Una medianoche de éstas iba yo de mi soledad a mis tomógrafos (turno haitiano: ¡hora cero a un Octo!) y reparé que son dos mis columnas en crisis. La punzada por puñalitos de vidrio en lumbares 3 y 5. Y ésta, digital, caída en la mormosa monotonía de que no hay nada nuevo sobre qué informar. ¿Es así? ¿Puede producir hechos nuevos un país inmóvil y atorado de sí mismo?
Introducido a presión en el sarcófago de ondas (espero que en la próxima recurran a untarme o algo así) descubrí que siendo espacio kafkiano sumo, es sitio tan literario y cómodo como una mesita del café La Paz. Queda tantísimamente solo el cuerpo y tan a sus anchas la imaginación que la sesión se convierte en un módico viaje a la Luna. Pena que dure solo una hora y que volví tan anciano como partí. El radiólogo (boliviano) me dio trato de párvulo (ya lo saben, calmita, despacito: diminutivo al mango) Con esmero y cantito (de Potosí) me devolvió a la vertical y yo al bastón que siempre que lo olvidé se la bancó. Ya son 15 las veces. La última en librería Menéndez de Paraguay Street.
¿Que por qué tendría que importarle ésto al lector de columnas? Porque es mi semejante. ¿Qué qué relieve tiene? Seguro no menos que otros que aparecen en los medios como si tuvieran justa primacía.¿Merkel comiendo salchicha sin servilleta? ¿Infatuado escriba local recibiendo berreta medalla íbera con rostro rosáceo como un Borbón? ¿300 capos en Misa de Tarde en La Rosada para rogar caiga maná en la Caja y no haya que subir a helicópteros de apuro para una fuga en masa?
¿Cómo no preferir hablar de primicias que me acontecen y pueden ayudar, divertir o alimentar al lector? Nunca fui buen analista de lo que más se analiza en nuestro país: el bolero de Ravel. La más relevante noticia es la de cada uno y cada cual debería divulgarla a los demás sin tapujos de ningun grado. Al estos días recordado (por fin) Daniel Moyano, y a mí, Juan Carlos Onetti nos dijo en su piso de Madrid que nos dejáramos de joder con "la historia", que solo la habría cuando cada terrícola de los miles de millones, llegado a sus años maduros, registraras en unos pocos folios el relato de que creyó fue su vida. Que sumando luego ese infinito de textos, acotó, nos acercaríamos al menos "a una sombra de la historia humana". Su coincidencia con Shakespeare refuerza aun más su consejo.
En mi caso tuve la suerte de borronear mi primer verso a los 9 años y a los 12 un periódico casero (8 folios, mimeografo, lata de dulce de batata La Gioconda). Allí ya instaba a 15 lectores que integraban conmigo un equipito de futbol de Berisso a no pegar en el juego y abrazar a los rivales al final. Pep Guardiola. No es que fuera tan civilizado sino que por poco peleón la ligaba casi siempre (aunque tampoco tanto) Cristito top (porté la amarilla bandera papal por ser quien mejor conocía el catecismo) de allí en más me forjé una estética del vivir. Esa que nadie mejor que el poeta cubano Cintio Vitier grabó en solo una línea. "Solo existen dos cosas: comercio y poesía" Con ella voy de asombro en asombro y nada de lo extraño me es ajeno. Según viajé (y mucho: 72 países) sumé tantos "nosotros" que no creo quede en mi un "yo" original sino un licuado término medio de la especie. Budista en Jaipur, cristiano en Belén, musulmán en Nablus, judío en Tel Aviv (no, en Jerusalen no, porque es de todos, hasta de los ateos)
Pienso si es tarde que pío, pero no. Por 1962 (medio siglo) en Clarín, ya me esmeraba furtivo, a lo Ulises; en meter caballitos de troya literarios en noticias que debíamos exprimir hasta el grado del higo seco. Los queridos Portogalo, Bayer, Ure, Portantiero, Altamirano, coincidían conmigo en que era un infiltrado en la profesión y que la aprendería. En parte fue así. Pero lo cierto es que lo hice para no volver jamás al frigorífico.
No es que esté contra el periodismo. Siento que recién está naciendo el genuino, el planetario y que todos los seres son periodistas latentes. Que miles de millones de dedos estén en este instante entretjiendo sus vidas con mensajes de texto prueba que la idea de Onetti ya hormiguea sobre este cambio de época.
* Especial para Perfil.com