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COLUMNISTAS / opinion
domingo 3 marzo, 2019

Un Macri más Maduro

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por Luis Costa

El presidente Mauricio Macri abrió el año legislativo con el tradicional discurso en el Congreso Nacional. Foto: Pablo Cuarterolo
domingo 3 marzo, 2019

La expresión del historiador Jean Meyer en un prólogo a uno de sus libros sobre el conflicto cristero en México es estimulante para pensar la Argentina de Macri: “La crisis en todos los campos, incluyendo la crisis económica, tiene sus consecuencias sociopolíticas. Sin la crisis no se entiende la violencia del enfrentamiento”. El viernes Macri inauguró las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación sobre un contexto de crisis económica y política, exponiendo su necesidad de incrementar el enfrentamiento, tal como lo necesita hacer su objeto de obsesión Nicolás Maduro recurriendo a Trump y al imperialismo para descargar culpas propias. En esencia, Macri ha certificado que está hoy en formato de resistencia y que su propia crisis lo obliga a ser más violento.

Todos hemos entendido y explicado, la lógica del formato de hostilidad contra las expresiones políticas del pasado reciente. El macrismo insistentemente ha detectado que el reflejo opuesto con Cristina Kirchner es una fuente de construcción de cierta unificación para sus votantes, de modo que ser la garantía de su no retorno viene siendo productivo para mantener chances altas de ser reelecto. Sin embargo, el tono en el Congreso ha sido corrosivo, directo, brutal, casi de guerra, de resistencia, y no muy simbólico. Su carácter no parecía esta vez solo una herramienta para la constitución de identidad, sino una acción que hablaba de su fracaso. Las culpas a los cuadernos por la inflación, la mención a la sequía y cuestiones de economía internacional, parecen realmente recursos similares a los que utiliza Venezuela colocando siempre la culpa en el exterior y en enemigos internos que atentan contra las perfectas intenciones de quienes gobiernan. A mayor crisis, mayor es la intensidad de la resistencia de quien gobierna.

La brutalidad de los gestos, y la necesidad del ataque directo, expresan otra debilidad política que debe colocarse en escena. Insistía Max Weber en la diferencia entre poder y dominación; domina quien logra que las órdenes de uno sean tomadas por el otro como propias y ejecutadas con total convencimiento. En los días previos a este discurso, el radicalismo ha estado diluyendo la autoridad de Macri y Marcos Peña, desoyendo, por ejemplo en Córdoba, las indicaciones de cómo conformar las listas y presionando públicamente para internas. A Macri no solo lo afecta la sequía, sino sus aliados que van cuestionando su liderazgo y decisiones. No puede por ahora controlar la economía, y parece que tampoco a sus propios “equipos”.

La sesión fue además caótica, sin orden, con interrupciones, infiltrados y enfrentamientos directos entre Macri y el bloque kirchnerista, tal como si esto fuese también una muestra más de la incapacidad de dominar, en este caso, una tradición institucional. Monzó petrificado, y sin gestos, dejaba todo en manos de Michetti, que hacía recurrentes ademanes hacia los peronistas de Cristina, interrumpía al Presidente hablando encima, le apoyaba la mano en su brazo y aplaudía lo que consideraba buenos momentos del discurso. El diputado Rossi se ponía rojo de los gritos, descontrolado, insistente en sus intenciones de interrupción; y Macri seguía leyendo, y seguía como si alrededor de él nada sucediera. Solo, mirando sus papeles, su discurso entrenado, recordando el libreto necesario para el modo del decir, nada lograba desviarlo de su misión, ni los brazos inquietos de Michetti, ni los aplausos irónicos del kirchnerismo. Macri es probablemente eso, alguien que en estos tiempos no está teniendo la capacidad de conectar con el entorno.

La pregunta que abre para el tiempo que queda de este año, es bajo qué condiciones se desplegará la batalla electoral si el centro político no logra controlar su propia escena y además, ese mismo centro, inaugura activamente un campo de batalla en donde los ánimos de los actores centrales estarán dominados por la furia. Maduro podría contarle cómo es eso de gobernar en medio de tanta colisión y durar en el tiempo.
Con la economía marchando hacia direcciones que no son las óptimas, espeja también en los actores relevantes del mercado sus dudas respecto a esta carencia de dominio político. Todos de alguna manera, observan que algo se ha quebrado, y que Macri en vez de repararlo, insiste en batallar entre esas ruinas.

*Sociólogo

 


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