Tras la foto y el diálogo que compartió en Laboulaye con Luis Juez y Gabriel Bornoroni —una señal de convergencia opositora—, Rodrigo de Loredo activó el modo “24/7” de su construcción política, con la mira puesta en llegar fortalecido a la carrera por la candidatura a gobernador. El año preelectoral, advierten en su entorno, será de máxima intensidad.
“Yo estoy 24/7 para ofrecer una alternativa a los cordobeses”, dijo el domingo pasado en el sur provincial, en un mensaje dirigido tanto a propios como a potenciales aliados del frente no peronista que fogonea para disputar el poder al PJ. La frase fue leída como una señal de diferenciación dentro de la interna opositora.
En ese marco, en los últimos días la casa de De Loredo volvió a convertirse en epicentro de cónclaves políticos con un objetivo claro: ordenar la estrategia opositora, aceitar la alianza con el vecinalismo que lidera Aurelio García Elorrio y avanzar en el rearmado de la escudería radical con fuerte anclaje territorial.
En primer turno, el dirigente radical —ya con traje de candidato— recibió a una delegación de Encuentro Vecinal Córdoba encabezada por García Elorrio, junto a referentes radicales de peso en el territorio. No fue el primer contacto entre las partes, pero sí el primero que trasciende públicamente, luego de meses de conversaciones reservadas y con una relación política ya consolidada.
De Loredo estuvo flanqueado por sus más cercanos, Alejandra Ferrero, Marcos Ferrer y Matías Gvozdenovich, además de Rubén Dagum y Roberto Casari de la cúpula del Foro de Intendentes. García Elorrio estuvo acompañado por María Rosa Marcone, Rodrigo Agrelo y el intendente Fernando Rambaldi (La Calera), entre otros.
Durante el extenso encuentro se analizaron distintos escenarios de la oposición. Si bien hubo coincidencias en las críticas al PJ gobernante y al deterioro institucional, el eje estuvo puesto en el armado electoral. Allí se planteó que el candidato deberá surgir de criterios objetivos: mediciones, despliegue territorial y capacidad de construir un equipo político competitivo. La discusión evitó los nombres propios y se concentró en condiciones y viabilidad.
Acuerdo entre partidos

El deloredismo insistió en que la principal lección de 2023 es la necesidad de definir previamente un método claro y consensuado para seleccionar candidaturas. La falta de reglas fue señalada como uno de los errores centrales del último proceso electoral.
En ese sentido, volvió a debatirse la posibilidad de internas, encuestas u otros mecanismos, con el compromiso de avanzar en una definición que evite repetir conflictos y fracturas. En ese esquema, García Elorrio se posicionó como un interlocutor válido entre los referentes opositores que buscarán converger en el frente no peronista.
Desde el vecinalismo se propuso avanzar en un acuerdo programático de 20 puntos de políticas públicas, como base común para una eventual convergencia de partidos. La idea es sellar primero un consenso de contenidos antes de cerrar candidaturas, con la intención de ampliar el armado a otras fuerzas opositoras.
Otro punto sensible qeu surgió de la conversación fue el malestar por los contactos individuales que La Libertad Avanza viene manteniendo con intendentes radicales. Desde el partido y el Foro de Intendentes advirtieron que esa estrategia solo genera tensiones internas y no fortalece al conjunto de la oposición.
Se recordaron antecedentes del PRO y de otros espacios que intentaron debilitar al radicalismo mediante acuerdos puntuales y terminaron sin resultados electorales. El mensaje del círculo más cerca a De Loredo fue directo: el diálogo debe ser institucional y entre fuerzas políticas, no a través de operaciones aisladas que terminan erosionando a todos.
Poder territorial
Como parte de su estrategia, De Loredo también encabezó un encuentro con más de sesenta concejales y tribunos de cuenta de toda la provincia, con fuerte presencia del interior y de localidades donde el radicalismo es oposición. Muchos de ellos se proyectan como candidatos locales, lo que le imprimió al cónclave un marcado tono electoral. Dos de las caras más visibles de ese foro son Lucía Allende (Alta Gracia) y Marco Puricelli (San Francisco).
Ante la tropa, el exdiputado repasó el proceso político desde 2021 hasta hoy, explicó las decisiones estratégicas que fue tomando y delineó el escenario que viene. El objetivo fue ordenar expectativas, alinear discursos y preparar el terreno para campañas locales que, en muchos distritos, estarán atadas a la disputa provincial.
Uno de los conceptos centrales fue la territorialidad radical, aunque con una actualización clave: hoy ese capital también se juega en el plano digital. Varios concejales coincidieron en la necesidad de potenciar el trabajo conjunto para amplificar mensajes y reducir la brecha digital.
Hubo espacio para preguntas y definiciones políticas. Se insistió en que la sociedad no demanda oposiciones fragmentadas y que el camino pasa por alianzas amplias, tanto provinciales como municipales, con identidad clara y diferencias explícitas, pero sin rupturas estériles. “La gente quiere ver a los partidos opositores trabajando juntos”, fue una de las ideas que atravesó el cónclave radical.
El cierre dejó un clima de “optimismo real” en torno al posicionamiento de la UCR, dijeron desde el entorno deloredista. Sin euforias ni gestos grandilocuentes, el mensaje fue pragmático: reglas claras, acuerdos programáticos y una oposición unida como condición indispensable para competir con un frente no peronista en 2027.