Hay algo en los sueños de infancia que, cuando se cuentan en voz alta, parecen demasiado grandes para ser ciertos. A veces no. A veces ocurre lo contrario. “Quiero jugar un Mundial”, dijo alguna vez un niño en la pequeña localidad de Calchín, Córdoba. Una frase que un gran porcentaje de los niños argentinos alguna vez lo hicieron. Pero ese nene que se puede ver un video viejo es nada más y nada menos que Julián Álvarez. El 'Arañita' lo decía con esa mezcla de timidez y certeza que tienen los chicos cuando todavía no aprendieron a dudar. Después agregó un nombre, casi como una obviedad: Lionel Messi. Y sonrió. Apenas un pibe en Calchín, un pueblo de poco más de dos mil habitantes, imaginando un futuro enorme.
Anoche, ese mismo pibe (ya sin la cara de niño pero con algo intacto en la mirada) llegó a los 150 goles como profesional. No hubo estridencias. No las hay casi nunca en su carrera. Fiel a su estilo. El 'Araña' hizo el primer gol de la goleada de la Selección argentina ante Zambia en la Bombonera. Su celebración fue medida. 14 goles con la Albiceleste, 150 en su carrera. El número aparece como un dato, una cifra redonda, pero detrás hay una constancia silenciosa, una forma de hacer que parece ir en contra del ruido que suele rodear al fútbol.
Porque Álvarez juega como vive: sin exageraciones.
El cordobés Julián Álvarez, un futbolista de época
En el Atlético de Madrid del 'Cholo' Simeone se volvió una pieza indispensable desde el movimiento, desde la presión, desde ese instinto que no siempre se mide en estadísticas pero que termina empujando la historia hacia adelante. Y en la Selección Argentina ya suma 14 goles hasta marzo de 2026, superando a Carlos Tevez (actual DT de Talleres) en la tabla histórica. No es un detalle menor en un país donde los delanteros suelen medirse en mitologías.
Cuatro de esos goles llegaron en el Mundial de Qatar 2022. Cuatro momentos que lo empujaron definitivamente a otro lugar. Porque no sólo cumplió aquel deseo infantil de jugar un Mundial: lo ganó, y siendo protagonista. Como si la fantasía no se hubiera conformado con realizarse, sino que hubiera decidido ir un poco más allá.
Después vinieron los otros: amistosos, Eliminatorias, Copa América. El último, anoche - 31 de marzo de 2026-, en un partido ante Zambia. Un gol más en una cuenta que no deja de crecer, pero que tampoco parece obsesionarlo.
En Calchín, mientras tanto, la historia se cuenta distinto. Allí, en la entrada del pueblo, una gigantografía recibe a los visitantes: “Bienvenidos a la tierra de Julián Álvarez”. No hay ironía ni exageración en esa frase. Es, simplemente, orgullo. El mismo que se repite en cada festejo, en cada madrugada, en cada partido que se sigue desde lejos.
Porque todo empezó ahí: en la escuelita del club del pueblo, corriendo detrás de una pelota con sus hermanos, sin saber (o tal vez sabiendo demasiado bien) que ese juego podía llevarlo lejos. Muy lejos.
La sorpresa que le dio Julián Álvarez a dos niños cordobeses
Su pasión por el fútbol nació desde nene, acompañando a sus dos hermanos a jugar al "fulbo". Se incorporó a la escuelita de fútbol del Club Atlético Calchín. Cuando tenía once años, un árbitro cordobés le comentó a Piero Foglia, histórico ojeador de juveniles de Córdoba, que tenía que ir a ver a un chico "distinto". Piero fue a verlo y lo confirmó. Y le consiguió una prueba en el Real Madrid. “Pensé que antes de llevarlo a España, lo tenía que monitorear en River o en Boca, que son las medidas más altas del Fútbol Argentino. Terminó quedando en los dos, pero yo ya le había dado la palabra a la gente del Madrid”, supo explicar Piero. A pesar del cambio de país, en su travesía europea continuó destacándose: jugó cinco partidos en el torneo Peralanda, marcó dos tantos y se consagró campeón. Sin embargo tuvo que retornar a la Argentina, debido a las restricciones de edad sobre los fichajes extranjeros que existen en España.
Volvió a su pueblo, siguió jugando; hasta que dos años después volvió a estar en el radar de River. “Me vieron en una prueba de jugadores Sub-15, en Embalse, y me dijeron si quería ir. No lo dudé porque ya era más grande y sabía que las oportunidades se me iban a acabar. Además, mi familia me apoyó totalmente y eso terminó de inclinar la balanza”, le explicó Julián una vez al sitio oficial de River. Luego su historia es conocida: llegó en enero de 2016 al 'Millonario' y, desde allí, su crecimiento fue exponencial: en 2018 fue sparring de la Selección Argentina en el Mundial de Rusia y luego integró los planteles albicelestes que disputaron el Mundial Sub 20 de Polonia 2019 y el Preolímpico Sudamericano de Colombia 2020. Anteriormente, hizo su debut en la Primera División de River con tan solo 18 años y rápidamente se transformó en una importante pieza para el entrenador Marcelo Gallardo, campeón de Copa Libertadores, bicampeón de América, campeón de la Finalisima, Campeón del mundo, y ahora va por su segundo Mundial.
Ciento cincuenta goles después, la historia de Álvarez no parece cerrarse en ningún lado. No hay sensación de llegada. Más bien lo contrario: como si cada cifra fuera apenas una estación.
Quizás porque todo empezó con un sueño que no conocía límites.
Y porque, en el fondo, todavía juega como aquel chico que sonreía al nombrar a Messi, como si le estuviera guiñando un ojo al destino.
