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COLUMNISTAS / Estados Unidos
viernes 20 julio, 2018

Un mundo dado vuelta

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por Daniel Muchnik

Trump. “El psicópata con modales y lenguaje fascistas que hace lo que se le antoja”. Foto: AFP

Todo está dado vuelta. El mundo, en cuestión de meses, no es el que conocimos por muchas generaciones. No se alcanzó este estado por guerras mundiales sino por fracturas económicas e ideológicas en Europa y por los dichos y la acción de un presidente definitivamente psicópata que ha cambiado la geopolítica, las relaciones comerciales y los vínculos históricos.
Esto no es nada: Trump, el psicópata con modales y lenguaje fascistas, hace lo que se le antoja, da vuelta el tablero histórico de los vínculos comerciales y genera una incertidumbre de grandes dimensiones. Lo grave es que, según las encuestas, el electorado norteamericano al que representa lo volvería a votar si se presenta en las elecciones de 2010. Ellos lo han autorizado a ejercer ese pretendido liderazgo que lo autorizaría, con toda impunidad, a perorar con descaro, a tratar de enseñar política a otros dirigentes, a llamar “enemigos” a los europeos.
¿Qué hacer con este empresario fanfarrón, arrogante, injusto, que se mueve de aquí para allá como John Wayne en las películas del Oeste? Nada, es la respuesta. Lo han elegido los desplazados en su país, los desocupados, la clase media opositora de la burocracia estatal en Washington, los que buscaban a alguien que diera lecciones al mundo.  
Con sus movidas Trump ha terminado de sepultar principios esenciales de convivencia en el planeta. Ha calificado de “enemigo”(es una calificación durísima) a la Unión Europea, ha intentado dar consejos a dirigentes políticos del viejo continente, se ha enfrentado con China en la lucha de mercados y le ha creado un considerable espacio a Putin, jerarquizado a más no poder. Fue Estados Unidos quien fomentó a la OTAN en la Guerra Fría, mostrando los dientes al mundo comunista, de la misma manera que utilizó a Japón y Turquía para erigir misiles nucleares contra la Unión Soviética a lo largo de la Guerra Fría. Hoy la pone contra la pared, la subestima.
Precisamente a Putin, cuestionado por la Europa “civilizada”, el mismo que respalda a naciones que no obedecen a la Unión Europea, las mismas que están blandiendo xenofobia y racismo al ultranza, como Polonia o Hungría o a los de la Liga del Norte italiana. Toda forma de populismo de derecha le entusiasma.
Represor ante quien se le oponga, desnaturalizando derechos esenciales de Ucrania, Putin quiere llevar a Rusia al podio de las potencias ya no atómicas sino políticas. Porque Putin anhela ser convocado a los encuentros de los líderes mundiales del máximo nivel. Busca ser tratado de igual a igual. Igual que en Estados Unidos con Trump, también en Rusia gran parte del pueblo ha encontrado en Putin a quien, con tono bravucón, hace lo que quiere
Todo este vendaval político en medio de una crisis económica mundial por las pugnas arancelarias, la suba del dólar, la imposibilidad de Europa de llamar al orden a los descarriados, fracturando algo que costó muchísimo crear y poner en marcha.
Es el mismo Trump que levantó polvaredas al trasladar la embajada de su país a Jerusalén, ciudad que no solo pertenece a Israel. En un Medio Oriente donde sobresale su amigo Netanhayu, de extrema derecha, quien permitió que las colonias de judíos ultrarreligiosos avancen sobre territorio palestino, gestando así venganzas imparables. Netanyahu es el mismo que viajó a Polonia y respaldó la prohibición del gobierno polaco de mencionar a su población como partícipe del genocidio judío. Hubo excepciones. Fue el oficial de la Resistencia Jan Karski quien en 1942 denunció en Londres y Washington la matanza. Fueron polacos los que aportaron armas a los luchadores de la rebelión del gueto de Varsovia, pero la gran mayoría, según revelaciones de historiadores europeos, ayudó a perseguir, maltratar y matar judíos hasta bastante después de la Segunda Guerra, cuando los que sobrevivieron en los campos de concentración reclamaban bienes y posesiones.

*Escritor y periodista.


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