Mientras el calendario marca 2026, la política cordobesa ya discute el 2027. La primera sesión del año en la Unicameral estuvo lejos de ser un trámite institucional o una mera continuidad protocolar del discurso de apertura. Funcionó, más bien, como el primer capítulo explícito de la disputa por la sucesión provincial.
El recinto ya comenzó a operar en clave preelectoral. Un oficialismo a la defensiva y una oposición que acelera en la crítica, marcan el pulso de un hemiciclo atravesado por acusaciones cruzadas y lecturas de fin de ciclo que tensionarán el clima.
El debate en el arranque mismo del año legislativo llegó impregnado de la inercia del discurso político del domingo pasado del gobernador Martín Llaryora en Laboulaye, donde compartió escenario con los tres referentes opositores que aspiran a sucederlo: Luis Juez, Rodrigo de Loredo y Gabriel Bornoroni.
La imagen del triángulo opositor, leída como un gesto de convergencia, lejos de descomprimir tensiones las potenció. En el hemiciclo, el debate legislativo derivó rápidamente hacia una discusión política de fondo, con el telón electoral condicionando cada intervención y desplazando el eje del contenido al contexto preelectoral.
El año legislativo promete poco consenso y mucho clima de campaña.
Desde el arco opositor afirmaron que quien adelantó la campaña fue el propio gobernador. “El domingo quedó claro que quien largó la campaña fue Llaryora”, disparó el jefe del bloque del Frente Cívico, Walter Nostrala, y asoció ese movimiento a un gobierno que comete “errores” ante el “pánico, miedo y desesperación” por el fin de ciclo.
En su lectura, “el tono confrontativo del mandatario contra la oposición y las instituciones —en alusión a la disputa por el Tribunal de Cuentas— son la expresión de un poder que percibe el agotamiento del ciclo”. “Insulta a la oposición a los gritos, atropella las instituciones sin pudor, como un emperador, sin entender que estamos en Córdoba”, fustigó.
“Como nunca antes el peronismo siente que este largo ciclo llegó a su fin”, insistió al advertir del resultado de las legislativas 2025, antes de lanzar la estocada final: Llaryora “chocó la Ferrari que le entregaron” y “no está a la altura de la categoría”. “Irresponsablemente largó la campaña como si no tuviera temas que agobian a nuestra provincia y que necesitan urgente atención”, cerró el juecista.
El radicalismo también alimentó el fuego cruzado. Para el titular del bloque de la UCR, Matías Gvozdenovich, tanto el discurso del domingo como el debate del miércoles dejaron una sensación idéntica: la de un gobierno nervioso, sin respuestas estructurales, que reacciona atacando a la oposición, al Tribunal de Cuentas y, en particular, a la figura de De Loredo.
“Se les nota más la desesperación”, lanzó, y cuestionó el intento del oficialismo de correr a la oposición de su rol de control para hacerla responsable “del desastre que han hecho con la provincia”, acumulado —remarcó— tras dos años de la actual gestión y 24 años de gobiernos peronistas en Córdoba. “Hay un fin de ciclo”, juzgó.
Desde el PRO, Oscar Agost Carreño aportó una lectura complementaria, aunque no menos filosa. Observó en el discurso de Llaryora “chicanas y enojos sobreactuados” que, a su entender, confirman que el oficialismo “se puso en modo campaña”.
En ese marco, calificó de “infantil” la acusación de que la oposición está adelantando el proceso electoral y marcó una frontera política nítida: “El rol del oficialismo es gobernar y el de la oposición controlar y levantar la voz cuando algo está mal y eso no es hacer campaña, es cumplir su rol”.
Réplica oficialista
Ante el embate opositor, el PJ respondió cerrando filas y buscando invertir la carga política. El presidente provisorio de la Unicameral, Juan Manuel Llamosas, cuestionó el rechazo del interbloque Juntos por el Cambio (a excepción de cuatro radicales departamentales) a la ley que institucionaliza por 10 años la apertura de sesiones en el interior provincial y lo vinculó directamente con una intencionalidad electoral.
“Claramente ha comenzado el año electoral para parte de la oposición”, afirmó al poner en pausa su lado conciliador y levantar el perfil de choque, y describió al espacio cambiemista como “enardecido y enojado con los cordobeses porque no lo votan”.
En ese mismo sentido, Llamosas trazó una línea divisoria tajante entre oficialismo y oposición. Mientras unos “hablan”, otros “hacen”. “Para hablar está la oposición, para hacer estamos nosotros”, remató. El riocuartense defendió el rumbo de la gestión y planteó la necesidad de avanzar en más producción, más salud pública y más educación de calidad, sin “tirar por la borda el esfuerzo de todos estos años”.
Desde el PJ asumen que la oposición dio comienzo al año electoral .
El jefe del bloque oficialista, Facundo Torres, profundizó esa ofensiva política. Salió al cruce de lo que definió como la oposición halcón alineada con Juez y De Loredo y atribuyó el rechazo a la ley y las críticas al gobernador a una ansiedad electoral mal disimulada.
“Seguramente ha comenzado desde la oposición el proceso electoral”, cuestionó, y vinculó esa actitud a la dificultad histórica de los espacios opositores para construir una alternativa competitiva en la provincia.
Torres también puso el foco en el debate sobre la duración de la norma, ironizando sobre el argumento de que no puede votarse una ley a 10 años cuando al actual gobierno le restan dos de mandato. “¿Será que quien escribió la ley tiene la confianza de que vamos a volver a ser electos?”, deslizó, dejando al descubierto que detrás del cruce legislativo se juega una discusión más profunda: continuidad o recambio en el poder.
Escenario 2027
La sesión dejó así algo más que un debate legislativo intenso: dejó expuesto que el oficialismo y la oposición ya no discuten solo proyectos, sino futuro. El 2027 dejó de ser una fecha lejana para convertirse en el eje que ordena discursos, gestos y estrategias dentro del recinto.
La Unicameral comenzó a funcionar como un espacio de disputa anticipada por el poder. Cada intervención se leyó en clave de continuidad o recambio, y cada cruce reforzó la sensación de que el clima político ya entró en una fase de confrontación abierta.
Con un oficialismo que busca defender gestión y autoridad y una oposición que apuesta a instalar la idea de fin de ciclo, el año legislativo arranca atravesado por una tensión que promete escalar. Si este fue el primer capítulo, el 2026 parlamentario irrumpe con más fuego cruzado, poco consenso a la vista y una dinámica dominada por el clima de campaña.