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COLUMNISTAS / opinion
domingo 23 febrero, 2020

Volver mejores. Volver peores

Frenemies. Alberto y Cristina, dos a quererse. Foto: cedoc
domingo 23 febrero, 2020

“De los cinco procesamientos (a Cristina Kirchner) dictados por el juez Claudio Bonadio, tres tienen a periodistas y medios relacionados con evidencias: la causa de los cuadernos, la de importación de gas natural licuado y la de subsidios al transporte. Y de los cuatro procesamientos del juez Julián Ercolini, otros tres tienen a periodistas y medios relacionados con evidencias: hotel Los Sauces, obras viales en Santa Cruz y la causa Hotesur. Desde que Montesquieu, en su célebre tratado Del espíritu de las leyes, delineó el sistema de separación y equilibrio de tres poderes, el periodismo fue cumpliendo su simbólica función de “cuarto poder” como auxiliar de la Justicia. Será muy difícil para Alberto Fernández atacar a la Justicia sin atacar a la vez a los medios”.

(“Sabelo 2: atacar a la Justicia atacará a los medios”, PERFIL 8/12/2019).

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Faltaban dos días para que asumiera Alberto Fernández cuando, desde esta columna, se describió el dilema que enfrentaría el nuevo presidente para cumplir su compromiso de limpiarle el camino judicial a su vicepresidenta. Ahora se agregaría su compromiso hasta con su adversario histórico dentro del gobierno de Néstor Kirchner, el ex ministro de Planificación Julio De Vido. Habría habido un llamado telefónico con altavoz donde después de que escuchara frases del tipo: “Vos qué te hacés el zapatitos blancos, que sos igual que todos nosotros”, otras irreproducibles y varios insultos, el Presidente habría comprendido que también la solución de las causas de determinados ex funcionarios kirchneristas eran un imperativo de su gestión.

El proyecto de ley que exime de prisión a acusados de corrupción beneficiaría también a Macri y sus funcionarios

Cuando se está en un laberinto se sale por arriba, prescribe el aforismo. Pero el kirchnerismo toscamente, con el primitivismo conceptual que fue siempre fuente de sus mayores errores, se esfuerza en chocar contra los mismos obstáculos: los medios. Y las senadoras del oficialismo María Eugenia Catalfamo, Ana María Ianni, Nancy González, Ana Claudia Almirón y María Pilatti Vergara propusieron una ley que permita declarar nula la prisión preventiva en causas de corrupción cuando se verifique “la publicación de contenidos por parte de uno o más medios de comunicación masiva que pudieran haber afectado la percepción pública respecto del principio de inocencia sobre el afectado por la resolución”.

Como bien dijo la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), se trata de “un proyecto desatinado y sin antecedentes en el mundo” y, más allá de sus posibilidades de progreso, hace evidente hasta dónde la imaginación de parte del kirchnerismo estaría dispuesta a avanzar. Al mismo tiempo quedarían libres Mauricio Macri y sus funcionarios del riesgo de prisiones preventivas sobre las varias denuncias que, por ejemplo, este diario vino haciendo los últimos cuatro años.

Ya no es más la época cuando cuatro tapas de Clarín tumbaban a un gobierno y hoy el oficialismo tiene menos preocupación por las críticas que se publican en los medios: “Ganamos con ellos en contra” pueden volver a decir. Pero sí es la época en que las denuncias producidas en los medios dan pie, y no pocas veces obligan a actuar de oficio a la Justicia. La correlación entre la prensa y el rol de la Justicia como control de los otros poderes es inherente al Estado de derecho y al sistema de división de poderes.

No solo en el kirchnerismo: desde gobiernos de derecha como los de Trump y Bolsonaro se discute cada vez más a la prensa por una razón lógica: a la Justicia se la controla desde los otros dos poderes, tanto a través del Consejo de Magistratura como nombrando o vetando jueces afines y hasta modificando su régimen de jubilaciones y generando numerosas vacantes por renuncias masivas. Al periodismo, no.

El proyecto de ley de anulación de las prisiones preventivas de las cinco senadoras oficialistas no tiene como foco defender directamente a Cristina Kirchner porque, por sus fueros, no corre riesgos de prisión preventiva, lo mismo que Máximo Kirchner. Quizá pudiera ser funcional a un eventual regreso sin riesgos judiciales a Argentina de Florencia Kirchner, quien carece de fueros legislativos.

El Gobierno puede tener éxito en la tarea de ir progresivamente desinflando la mayoría de las causas que pesan sobre su vicepresidenta y vaya pudiendo liberar a Cristina Kirchner de la mayoría de los procesos. Pero cuando se llegue al punto de que un tribunal oral pueda encaminarse hacia una sentencia condenatoria, probablemente en las causas por las que Cristina Kirchner fue procesada por el juez Julián Ercolini, a Alberto Fernández no le terminaría quedando otra alternativa que elegir entre ella y los principales diarios del país.

El dilema de Alberto Fernández se duplica: por un lado no podrá cumplir con su promesa del volver mejores en el campo institucional sin afectar su relación con su vicepresidenta, y por otro no podrá cumplir su promesa de volver mejores en el campo económico si se afectara su relación con su vicepresidenta porque un conflicto entre ellos trasladaría la inestabilidad política a los mercados. Le puede resultar más fácil la renegociación con el Fondo Monetario Internacional que solucionar la tensión entre Cristina Kirchner y los principales diarios.

El estigma de Alberto: Putin ya había hecho presidente a su jefe de Gabinete pasando él a ser su número dos

El profesor de Teoría General del Delito y Sistema de la Pena Alberto Fernández tuiteó en campaña el 1º de octubre, semanas antes de las elecciones: “Un abogado es alguien que defiende el Estado de derecho”. E ingresó a un laberinto al proclamar su defensa al Estado de derecho y simultáneamente sumarse a la tesis del lawfare; como venimos repitiendo, esa perspectiva de la realidad inculpa por igual a jueces, fiscales, periodistas y medios.

El Presidente debe confiar en sus dotes de equilibrista, su capacidad de convivir con contradicciones y de mentirse incluso a sí mismo más que a nadie. Pero más tarde o más temprano tendrá que decidir si realmente está dispuesto a sostener su promesa de “volver mejores” o se conforma con haber vuelto, aunque fuera iguales o peores.


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