Unos cuantos años atrás, había en Buenos Aires humildes circos trashumantes; pero también llegaba el circo Sarrasani. Era maravilloso salir de la quietud de la vida cotidiana para recibir, durante una hora y media, una catarata de olores, colores y destrezas. Se podía, gracias al sentido de las proporciones del “régisseur” circense, seguir los sucesos simultáneos en cada rincón del gran círculo de aserrín.
Hoy, desaparecido el alemán Hans Stosch Sarrasani, la escena mundial ofrece mucho más en simultáneo, pero de modo desordenado y sin otro maestro de ceremonias que los intereses y las pulsiones estratégicas de unos y de otros.
Hilvanar sucesos entre sí y obtener anotaciones para mantener actualizado un cuadro de situación que ayude a identificar dos o tres tendencias o rumbos arrojados hacia el mañana conlleva un alto coeficiente de error; pero no prohíbe intentarlo.
Blogs, redes sociales y boletines independientes de periodistas y analistas (agobiados por la anemia sesgada de las agendas artificiosas) van creando bolsones vivificantes que animan el debate, el intercambio y la pasión imprescindibles.
Ejemplo: se conmemoran durante estos meses los dos mil años de la muerte (en 14 d.C.) de Cayo Julio César Augusto, primer emperador y constructor de la “pax romana” sustentada en la fuerza, el derecho y la administración eficiente. En 2014, la presidencia de la UE corresponde a Italia y la responsabilidad de las relaciones exteriores pasa de la británica señora Ashton a la italiana Federica Mogherini (41), cercana al nuevo primer ministro, Mateo Renzi (39). Hay expectativas –moderadas– acerca de lo que Italia y su equipo juvenil, proveniente de un partido que supo ser social demócrata, aportarán a una Unión fuertemente sometida al Valhalla (salón celestial) de Berlín, desde donde se insuflan vapores de rebajas de gasto público e impuestos.
Todo en un contexto de desempleo de un cuarto de la población española y una curva de recuperación del crecimiento que tardará tres años en aliviar el cuadro laboral. Años durante los cuales la tendencia al crecimiento de los partidos “antiestablishment”, que ya conforman 1/3 de las bancas del Parlamento Europeo y que tienen como punto de soldadura el ser antiausteridad (Syriza de Grecia o Podemos de España), se roza con otros como el UKIP inglés, que aboga por la salida de la Unión. Años durante los cuales el luxemburgués Jean Claude Juncker presidirá la Comisión Europea, con el beneplácito y el sostén de frau Merkel y del desventurado Hollande de Francia, activo demoledor del socialismo francés y ardiente constructor de la alternativa de derecha dura.
Acalambrados por un léxico invariable y mantenido a temperaturas muy inferiores a cero, los votantes renuevan con menguantes cifras su confianza en los lemas tradicionales, cuyos dirigentes huyen de la innovación como si fueran precursores de su exilio de la política.
Si algo distingue la “pax romana” de la actual Unión, es que en aquélla no había un tutor extrarregional; pero también el cambio: el foro, la escritura, la vialidad y la diversidad bajo la unidad política.
Según refirió recientemente el magnate Soros, el principio de incertidumbre que rige la física cuántica y que enunció Max Planck le ha permitido (a Soros) elaborar un principio similar para los asuntos de los seres humanos. Para el húngaro, así como las partículas subatómicas tienen característica dual y pueden manifestarse como partículas o como olas, así también somos los humanos: en parte individuos autónomos (partículas) y en parte componentes de entidades más numerosas que se comportan como olas. Por supuesto, el impacto en la realidad que generamos depende de cuál alternativa predomina. Según Soros, los puntos clímax del pasaje de un tipo de comportamiento al otro son tan probables como inciertos, y por lo tanto imposibles de predeterminar. Es por ello que, según algunos gerentes de fondos de cobertura, los activos argentinos son tan atractivos: aun tomando en cuenta la depreciación del peso de 2014, las acciones subieron el 68% en términos de dólar. Según otros, Argentina no es un sitio donde invertir, “dado que no hay claves para saber qué pasará”. Los primeros descuentan que sobrevendrán políticas “amistosas para el mercado”, por lo que las inversiones de hoy son buenas (para los inversores… y para los que logren sobrevivir a dichas políticas).
Un cartel colocado a la entrada del campo de concentración de Buchenwald, en Alemania, dice: Jedem das Seine (“A cada uno lo suyo”), dicho acuñado por el derecho romano. El prisionero que lo confeccionó había sido miembro de la Bauhaus y la tipografía del horror es espléndida.
Buchenwald queda a 18 kilómetros de Weimar, cuna de Goethe, y muy cerca de Eisenach, pueblito en el que nació Bach, quien compuso su Cantata 163 sobre este tema, tomado del Nuevo Testamento y referido a la justicia divina.
Los nazis ignoraban que el preso expresaba su dignidad a través de la belleza tipográfica del espanto. Nuestra interrogación se dirige a la difícil conciliación entre modos de aplicar un mismo concepto en dos centros nodales de Europa, en el correr de una historia compartida. En el corazón de una misma nación.
En la escenografía del drama europeo y mundial, muchos países nación oscilan entre los dos comportamientos que Soros tomó de la física cuántica. Uno no propende a la ampliación de la libertad en la dignidad. Simultáneamente, algunas instituciones basales revelan grietas estructurales y tendencias al desequilibrio.
Como cuando el arzobispo de Canterbury confiesa que suele dudar de la existencia de Dios; o cuando un diario de Dublín recuerda a san Malaquías (irlandés del siglo XI), quien profetizó los datos esenciales de la personalidad de los sucesivos pontífices, hasta mencionar al último, Pedro el Romano, que sería el actual, Francisco. Apocalíptico.
Fuera de las murallas financieras y de las reglas de la usura, todo oscila: hasta el venerable Dalai Lama declaró el domingo pasado que, luego de su muerte, ha decidido no reencarnarse.
Entre políticos que vuelven al ruedo a pesar de sus causas penales (Berlusconi, Sarkozy) y el tambaleo de lo presuntamente inmutable, las partículas
elementales que somos remedamos otros tantos huevos en equilibrio sobre un muro que propone únicamente dos posibilidades.