La llamada crisis de la izquierda es también, o quizás ante todo, la crisis del pensamiento de izquierda, el déficit de textos que piensen desde la izquierda, de reflexiones que se inscriban en esa tradición. Como efecto no deseado o beneficio secundario de esa insuficiencia, muchos intelectuales de izquierda se inclinaron por leer a contrapelo a autores provenientes del campo conservador: de Heidegger a Junger, de Leo Strauss a Carl Schmitt se busca y se encuentra una filosofía crítica de la modernidad, del dominio de hombre por la técnica e incluso un pensamiento de la política que vincule a la democracia con una reflexión sobre la soberanía y la emancipación más que con un conjunto de reglas formales. Y entre nosotros, es innegable el interés de cierto ensayismo nacionalista de las primeras décadas del siglo XX, como los hermanos Irazusta, Ignacio B. Anzoátegui, Ramón Doll y el excéntrico Omar Viñole, sobre quienes Tulio Halperin Dongui escribió La Argentina y la tormenta del mundo. Ideas e ideologías entre 1930 y 1945, uno de sus libros más agudos e irónicos (cambiando un instante de tema, no puede dejar de señalarse que entre las muchas interpretaciones que propone, puede leerse el Perón que Horacio González acaba de publicar como una respuesta dramática a este gusto de Halperin por la ironía).
Esta relectura del pensamiento de la derecha (a veces esclarecedora, a veces atenta, la mayoría de las veces superficial) hace foco en autores conservadores, en sus distintas vertientes. Pero curiosamente, o no tanto, deja afuera a otra tradición de la derecha (llamémosla liberal, cosmopolita y hasta erudita) que sin embargo tuvo una gran influencia en el pensamiento del siglo XX. Está claro por qué no se retoma esa tradición: porque ese pensamiento liberal dio sustrato a una mirada socialdemócrata, abstracta, ingenuamente protomoderna y que, ya en términos táctico-políticos, terminó justificando las peores decisiones de la democracia o aliada lisa y llanamente a una derecha disfrazada de progresismo (como fue el caso aquí del Frepaso con De la Rúa, por dar sólo un ejemplo). Sin embargo, me parece imprescindible tomar a algunos de esos ensayistas liberales, por lo general anglosajones, y releerlos en otra clave. Reponerlos en otro contexto. Pienso en los textos de Michael Oakeshott y sobre todo en la amplia obra de Isaiah Berlin. Berlin es un autor extraordinario, levemente olvidado, al que si se lo lee con atención se podrá encontrar ideas tan o más incisivas que la de muchos de esos otros pensadores conservadores hoy de moda, a los que, por otra parte, siempre hay que estar justificando, salvando o simplificando su simpatías con el nacionalsocialismo.
Isaiah Berlin nació en Riga en 1909 –donde vivió hasta los diez años– y murió en Inglaterra en 1997, y entre uno y otro acontecimiento publicó más de treinta libros, entre ellos una biografía de Marx (de 1939, traducida por Sur en 1964), ensayos sobre Vico y Herder, sobre literatura rusa y sobre el origen del irracionalismo moderno. Si algún tema recorre su obra es el de la libertad. La libertad es un tema crucial como para que la izquierda se despreocupe de él y se lo ceda gratuitamente a la derecha liberal o conservadora. En esta época, en la que la libertad parece haberse convertido sólo en libertad de consumo (¡comprate un celular de 99 funciones y sé libre!) es urgente repensar el tema desde una mirada que se cruce con lo más radical de las tradiciones de izquierda, anarquista, artística y por supuesto con la literatura. Quizá por eso, uno de los textos centrales de Berlin sea Impresiones personales, una serie de retratos a partir de sus encuentros con diversas personalidades, en especial el que mantuvo en 1945 en la URSS con la poeta Ana Ajmátova, donde se entremezcla la vanguardia, el malestar, el deseo y la literatura: cuatro palabras clave para reformular un pensamiento de la libertad desde la izquierda.
Una relectura de la derecha
La llamada crisis de la izquierda es también, o quizás ante todo, la crisis del pensamiento de izquierda, el déficit de textos que piensen desde la izquierda, de reflexiones que se inscriban en esa tradición.