COLUMNISTAS
documentos de CRISTINA FERNÁNDEZ y matÍas kulfas

Visiones económicas neokeynesianas

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Inimaginable. un año atrás que Javier Milei ocupase el sillón de Rivadavia y fuera presidente. | cedoc

Con dos semanas de diferencia, Cristina Kirchner, esta última, y previamente Matías Kulfas difundieron documento de balances y prospectivas de la economía argentina contemporánea. Este viernes se sumó al debate el exrepresentante de Martín Guzmán en el Banco Central y posteriormente secretario de Comercio del ministro, Guillermo Hang, con su documento titulado “¿En qué se gastaron los dólares del superávit comercial 2020-2023?”.

Por momentos, Cristina Kirchner, en el documento titulado “Argentina en su tercera crisis de deuda”, pareciera criticar tanto la economía de Alberto Fernández/Guzmán/Kulfas como la de Milei. Previamente, Matías Kulfas, exministro de Desarrollo Productivo, criticaba la gestión económica de las dos presidencias de Cristina Kirchner y su influencia negativa en la de Alberto Fernández en su documento titulado “El eterno resplandor de una Argentina sin recuerdos” .

De los tres documentos, el elaborado por Matías Kulfas es el más completo, respondiendo a su tradición de producir libros sobre el tema, cinco en los últimos quince años: Postales de la Argentina productiva en 2009, Las pymes y el desarrollo en 2011, Los tres kirchnerismos en 2016, Pensar la economía argentina en 2018 y Un peronismo para el siglo XXI en 2023. El publicado en 2016 habría molestado a Cristina Kirchner porque diferenció la economía de Néstor Kirchner, positivamente, frente a la de su continuadora, negativamente.

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En el documento de Cristina hay un párrafo que responde directamente al de Kulfas, quien había calificado al gobierno de Milei como la cuarta experiencia neoliberal (Martínez de Hoz, Menem-Cavallo, Macri y ahora Milei) donde ella dice: “No sería preciso calificar a este gobierno como la cuarta experiencia neoliberal. Las características del discurso y de la praxis política del nuevo presidente, como la de sus equipos en las distintas áreas, colocan al Gobierno en un plano que va más allá de lo disruptivo y lo llevan a un lugar que la Argentina nunca conoció. Esto se desarrolla, además, en un marco económico y social de extrema gravedad”.

Una lectura comparada de ambos documentos permite comprender las diferencias que existen entre la visión cristinokirchnerista de la economía y la de sectores más promercado del peronismo.

Kulfas comienza con  autocríticas: “Durante las últimas cinco décadas, Argentina experimentó un desempeño económico deficiente, marcado por múltiples crisis macroeconómicas y la incapacidad de mantener una estrategia productiva coherente. En el siglo XXI se observaron dos etapas diferentes. La primera se inició tras la severa crisis del régimen de convertibilidad, sobre fines de 2001, y permitió recuperar el crecimiento, la creación de empleo, la producción, y mejorar la distribución del ingreso. Esa fase llegó a su fin en el año 2011, tras lo cual Argentina ya no pudo crecer de manera sostenida y experimentó un deterioro en sus indicadores sociales. En años recientes, los desequilibrios macroeconómicos se intensificaron, con la aceleración de la inflación como uno de los síntomas más evidentes. A diferencia de lo ocurrido en la década de 1980, los países de la región muestran, salvo excepciones puntuales, estabilidad y crecimiento, aunque a tasas relativamente bajas. La crisis argentina es específica y sus causas deben ser buscadas en la gestión de las políticas públicas y el funcionamiento del sistema político”.

Por su parte, Cristina comienza diciendo: “El presente documento de trabajo tiene por objeto analizar en clave histórica, económica y política el cuadro de situación que enfrenta la Argentina tras la asunción de un nuevo gobierno para el período 2023-2027, con el ánimo de encontrar otra forma de abordar las cuestiones de Estado, desde los hechos objetivos y los datos concretos que ayuden a comprender la verdadera naturaleza de nuestros problemas como país y nos alejen de las adjetivaciones personales o de las meras opiniones sin anclaje en la realidad”. Y pasa directamente al núcleo de su tesis: “A diferencia de lo que se afirma habitualmente, en cuanto a que el principal problema de la economía argentina es el déficit fiscal y la principal causa de la inflación, la emisión monetaria necesaria para cubrirlo; nosotros sostenemos que la inflación en Argentina se dispara ante la escasez de dólares y que el endeudamiento compulsivo en dicha moneda no hace más que agravar dicha escasez al profundizar la ya conocida y estructural restricción externa de nuestra economía bimonetaria. Esto no significa ignorar la cuestión fiscal, pero creemos que no solo se trata de una cuestión de egresos sino también de ingresos, ante un sistema tributario que presenta múltiples problemas que van desde un 40% de la economía en negro, hasta la subfacturación de las exportaciones y la sobrefacturación de las importaciones, pasando por la existencia de una multiplicidad de impuestos, algunos de los cuales ni siquiera recaudan lo que demanda su administración. Y lo que es más importante, la clara ausencia de percepción de riesgo en un sistema tributario no solo preparado para la elusión y la evasión, sino para gravar producción y trabajo por sobre lo financiero”.

El crecimiento se frenó en la segunda década también en México y Brasil, pero no cayó como en la Argentina de los últimos 12 años
 

Sobre las tensiones con el tipo de cambio,  Kulfas escribió: “El conflicto distributivo estructural es el resultado de la discrepancia entre el tipo de cambio de equilibrio macroeconómico (aquel que permite crecer sin generar desequilibrios externos) y el tipo de cambio de equilibrio social (aquel que permite avanzar hacia el pleno empleo). Naturalmente, el primero es más alto que el segundo, de modo que las demandas de los sectores del trabajo conducirían al desequilibrio macroeconómico. Las respuestas son muy claras. O se morigeran las aspiraciones de la sociedad argentina, aceptando salarios más bajos, o se desarrolla la estructura productiva, con una productividad más elevada para poder atender esas aspiraciones”.

En varios tramos de su documento, Cristina se muestra predispuesta a cambios que las fuerzas políticas opositoras al kirchnerismo proponían:

“Estamos de acuerdo en que la Argentina debe revisar la eficiencia del Estado, y que no basta con la consigna del ‘Estado presente’ para resolver los problemas del país, que son demasiados. Se debe analizar y controlar la correcta asignación de recursos para poder corregirla, en caso de ser necesario”.

“Resulta ineludible discutir seriamente un plan de actualización laboral que brinde respuestas a las nuevas formas de relaciones laborales surgidas a la luz de los avances tecnológicos y de una pandemia que trastocó todos y cada uno de los ámbitos de la vida de las personas. Teletrabajo y plataformas digitales, que intermedian entre oferta y demanda, son algunas de las modalidades que se deben amparar normativamente. Sin embargo, las formas de contratación laboral ya incluidas en nuestro sistema legal también deben ser revisadas, mediante la actualización de los convenios colectivos de trabajo –muchos de los cuales datan de décadas atrás– teniendo en cuenta las nuevas realidades antes mencionadas. Estas actualizaciones deben respetar los derechos conquistados por los trabajadores, pero también deben realizarse bajo el concepto de que, una vez consagrados, los derechos acarrean obligaciones que deben cumplirse. De lo contrario, el ejercicio de un derecho sin el cumplimiento de sus obligaciones correlativas no es ni más ni menos que un privilegio”.“También queremos discutir la integración de las empresas del Estado tanto por vía de la participación del capital privado como de las provincias, en el caso de que sus recursos estén afectados a la explotación económica de aquellas, como así su cotización en bolsa para agregar valor y eficiencia bajo la forma de una asociación pública y privada virtuosa”.

En párrafos anteriores había sostenido: “El crecimiento de la economía en Argentina y su posibilidad de desarrollo con trabajo bien remunerado solo se ha alcanzado con un patrón de acumulación sustentado en un modelo industrialista de sesgo exportador con valor agregado, con bajos volúmenes de deuda externa o con una correcta y responsable administración de la misma. Esto no significa negar la necesidad de una revisión de este modelo en lo que hace a las correcciones que demanda la estructura productiva de la Argentina, que nos permita profundizar el sesgo exportador, plantear una ineludible actualización laboral o contemplar la creación o transformación de empresas bajo la forma de una asociación pública y privada virtuosa, como se hizo con YPF antes de su desnacionalización”.

Por su parte, Kulfas sostiene: “El peronismo afronta un dilema crucial: es la fuerza política que ha hecho de la invocación al “Estado presente” una suerte de mantra, pero es difícil encontrar un elemento más asociado al Estado-Nación que la defensa de su propia moneda. El descuido monetario, expresado en el alza de la inflación, es una contradicción conceptual sobre la que se ha hecho caso omiso, a pesar de aquel discurso de asunción presidencial de Néstor Kirchner hace veinte años”.

De los tres documentos, el elaborado por Matías Kulfas es el más completo

Y agrega: “El peronismo convive aún hoy con sus propios fantasmas, donde por un lado sobrevuela una agenda setentista –con algunos rasgos anticapitalistas y asociada con los movimientos sociales de resistencia– y por otro una que busca ser más propositiva, moderna y acorde a los desafíos del siglo XXI. La centralidad que tuvo la figura de CFK en los últimos años representó un gran obstáculo para encontrar una adecuada síntesis acorde con los desafíos vigentes. Desde el punto de vista económico quedaron en evidencia las limitaciones del abordaje que tuvo el kirchnerismo en al menos tres aspectos: la subestimación del problema de la inflación, las contradicciones entre un proyecto productivo donde el sector empresario es visto recurrentemente con recelo y desconfianza, y cierta predilección por las políticas sociales y el conservadurismo en materia laboral.

Y concluye Kulfas: “La historia ha mostrado al peronismo como una fuerza capaz de promover el crecimiento económico con inclusión social, pero también con importantes limitaciones para darle sostenibilidad a ese proceso. Continúa siendo la fuerza política que mejor conecta con los sectores populares, más allá de este fenomenal tropiezo. La manera en que se reconfigurará tras esta derrota constituye un elemento muy importante para el devenir político de los próximos años”. 

Cristina Kirchner critica la economía de Alberto Fernández y Kulfas le asigna a ella quedarse en los 70
 

En sus conclusiones, Cristina Kirchner sostiene: “La dolarización de la economía argentina implicará la clausura definitiva a la posibilidad de desarrollar nuestro país con inclusión social. El país no va a tener más dólares. Al contrario, vamos a tener menos dólares porque vamos a afectar la competitividad de la mayoría de los sectores productivos generadores de divisas y aumentará el peso de la deuda externa en nuestra economía, que ya es agobiante”. Y sobre el plan de Milei, Kulfas dice: “La estabilización, probablemente a través de un programa de dolarización, es la única apuesta que le puede dar el consenso económico y social para avanzar en su agenda de reformas”. Pero coincide con Cristina en los perjuicios que tendría: “Argentina no saldrá de este atolladero sin atacar con paciencia y perseverancia sus problemas estructurales. A la quimera de la dolarización se le deberá contraponer el paciente camino de una reconstrucción monetaria con reglas de juego estables y previsibles, y una nueva carta orgánica para el Banco Central. A la fantasía del mercado autorregulado o de la omnipotencia estatal se le deberá responder con un camino de concertación entre diferentes sectores políticos y el sector privado que promueva la inversión productiva, la implementación de una moderna política industrial y tecnológica que sea coherente y estable y permita aprovechar las enormes potencialidades sectoriales. A la fantasía de un mundo de la globalización de los años 90 y los 2000, con un proyecto serio de integración regional abierto y pragmático. Al flagelo de la polarización política y la grieta, de excelente rentabilidad política en el corto plazo y rendimientos negativos en el mediano y largo, un acuerdo político de concertación con un núcleo de coincidencias estratégicas”.

Kulfas vuelve a criticar la visión económica cristinokirchnerista: “Los primeros esbozos autocríticos en los sectores vinculados a CFK apuntan a fortalecer su identidad, a volver a las políticas implementadas durante sus gobiernos, interpretando que la falta de apoyo electoral se debió a no haber sido consecuentes con aquellas políticas y dicha prédica, sin analizar los errores conceptuales ni los nuevos contextos locales e internacionales, ni las falencias de las políticas implementadas”.

Cristina Kirchner es aún más dura con el albertismo de Kulfas y Guzmán: “Durante la pandemia el gobierno reestructuró la deuda externa con bonistas privados contraída durante el gobierno de Mauricio Macri pero sin quita de intereses y escasa reducción de capital”. Siguió con: “Por otro lado y pese a obtener superávits comerciales muy importantes en los primeros años de gestión, el gobierno no logró la fortaleza necesaria en materia de reservas por una mala administración de los dólares obtenidos, en una Argentina en donde la tensión económica está indisolublemente ligada a la escasez o abundancia de dólares (...) Esta mala administración de las reservas se agravaría al final del gobierno ante el fenómeno de una fuerte sequía que hizo mermar el ingreso de miles de millones de dólares ante la caída de la cosecha”.

La mano derecha de Guzmán le responde a Cristina echándole la culpa por la pérdida de reservas del BCRA
 

Quien le salió a responder fue el exrepresentante de Martín Guzmán en el Banco Central y posteriormente secretario de Comercio del ministro, Guillermo Hang, con su documento titulado “¿En qué se gastaron los dólares del superávit comercial 2020-2023?”. 

Hang escribió: “Se impuso una visión mayoritaria en el gobierno del Frente de Todos consistente en reprimir la compra de divisas para ahorro y la distribución de dividendos al exterior, pero mucho menos restrictiva para los pagos de deuda privada y de empresas con participación pública en moneda extranjera y por la importación de servicios con empresas no vinculadas”.

Y, al revés, le echa la culpa al cristinokirchnerismo por la pérdida de reservas: “La visión del Ministerio de Economía remarcaba la necesidad de realizar un tratamiento cambiario diferente para hacer más costoso el pago de deudas y las importaciones de servicios. La forma de implementación propuesta consistía en un desdoblamiento formal de los tipos de cambio, con un cambio más bajo para el comercio de bienes y uno más de la mitad del desendeudamiento en moneda extranjera de las empresas locales fue con el mercado local. En una primera instancia los pagos de estas operaciones no generan una pérdida de reservas, pero al estar habilitadas las operaciones de canje a cuentas en el exterior, los cobros del capital pueden salir del sistema financiero local sin mayores restricciones. (...) Si se hubiese adoptado un esquema de desdoblamiento formal casi US$ 45 mil millones se habrían vendido a un tipo de cambio más elevado que el oficial, generado incentivos más compatibles con la refinanciación de las deudas y con la absorción de liquidez. Esto hubiera contribuido para que el BCRA gane algún margen de maniobra adicional para acumular reservas. Luego de los cambios de autoridades en el Ministerio de Economía a mediados de 2022, hacia fin de año se comenzaron a implementar programas de incentivo a las exportaciones de soja y otras producciones primarias y se utilizó con mayor énfasis el financiamiento externo privado con las casas matrices o empresas vinculadas”.

 

Y hacia el futuro propone: “Se deben contrapesar críticamente las ventajas y desventajas de los avances financieros a nivel global desde una mirada nacional. Es decir, comparar los beneficios de conformar un sector financiero más dinámico y competitivo contra las desventajas de perder capacidad regulatoria, lo que podría derivar en una mayor probabilidad de generación de eventos sistémicos (“corridas”), fraudes y/o de incremento de los flujos financieros ilícitos. Respecto del esquema cambiario para operaciones comerciales, se debería modificar la lógica de funcionamiento. Ante el creciente peso del comercio de servicios en las cadenas de valor globales, y dada la dificultad de valuar dichas operaciones, es recomendable inclinarse por arreglos cambiarios que apunten especialmente a incentivar una mayor liquidación de exportaciones de servicios por parte de las personas humanas y a desalentar los pagos al exterior por parte de las empresas”.

Una curiosidad con jactancia académica: los Guzmán boys, en lugar de usar el bimonetarismo al que se refiere recurrentemente Cristina Kirchner, apelan a la definición de “heteronomía monetaria”.

 

LA HISTORIA

Parte de lo más interesante de los documentos de Cristina Kirchner y Matías Kulfas es la selección de gráficos con que cada uno apoya su exposición a modo de evidencia. Cristina Kirchner utilizó cinco gráficos: Variación del PBI argentino de punta a punta por períodos desde 1945 a 2023 seguido de Variación del PBI argentino según la tasa anual, donde se demostraría que por año el crecimiento entre 2003 y 2005 fue de un promedio del 4,6% superior incluso al de Perón entre 1945 y 1955, que había sido del 3,3% anual. 

Los gráficos del documento de Cristina Kirchner.

Los gráficos del documento de Cristina Kirchner.

El tercer gráfico es la Participación del salario en el total de ingreso del país, mostrando que Perón arrancó una participación de los trabajadores del 43% del total de la generación de riqueza y la llevó hasta el 50% en 1954, lo mismo hizo Perón en 1974, casi el 51%, y Néstor Kirchner lo toma en 2003 en el 33% para llegar al último año de Cristina Kirchner al 53%, el más alto de la historia.

Los gráficos del documento de Cristina Kirchner.

El cuarto gráfico, titulado Evolución del PBI a valores constantes en millones de dólares... muestra un crecimiento constante en todos los períodos, obviamente por aumento de la población pero con mayor aumento en las tres presidencias de Néstor y Cristina Kirchner y una caída durante la presidencia de Macri.

Los gráficos del documento de Cristina Kirchner.

Y el quinto muestra el promedio anual de inversión extranjera directa por gobierno, del que resulta ganadora su segunda presidencia, fundamento que le permite evidenciar que sus políticas no fueron “contra el capital”.

Los gráficos del documento de Cristina Kirchner.

Por su parte, Matías Kulfas fue más prolífico en la utilización de gráficos que dieran soporte a sus ideas. El primero muestra la evolución del producto bruto per cápita (mejor que el total que mostraba Cristina, que crece solo por aumento poblacional) desde 1950 comparado con el de España, con el argentino real y el que hubiera podido ser según la reconocida fórmula de Anthony Thirlwall (1941-2023), quien postuló la existencia “de una tasa máxima a la que los países pueden crecer sin incurrir en desequilibrios externos, la cual está determinada por las elasticidades del comercio exterior, es decir, la que resulta de la demanda mundial de los productos que un país exporta y las necesidades de importaciones que están, a su vez, determinadas por la evolución del PIB”. Demostrando que Argentina, a pesar de no contar con las ventajas de subirse a la Unión Europea como España, podía haber crecido al mismo nivel que su madre patria. El “punto de divergencia” reconocido por todos es 1975, hasta esa fecha Argentina creció al 3,5% anual y a parir de allí se redujo a la mitad: 1,7% anual. A “comienzos de la década de 1970, ambos países tenían un PIB per cápita similar, aunque el argentino era levemente superior. En el año 1975, el PIB per cápita español era apenas un 10% más alto que el argentino, y hoy es el doble.

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

El segundo gráfico se concentra en el siglo XXI comparando el producto bruto en pesos constantes desde la salida de la crisis de la convertibilidad, la recuperación posterior, la coyuntural caída por las consecuencias de la crisis de las hipotecas en 2009, su recuperación en 2011 y a partir de allí doce años de estancamiento con la caída durante la pandemia.

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

El tercer gráfico es el más obvio, la tasa de inflación interanual síntoma del desorden macroeconómico. El problema de la inflación fue la subestimación de todos los gobiernos desde que Roberto Lavagna dejara el Ministerio de Economía, tanto Néstor como Cristina Kirchner, Macri y Alberto Fernández.

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

El cuarto gráfico, Producción y superficie sembrada en la agricultura, sustenta donde dice: “La producción agrícola creció notablemente, pasando de 64 a 143 millones de toneladas. Este crecimiento del 143% se explica por el aumento de la superficie sembrada, que pasó de 26 a 42 millones de hectáreas, y por el alza de la productividad, que pasó de 2,5 a 3,4 toneladas de producción por hectárea sembrada. En ambos aspectos, tuvo un papel importante el nuevo paquete tecnológico, dado que permitió ampliar la frontera agrícola, viabilizando la siembra en áreas donde antes no era rentable hacerlo y también debido al aumento del rendimiento que implicó el uso de estos nuevos métodos de producción. En dólares corrientes, esta expansión de la producción agrícola implicó pasar de 6 mil a 30 mil millones de dólares anuales de exportaciones”.  

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

El quinto gráfico de Kulfas es la producción industrial por habitante desde 1965 a 2021, que bajó a casi la mitad en 2002 respecto de 1974, nuevamente previo al “punto de divergencia”, recuperando el mismo valor alrededor de ¡¡2.200 dólares por habitante!! en 2011 para volver, al final de la presidencia de Macri, recuperándose modestamente en el gobierno de Alberto Fernández.

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

El sexto gráfico, en la misma línea, muestra la producción de petróleo, gas y exportaciones mineras en lo que va de este siglo mostrando “débiles avances en la producción de hidrocarburos y minería, a pesar del potencial existente. Recién en los últimos años comenzó a revertirse esta tendencia. La producción de petróleo declinó todo el período observándose una recuperación importante recién en los últimos dos años debido al despegue de Vaca Muerta (aun así, la producción de 2022 fue un 22% menor que la de 2000). Asimismo, la producción de gas declinó hasta 2014 y comenzó a recuperar los niveles de inicios de siglo”.

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

Y el gráfico 7, Gasto público en pesos contantes en “servicios económicos” (antes pérdidas de las empresas estatales luego en subsidios) de energía y combustibles de 1980 a 2022, señala: “La política energética ha sido el talón de Aquiles de este período, con un notable impacto negativo en las cuentas fiscales y en el sector externo. Es un hecho paradójico que el sector público esté desembolsando una cifra similar a la que erogaba en la década de 1980, básicamente porque en aquellos tiempos la administración del sistema energético era casi en su totalidad de propiedad estatal. Tras las privatizaciones de la década de 1990, dicho sistema pasó a manos privadas, pero los congelamientos tarifarios fueron incrementando el peso de los subsidios económicos hasta llegar a este peculiar resultado”, donde las pérdidas de las empresas publicas de los 80 es igual a los subsidios con empresas actuales”.

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

El gráfico 8: Empresas y empleo registrado en informática y exportaciones de economía del conocimiento: “Una buena noticia es la expansión de los servicios basados en el conocimiento, en particular en la producción de software y servicios informáticos. La cantidad de empresas de informática pasó de 2 mil a 5.900 entre los años 2000 y 2022, y el empleo registrado en ellas pasó de 27 mil a 140 mil personas en igual período. Asimismo, las exportaciones de la denominada economía del conocimiento, que incluye servicios profesionales, audiovisuales y otros, pasaron de 700 a 8.300 millones de dólares corrientes. Es destacable que, además de las buenas condiciones internacionales para el desarrollo de este sector y la existencia de recursos humanos cualificados, se hayan implementado leyes sectoriales que contribuyeron al crecimiento del sector (Ley de Software y Ley de Economía del Conocimiento)”. 

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

En el gráfico noveno se refleja el núcleo de la problemática social: Evolución de la tasa de pobreza y del gasto público social. “Las políticas públicas muestran algunos resultados paradójicos. Durante el presente siglo creció significativamente el gasto social (un 121% en términos reales) pero ello convive en la actualidad con elevados niveles de pobreza, la cual bajó 37 puntos porcentuales desde la crisis de 2002, pero volvió a subir en los últimos años, alcanzando el mismo nivel que tenía a comienzos de siglo. La paradoja es que el sector público gasta más del doble en política social que a comienzos de siglo, pero mantiene los mismos índices de pobreza. Asimismo, los beneficiarios de planes sociales pasaron de 150 mil en 2015 a 550 mil en 2019 y 1,3 millones en 2023. Mientras la economía crecía, la pobreza se redujo, pero cuando el crecimiento se detuvo, la pobreza volvió a subir con independencia de la magnitud del gasto social desembolsado”.

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

El gráfico décimo guarda relación con el anterior, es el gasto público en gasto social, pérdidas/subsidio de energía y combustible y promoción del sector industrial. “La inversión en políticas industriales es muy baja: menos que hace cuarenta años y mucho menos que lo que se destina a subsidios energéticos y gasto social. La política industrial ha quedado sujeta a vaivenes de corto plazo y, por ende, carentes de enfoque estratégico”.

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

El undécimo gráfico es el de Evolución del salario real de los trabajadores ocupados en el sector privado formal, que antes del salto inflacionario de 2023 se mantenía estable en alrededor de 160 mil pesos de 2022 después de haber alcanzado 180 mil pesos (también corregidos a valores de 2022) al final del último gobierno de Cristina Kirchner. “Durante los últimos años, y en consonancia con el débil desempeño macroeconómico, el empleo formal en el sector privado se mantuvo relativamente estancado en torno a los seis millones de trabajadores. No obstante, el desempleo se mantuvo en niveles bajos debido al impulso del empleo público (particularmente en la esfera provincial y municipal) y al empleo informal en el sector privado, por cuenta propia y nuevas modalidades, como plataformas. En este marco, la débil creación de empleo tradicional convivió primero con una caída del salario real, entre 2018 y 2019, y luego con su estabilidad durante los últimos tres años”.

Los gráficos del documento de Matías Kulfas.

Yendo hacia las oportunidades del futuro, Kulfas agrega un cuadro titulado Nuevos paradigmas en los sistemas productivos globales, donde se compara el modelo vigente en el auge globalizador con el actual, al que denomina globalización emergente. “Es posible caracterizar al actual contexto a partir de tres grandes transformaciones: tecnológicas, productivas y geopolíticas. Las últimas décadas han mostrado avances cruciales en materia de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y en sistemas de automatización, uso de big data e inteligencia artificial (es decir, aquello que engloba la denominada revolución industrial 4.0). Estos cambios facilitaron la fragmentación de la producción en diferentes países y la conformación de redes globales de producción. En este escenario, tuvo especial preponderancia el masivo traslado de unidades productivas hacia China y otros países de Asia, lo que constituyó uno de los grandes hitos de la globalización”. (...) 

Nuevos paradigmas en los sistemas productivos globales.

“En 2015, el año previo al triunfo de Trump, los países desarrollados representaban poco menos de la mitad de la producción industrial mundial (49%). China, de aquel insignificante 1,4% de solo treinta y cinco años antes, había pasado a representar el 26% del producto industrial mundial; otros países del este asiático concentraban el 12%, y América Latina, algo menos del 6%. Las redes mundiales de producción industrial se habían trasladado masivamente a Asia”. “(Pero) si la revolución en las TIC posibilitó ese fenómeno, la revolución 4.0 facilita el movimiento en sentido inverso. Si ahora es posible operar fábricas automatizadas, ¿para qué localizarlas en Asia, lejos de los grandes centros mundiales de consumo?”. 

“Esta etapa de la economía internacional muestra un renovado despliegue de políticas productivas, industriales y tecnológicas, tanto en países desarrollados como en numerosos países en desarrollo. Rodrik (Dani, profesor de Economía Política Internacional en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard) señala la posible emergencia de un nuevo paradigma productivista, donde el eje se desplaza de las finanzas, lo global y el consumismo a la producción, lo regional y el trabajo, abriendo nuevos desafíos para las políticas públicas”.

 

COROLARIO

A los economistas peronistas se les endilga preocuparse tanto por la microeconomía que se olvidan de la macro, en la que por vacancia se especializan los economistas de los partidos antiperonistas. “Si la macroeconomía funciona, todo lo demás funcionará solo”, sería la visión del neoliberalismo y más exacerbadamente de los libertarios.

Como lo “verdadero” es resultado de un consenso de intersubjetividades, resulta especialmente enriquecedor que distintas visiones de la economía se expresen e interactúen. Javier Milei acaba de decir que el “consenso (de Rodríguez Larreta) es corrupción”, esperemos que el consenso en el plano de las ideas no le resulte una “corrupción de la pureza” de ellas mismas.

El problema de la economía argentina fue (es) irse de un extremo al otro.

Volviendo sobre el texto de Cristina Kirchner, mencionó que “el hecho de haber sido el único gobierno que logró superávit fiscal desde 1961 y lo mantuvo durante seis años demuestra qué lejos estamos de ser paladines del déficit fiscal. Sin embargo, tenemos la comprensión de que ese instrumento no es el principal problema que tiene la economía argentina. Lo que tensiona y detona realmente la economía de nuestro país es el déficit en la balanza de pagos que significa, nada más ni nada menos, que la Argentina se empieza a quedar sin dólares”.  Y agrega: “Los efectos absolutamente desestabilizadores y devastadores que ha tenido sobre los gobiernos, las instituciones democráticas y la representación política de los partidos, la distorsión económica provocada por el endeudamiento desenfrenado al afectar el patrón de acumulación económica del país, agravar la restricción externa y profundizar su carácter bi-monetario”.

Así como los peronistas ponen foco en la micro y los antiperonistas en la macro, se podría decir también que los primeros ponen foco en aumentar los ingresos y los segundos en bajar los gastos. No hay una única herramienta, en cada momento una de las herramientas es la más adecuada pero siempre las otras deben persistir con algún grado de relevancia. El problema de la economía argentina fue (es) irse de un extremo al otro.

Solo a modo de ejemplo: el gobierno de Estados Unidos prohibió a sus connacionales invertir en 59 empresas chinas y conminó a todos los ingenieros de su país que trabajen en China a volver a Estados Unidos o a perder la ciudadanía norteamericana.

¿Argentina es un país decadente o estancado? ¿Está atrapado en la maldición de los países de ingresos medios? Kulfas cita el trabajo de los economistas Medeiros y Serrano sobre “desarrollo por invitación” asociado a la geopolítica: “El desarrollo industrial se desplazó hacia el este asiático en detrimento de Latinoamérica, que “no fue invitada”. La década perdida de los años 80 (tras el inicio de la emergencia industrial china) no sucedió solo en Argentina. México era un país de ingreso medio alto y también, si hubiera continuado su crecimiento, hoy tendría un PBI per cápita como el de España; Brasil es otro caso similar: a pesar de sus avances el ingreso per cápita nunca llega a superar el nivel de ingresos medios. En nuestros vecinos el producto bruto por cápita se estancó en la segunda década de este siglo pero no cayó como en el caso argentino, y todos resolvieron el problema de la inflación, síntoma de nuestro desorden macroeconómico pero no el problema en sí mismo.

Cerrando con Cristina Kirchner, el economista Samnuel Pessoa escribió en Folha de São Paulo: “Parece haber mayor racionalidad económica en su pensamiento”.