COLUMNISTAS
LUGAR DE LA POBREZA

Superpoderes y no poderes

20230224_eternauta_cedoc_g
Eternauta, un héroe de carácter colectivo que se fortalece en el grupo. | cedoc

Cada vez que escucho hablar de “superpoderes”, el primer llamado que me provoca la palabra es un regreso a las viejas revistas de cómics de Superman, Batman, Flash y diversas legiones de superhéroes.

Superman es, acaso, con aspecto humano, pero poderes sobrehumanos, el estereotipo de estos superhéroes.

Al decir de Umberto Eco, Superman es el héroe positivo que encarna las aspiraciones que no puede satisfacer el ciudadano vulgar. La esperanza de que un día, desde las entrañas del discreto transcurrir de la persona común, aparecerá un superciudadano capaz de trascender años de mediocridad.

Esto no le gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Los argentinos hemos creado nuestros superhéroes. Se puede nombrar a Patoruzú, que tenía fuerza, pero no provenía de otro planeta, ni de una fórmula, sino de su nobleza, de su altruismo y sus valores. Un superhéroe de la Patagonia nutrido de la tradición de sus ancestros tehuelches.

Otro es el Eternauta, un héroe de carácter colectivo que se fortalece en el grupo.

También Hijitus/Superhijitus, un superhéroe niño, que vive en un barril y su poder proviene de su sombrero de linyera.

A mí, particularmente, me resulta oportuno incluir en este listado autóctono a Mafalda, una niña superheroína con el ultrapoder del sentido común que le da una mezcla superpoderosa en su segunda mirada. Unos rayos X que le permiten ver la condición humana que otros no ven.

Hay momentos en que cada uno de nosotros puede sentirse poseedor de una capacidad especial. Un golpe de suerte que nos convence de estar dotados de facultades extraordinarias, un pálpito que se cumple, una ocurrencia oportuna festejada por el entorno.

Le puede suceder al deportista en la hora del triunfo, al artista premiado con aplausos en un escenario.

Por supuesto, cuando alguien es elegido por mayoría como Presidente de un país lo debe atravesar la tentación de sentirse con poderes fuera de lo común. Es fácil ver que cada presidente/a argentino, recién asumido, se cree con derecho a adquirir superpoderes, como si la elección fuera un elixir de fuerzas extraterrestres.

Nuestro actual mandatario no es una excepción y es posible, por su estructura de personalidad, que realmente se crea merecedor de estas facultades especiales.

Superman es, de algún modo, una encarnación de la imagen que el pueblo norteamericano tiene de sí mismo. Milei ha logrado, temporalmente, corporizar un hartazgo argentino. Es, también, la creencia que tiene de la superioridad de sí mismo sobre lo colectivo, sobre el Estado, sobre la “casta corpo”.

Los superhéroes del cómic alternan su proceder dentro y fuera de la ley. Milei cree tener ese derecho.

Los superhéroes tienen uniforme, máscara, capa, trajes especiales. Milei tiene su cabellera y su campera.

Superman obtiene su vigor por haber nacido en Krypton, fuerza extraterrestre. Milei tiene las fuerzas del cielo.

Superman y tantos superhéroes no concretan proyectos de pareja. Está enamorado de Luisa Lane, pero tiene un proyecto superior que le impide concretar el amor humano tradicional. Milei y Fátima Flórez tienen ese tipo de relación. La misión los obliga a la castidad.

Superman (volvemos a recurrir a Eco) no combate la corrupción política, nunca iría contra Putin, Trump, Maduro o Bukele, sino que defiende a ultranza la propiedad privada. Superman tampoco se preocupa por la democracia. ¿Y Milei?

Un párrafo final para otro “Súper”, el superávit fiscal. No es un dato menor que Argentina en enero alcanzara el superávit, una rareza. En los últimos 62 años, sólo hubo seis con balance positivo.

Aunque habría que señalar que el Gobierno, para este superávit, aprovechó la inflación actualizando tarifas, impuestos y servicios a la vez que no soltó recursos para provincias, comedores, educación y jubilaciones.

Está claro que los números de la pobreza no son, aún, atribuibles a Milei. Por el contrario, la gestión del kirchnerismo y Massa se lleva los deméritos de esas cifras. Lo que sí es responsabilidad del actual gobierno es su proceder con respecto a las personas que están en situación de indigencia y pobreza. Ellas te tocan.

No sea cosa que, entre tantos superhéroes y superpoderes, sigamos condenando a la gente al no poder de la superpobreza.

* Convencional Nacional UCR.