y conciso. Pero se trata, claro, de una trampa. Porque la escritora corre sabiamente el punto de vista del narrador para hacer avanzar la trama, se permite digresiones y saltos temporales, reflexiones donde descarga sus maliciosas opiniones: “La arrogancia no tiene cura. En general nace de un profundo, y a veces justificado, sentimiento de inferioridad”; “En la segunda mitad del siglo XX, heredar un título nobiliario no era algo muy real. Como hecho social, no tenía una gran significación. En especial en este caso en que la familia tenía muy pocas propiedades, ningún dinero”.
Spark se dedicó a la poesía desde su adolescencia. Hasta que, después de leer a Marcel Proust, descubrió que lo que en verdad quería era escribir en prosa. Y eso se nota: “Hildegard sabía por su experiencia con los estigmas falsos que la sangre, una vez liberada, se esparce por todos lados. Se pega, fluye, se anuncia a sí misma con tonos chillones o se acumula en oscuros y densos charcos. Una vez que la sangre sale, no hay forma de detenerla”. Ahora acaba de aparecer otro de los libros de Spark, Memento Mori. Habrá que leerlo y ver si Julian Barnes tiene razón cuando afirma que ésta es “una de las más grandes novelas británicas de los últimos cincuenta años”.