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CóRDOBA / SITUACION SOCIAL
domingo 19 enero, 2020

En los últimos cuatro años el Gran Córdoba sumó 40.000 nuevos pobres

Los datos corresponden a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec para los segundos trimestres comprendidos entre 2016 y 2019. Antes y después, no hay información disponible.

Juan Pablo Carranza

MAS QUE NUMEROS. En cuatro años, la cantidad de pobres en la Provincia pasó de 544.000 a 584.000. Foto: CEDOC PERFIL
domingo 19 enero, 2020

La pobreza es un flagelo crónico de la Argentina. Se ha consolidado ante la incapacidad de sucesivos gobiernos, de diferentes orientaciones ideológicas, por darle un corte definitivo. Durante el gobierno de Mauricio Macri, la pobreza pasó de afectar a un 32,6% de la población a un 36,9%.

“Por la meta que quiero que se me juzgue es si pude o no reducir la pobreza”, indicó el expresidente Macri y es la misma bandera que recogió el presidente Alberto Fernández en el inicio de su mandato, argumentando que “no hay nada más inmoral que no reaccionar” ante este problema. Los datos con los que se elaboró el presente informe corresponden a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec para los segundos trimestres comprendidos entre los años 2016 y 2019. Antes y después no hay información disponible.

Esto deja fuera de la medición a las devaluaciones ocurridas al inicio del mandato de Macri, con la salida del cepo cambiario, y al final del mismo, con la restauración del cepo. Y, como es sabido, las devaluaciones bruscas en Argentina reducen de manera sustancial el salario real y generan más pobres. Algunas mediciones alternativas ponen en 27% el porcentaje de pobres al inicio de la gestión anterior, y en torno al 40% al final. Pero se trata de mediciones no oficiales, que han generado polémica en torno a su metodología de cálculo.

¿Cuál es la situación en Córdoba? En el Gran Córdoba, la tasa de pobreza pasó del 35,8% en el segundo trimestre de 2016 a un 37,6% en 2019. Esto implica el paso de 544.000 personas en situación de pobreza de ingresos a 584.000 en cuatro años: 40.000 nuevos pobres en un aglomerado urbano en donde el crecimiento neto de la población fue de 31.000 personas en el mismo período. La pobreza creció 30% más que la población.

En Río Cuarto, en medio del boom de crecimiento del sector agropecuario registrado durante los últimos cuatro años, la situación es un tanto más grave. La pobreza de ingresos creció 3 puntos y medio entre 2016 y 2019, pasando a afectar a un 32,3% de la población, es decir, 59.800 personas: 7.200 nuevos pobres en una ciudad con 176.000 habitantes.

Alberto y los jubilados. Una de las principales medidas del Presidente Alberto Fernández fue disponer de un aumento excepcional para los jubilados de menores ingresos, a la par que realizaba un ajuste sobre una forma de actualización de los haberes que era insostenible para las finanzas públicas. Esta decisión implicó un aplanamiento de las diferencias entre los haberes mínimos y el resto del esquema jubilatorio.

La posición discursiva del presidente, al poner en el centro del debate a los jubilados, era la fuerte pérdida de poder adquisitivo que habían sufrido durante la gestión anterior, que rondaba un 20%. Si bien la pérdida de poder adquisitivo de los jubilados es cierta, no se trata de uno de los grupos más vulnerables de la sociedad cuando se habla de pobreza, al menos en términos relativos a otros grupos poblacionales.

En el Gran Córdoba, la tasa de pobreza en este grupo poblacional pasó de 13,5% en 2016 a 10,9% en 2019. La difícil situación de los más jóvenes.

Donde la situación muestra rasgos urgentes y desesperantes es en el grupo poblacional conformado por menores de 15 años. En Córdoba se pasó de una pobreza del 52,6% en 2016 (165.000 niñas y niños) a un 57,3% en 2019. La fría cifra implica que, en cuatro años, 20.000 niñas y niños menores de 15 años se han sumado a la pobreza.

En este grupo la situación es particularmente sensible, dado que se trata de niños que están creciendo en situaciones de carencias que condicionan sus posibilidades y afectan de manera permanente sus trayectorias de vida. A nivel nacional, en 2016 el 45% de los niños nacían en situación de pobreza. Al segundo trimestre de 2019, este porcentaje se elevó 10 puntos, llegando al 55%. Los números son fríos, pero en este caso hablan por sí mismos.

El problema de la pobreza en este rango etario no es nuevo. Todas las herramientas de gestión de todos los niveles de gobierno deberían estar apuntando a este grupo que, además, nos ofrece una ventana al futuro de un país poco feliz. La pobreza de ingresos implica carencias materiales y su persistencia afecta las prácticas de consumo cultural de quienes la sufren, transformando el problema de una situación coyuntural en algo estructural.

De no atacar de lleno el problema, nadie debería sorprenderse si, en 10 años, la tasa de pobreza total se ubica en torno al 60% de la población, reflejando lo que este grupo poblacional viene anunciando.

Sin embargo, no todas las señales son malas en este aspecto. En Córdoba, la tasa de niños y adolescentes pobres de entre 6 y 17 años que no asisten a la escuela bajó del 10,4% en 2016 a 4,2% en 2019. Si bien el sistema educativo público en Argentina tiene serias dificultades para constituirse en un dispositivo igualador de oportunidades, al menos ofrece algunas soluciones en términos de acceso a programas alimentarios.

El problema del empleo. Uno de los principales problemas de la economía argentina durante los últimos años fue la escasa generación de empleo. Esto tiene directa relación con el deterioro de la situación social reflejada en el aumento de la tasa de pobreza de ingresos.

En el Gran Córdoba la desocupación pasó del 11,5% en 2016 al 13,1% en 2019. Sin embargo, entre trabajadores en situación de pobreza, la desocupación creció 7 puntos en el mismo período, pasando de un 15,6% a un 22,9%. Este crecimiento en la tasa de desempleo no se debe solo a la destrucción de puestos de trabajo a causa de la crisis, sino que, además, nuevas personas se suman a la búsqueda de empleo ante el deterioro de la situación económica de los hogares. Resulta interesante analizar la ocupación previa de los desempleados a modo de estimar qué sectores sufrieron en mayor medida la caída en la actividad económica y destruyeron mayor cantidad de puestos de trabajo. En 2016 un 23% de los desocupados no tenían un empleo previo, un 15% registraban un empleo previo en la construcción y un 9% en el servicio doméstico.

En 2019 un 21% de las personas que se encontraban en la búsqueda de trabajo registraban un empleo previo en la construcción, un 19% no tenía empleo previo y un 11% había trabajado en el servicio doméstico. Se trata de sectores con una elevada tasa de informalidad y rotación, frecuentemente excluidos de un discurso político que encontró redituable hablar de empleo tecnológico y altamente calificado. A pesar, y probablemente a causa de ello, la construcción y el empleo doméstico son los más sensibles a los vaivenes de la economía .

Contra la percepción de la mayor parte de la población educada, estos sectores son, además, los que mayor cantidad de puestos de trabajo generan en nuestro país. La construcción generaba durante el segundo semestre de 2019 aproximadamente 1.110.000 puestos de trabajo a nivel nacional (76.000 en el Gran Córdoba), y el empleo doméstico 940.000 (47.000 en el Gran Córdoba).

Entre ambos sectores generan el 15% de los empleos a nivel nacional, 16,3% en el Gran Córdoba y deberían ser visibilizados para ocupar el centro de las políticas públicas orientadas a la contención social.


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