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CóRDOBA / GABINETE 2020
domingo 13 octubre, 2019

Cómo piensa y escribe el ministeriable Matías Kulfas

En “Los tres kirchnerismos”, el economista y asesor de Alberto Fernández analiza las etapas de la gestión k y brunda señales sobre estrategia productiva, política industrial y Banco Central.

por José Busaniche

ELEGIDO. Junto a Cecilia Todesca, Matías Kulfas es uno de los economistas preferidos por Fernández. Tiene lugar asegurado en un eventual gabinete. Foto: Cedoc
domingo 13 octubre, 2019

El nombre de Matías Kulfas comenzó a ganar espacio en los medios desde el mes pasado. Con el contundente triunfo de Alberto Fernández en las PASO, buena parte de la atención mediática se posó sobre el economista, docente, exdirector del Banco Nación (2008-2012) y exgerente del Banco Central (2012-2013) que tendrá un lugar en el gabinete en caso de un triunfo albertista y que para muchos estará a cargo del Ministerio de Economía. En el fragor de la campaña abundan las definiciones de Kulfas sobre cómo resolver los críticos problemas de la macro local. En ese sentido, ya se pronunció en cuanto a la importancia de renegociar la deuda con el FMI, atender el fuerte nivel de incertidumbre y desconfianza antes que mirar tanto el tipo de cambio e incluso deslizó la posibilidad de pesificar las tarifas durante el período de transición.

Tres kirchnerismos. Más allá del ruido de las declaraciones en campaña un buen ejercicio para conocer cómo piensa Kulfas es tener en cuenta parte de su obra. Uno de sus trabajos más reveladores en ese sentido es su libro Los tres kirchnerismos. Una historia de la economía argentina 2003-2015, editado en 2016 por Siglo Veintiuno. Allí analiza los tres períodos de la gestión kirchnerista, de la que fue funcionario. El trabajo es interesante por la mirada analítica sobre lo que dejó cada una de las gestiones kirchneristas, en las que Kulfas encuentra momentos con logros y dificultades muy marcados. “El primer kirchnerismo, una vez superado lo peor de la crisis, se contentó con los buenos resultados de la recuperación macro y el renovado impulso de la demanda interna, protegida por un tipo de cambio real alto. El segundo kirchnerismo pareció tomar nota de ese déficit, pero sus herramientas no movieron el amperímetro y se vieron limitadas por la conflictividad con el agro y la crisis internacional. El tercer kirchnerismo chocó contra esas restricciones y se ocupó de gestionar la escasez, conservando logros y si bien pudo evitar daños de las cíclicas crisis, lo hizo a costa de estancamiento económico”, dijo.

Entre las críticas a las gestiones k señala que “la planificación de políticas de mediano y largo plazo ha sido una de las principales asignaturas pendientes de los tres kirchnerismos”. En el libro, Kulfas no solo analiza lo que dejó el kirchnerismo, sino que también brinda claves para pensar algunos aspectos centrales de la economía argentina:

-Nueva matriz distributiva. “Si queremos pensar una nueva matriz distributiva -estimular una mejora en los ingresos salariales que reduzca la desigualdad y elimine la pobreza- tendremos que analizar la matriz productiva, que requiere una reformulación. Para poder crecer de manera más acelerada sin que ello afecte en el corto plazo los desequilibrios en el sector externo es necesario estimular procesos de cambio estructural que permitan reducir los requerimientos de importaciones y estimular un mayor crecimiento de las exportaciones. La política industrial juega, entonces, un papel fundamental para moldear una nueva estructura”.

-Nueva industrialización. “Conviene mirar hacia adelante para establecer las bases de una nueva industrialización e identificar las demandas de bienes manufactureros de los próximos años. Como suele señalar Aldo Ferrer (fallecido en marzo de 2016), antes que sustituir las importaciones del pasado, hay que pensar cómo sustituir las del futuro, apelando al progreso técnico y la innovación. Esto no debería contraponerse al desarrollo de actividades basadas en recursos naturales”.

-Industria automotriz. “Mientras en 2013 el sector alimenticio hizo un aporte positivo al balance de divisas por US$6.300 millones, el resto de los sectores generó, en forma agregada, un déficit de US$21.800 millones, de los cuales el 38% correspondió a la industria automotriz. El crecimiento del uso de automotores en nuestro país, con su débil entramado industrial y su fuerte impacto sobre el balance de divisas, nos lleva a introducir una reflexión adicional: a quién beneficia este modelo productivo que genera una industria de baja integración nacional, con alto déficit de divisas y peores condiciones de vida urbana y suburbana en cuanto a movilidad”.

-Banco Central: “La independencia del Banco Central había sido consagrada en la reforma de 1992, en el marco de reformas estructurales de perfil neoliberal. Pretendía emular el esquema de funcionamiento de algunos bancos centrales de países desarrollados, donde el marco de estabilidad económica general permite planificar la política económica. Pero pretender extrapolar esos objetivos a países en desarrollo puede conducir a severas contradicciones. EL BCRA independiente y de objetivo único choca recurrentemente contra los objetivos de crecimiento e inclusión que impone una agenda de desarrollo. No resulta sensato que en un país democrático el Presidente elegido mediante voto popular deba supeditar sus objetivos de política económica a los designios que le impone el presidente del Banco Central”.


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