COLUMNISTAS

Una nueva disciplina

Tal vez sea hora de inaugurar un nuevo rubro en el periodismo cultural: la crítica de editoriales. Al revisar los suplementos se encuentran reseñas de libros, semblanzas de autores, notas sobre géneros, países o tendencias. Ocasionalmente, entre las entrevistas, aparece la de un editor.

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Tal vez sea hora de inaugurar un nuevo rubro en el periodismo cultural: la crítica de editoriales. Al revisar los suplementos se encuentran reseñas de libros, semblanzas de autores, notas sobre géneros, países o tendencias. Ocasionalmente, entre las entrevistas, aparece la de un editor. Pero rara vez he visto que se evalúe su trabajo, que alguien dé cuenta de la orientación de su catálogo, del riesgo y coherencia de su política editorial, de la bondad de sus traductores o de aspectos más exteriores de sus colecciones, como la calidad del papel, la solidez de la encuadernación, la belleza de las tapas o el atractivo del diseño gráfico. No estaría mal que, como se hace con las películas, se le pongan estrellitas a las editoriales que circulan en plaza.

Me gustaría abrir el fuego haciendo un elogio de la editorial Acantilado, cuya sede está en Barcelona. En las librerías bien abastecidas de Buenos Aires llama la atención la presencia compacta de sus libros, elegantes, sólidos y deseables. A causa del precio, es casi un milagro verlos en esa cantidad en la que se exhiben: son objetos durísimos para el bolsillo argentino aunque están lejos de ser los más caros en España. En la colección de bolsillo, por ejemplo, Senectud de Svevo (10 euros, 352 páginas) o Schlumpf, Erwin: homicidio de Glauser (7 euros, 232 páginas) se convierten de este lado del Atlántico en productos lujosos. Para no hablar de una verdadera ganga: las Memorias de ultratumba de Chateaubriand: 2.826 páginas por 39 euros. Ya en la colección principal de narrativa, Musgos de una vieja casa parroquial de Hawthorne (traducción de Marcelo Cohen) tiene 488 páginas y cuesta 28 euros.

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Y así llegamos a los libros de tamaño gigante: La Vida de Samuel Johnson o Los ensayos de Montaigne cuestan 58 euros. Con esos datos (tomados del excelente blog de la empresa, que se describe como una “sociedad unipersonal”), no es extraño que la acumulación de libros de Acantilado en un estante produzca en el potencial comprador local una mezcla de gula e impotencia.

Acantilado lleva publicados en diez años unos cuatrocientos títulos, en su mayoría valiosos. Dada la preferencia por la reedición y el redescubrimiento, los autores tienden a estar muertos más que vivos. Una especialidad de la casa es la literatura centroeuropea del siglo XX, lo que ha traído a la luz una pléyade de escritores desconocidos u olvidados entre los hispanoparlantes. No hay demasiados autores españoles en el catálogo, que le dedica más espacio a los portugueses, los ingleses o los franceses. Entre estos últimos hay que mencionar a una verdadera estrella de la editorial, el profesor Marc Fumaroli. Acaso el último intelectual de derecha (aunque él reniega de esa etiqueta y hasta de la categoría misma), la sombra de Fumaroli parece ordenar una buena parte de la selección de títulos de Acantilado.

Son notables sus prólogos de Chateaubriand y, especialmente, de las Cartas a su hijo de Lord Chesterfield, un ensayo brillante en el que se expone la histórica atracción de los extranjeros por los modales mundanos franceses, fascinación que ha llegado a nuestros días en las costumbres de un ex jefe de Gobierno porteño. Fumaroli se diferencia de otros conservadores/reaccionarios en que su defensa del “espíritu” contra la modernidad utiliza procedimientos de deconstrucción ideológica caros a la izquierda. Un gran ejemplo es El Estado cultural, donde demuele medio siglo de políticas culturales francesas, cuyo origen Fumaroli rastrea en el régimen títere de Vichy y hace encarnar sucesivamente en funcionarios como Malraux, Pompidou y Jack Lang. Su resultado, nos advierte, fue un daño grave a la educación y la lectura mientras la cultura se convertía en una mera excusa para alentar el consumo intensivo y el turismo de masas. El Estado cultural es uno de esos libros que, bien leído, puede explicar todo lo que ocurre.