miércoles 16 de junio de 2021
CóRDOBA Cuatro años de un mundo cambiante
06-06-2021 00:25

Suspiros, brisas y tempestades

La vertiginosa realidad internacional a menudo descoloca a sus actores e intérpretes, en especial cuando factores inesperados patean tableros sostenidos por bases endebles. Pronósticos fallidos, “verdades” refutadas e incertidumbres en tiempos de pandemia.

06-06-2021 00:25

En la Historia de la Humanidad cuatro años pueden representar un suspiro o el vendaval que arrasa la realidad y cambia el destino de pueblos enteros; el tiempo que insumen mandatos que no dejan rastro alguno, o períodos cuya densidad no alcanzan a traducir ni los más avezados exégetas.

Lo que está más que claro es que en el mundo hiperconectado de hoy, donde medios tradicionales y alternativos bombardean con miles de noticias (verdaderas y falsas) por segundo, todo parece acelerarse. Así, algunas realidades o acontecimientos mutan con velocidad inusitada y en ese vértigo se cargan a actores e intérpretes de tramas con final abierto.

Nadie podía predecir cuatro años atrás que el magnate que llegó a la presidencia de Estados Unidos en noviembre de 2016 estaría esta semana cerrando por falta de quórum su blog “Desde el escritorio de Donald J. Trump”, que abriera hace apenas un mes con la intención de recuperar el espacio que le han vedado las redes sociales.

Muy pocos hubieran imaginado que el caprichoso empresario -que hace cuatro años amenazaba con tormentas de fuego a Kim Jong -un y al día siguiente calificaba al mandamás norcoreano como “buen muchacho”–, iba a abandonar la Casa Blanca por la puerta de atrás y envuelto en escándalos.

Las encuestas de comienzos de 2020 auguraban al candidato republicano su reelección en noviembre y más aún cuando sorteó sin sobresaltos el impeachment impulsado por los demócratas. Para entonces, todavía ni se había producido la muerte por asfixia del afroamericano George Floyd bajo la rodilla de un policía de Mineápolis, ni insinuaba su poder letal la pandemia del Covid -19 a la que Trump minimizó con su calculado negacionismo.

Las masivas marchas contra la violencia racial y policial que movilizaron no solo a la comunidad negra de Estados Unidos y los estragos que el coronavirus hizo en este país hasta llegar a los casi 600 mil muertos de hoy, patearon el tablero y catapultaron a la presidencia a Joe Biden, veterano representante del establishment político de Washington, acompañado por Kamala Harris, joven, hija de inmigrantes y primera mujer en llegar a la vicepresidencia.

El final de mandato de Trump fue –al decir de George W. Bush– digno de república bananera, con el magnate alegando sin pruebas fraude y sus partidarios más radicalizados (entre ellos los supremacistas blancos) tomando por asalto el Capitolio el pasado 6 de enero.

Negacionistas unidos. El tiempo dirá cuánto habrán incidido esta emergencia sanitaria global, sus cerca de cuatro millones de muertes y las decenas de millones de desamparados que quedarán como ominoso legado en los presentes políticos de cada nación. Brasil puede ser otro caso testigo.

Cuatro años atrás, destituida Dilma Rousseff con un golpe institucional disfrazado de impeachment, su exvice y sucesor Michel Temer gobernaba con popularidad cero e intercambiando favores políticos. Así eludía acusaciones mucho más sólidas que las usadas para derribar a la primera mujer en llegar al Planalto.

Hace casi cuatro años, en julio de 2017, Luiz Inácio Lula da Silva era condenado en primera instancia por corrupción pasiva por el entonces juez Sérgio Moro y su mentada Operación Lava Jato, entonces ponderada como el modelo a imitar para transparentar instituciones y gestión pública.

Fue en la batalla político-judicial que alcanzó otro hito con la detención del expresidente y líder sindical en abril de 2018, su encarcelamiento por 580 días y su eliminación de una carrera electoral para la cual las encuestas lo daban como favorito. Así se allanó el arribo al Planalto de Jair Messias Bolsonaro. Moro aceptó ser el ministro de Seguridad y Justicia del capitán ultraderechista y la tesis de Lawfare contra Lula, quedó casi demostrada.

Por si quedaban dudas, una sucesión de sentencias del Supremo Tribunal Federal (STF) terminó de despejarlas. En noviembre de 2019, el STF ordenó la libertad del líder del Partido de los Trabajadores. Y en marzo pasado, el máximo tribunal brasileño anuló todas las condenas contra el exmandatario y, más tarde, dictaminó que Moro había actuado de una manera parcial y contrario a Derecho junto a los fiscales del Lava Jato.

Con más de 471 mil muertos por un virus al que tildaba de gripezihna, en vísperas de una Copa América que su gobierno avaló pese a las críticas de todo el arco opositor, e investigado por una Comisión Parlamentaria que podría ser la antesala de un juicio político, Bolsonaro se recuesta en los militares con la mira en las presidenciales de 2022. Elecciones que hoy parecen muy lejanas pero para las que Lula, derrotado en tres contiendas, vencedor de otras dos y artífice de las dos victorias de Dilma, dice estar listo si lo necesitan.

Vértigo peruano. Las repercusiones de la Operación Lava Jato y los últimos fallos contra sus manipulaciones políticas atravesaron fronteras. También las denuncias y testimonios de Marcelo Odebrecht, ex CEO de la megaconstructora que fundara su abuelo y lleva su apellido.

Hace cuatro años, en el Perú que hoy elige presidente entre el docente y sindicalista rural Pedro Castillo y Keiko Fujimori, una de las incógnitas era saber si Pedro Pablo Kuczynski (PPK), que había derrotado por 40 mil votos a la hija de Alberto Fujimori en el balotaje de 2016, podría cumplir su promesa de un gobierno prístino y libre de negociados. Su declamación de transparencia duró menos de dos años. En marzo de 2018 PPK debió renunciar cuando salieron a la luz videos en los que parlamentarios de su fuerza negociaban con Kenji Fujimori (hermano de Keiko) su supervivencia en la presidencia a cambio de un indulto para Alberto Fujimori, preso por crímenes de lesa humanidad y corrupción.

Kuczynski  fue condenado a arresto domiciliario por lavado de dinero e ilícitos cometidos cuando era ministro de Alejandro Toledo, también bajo arresto en Estados Unidos a quien Perú solicitó su extradición. Las denuncias sobre Odebrecht también derivaron en detenciones de otros ex presidentes como Ollanta Humala y Alan García, quien el 17 de abril de 2019, cuando la policía fue a apresarlo, se quitó la vida.

La singular contienda de hoy en Perú tiene como antecedente la inestabilidad institucional reciente. Martín Vizcarra sucedió a PPK en marzo de 2018 y el 10 de noviembre de 2020 fue cesado por el Congreso que él había removido meses antes. Lo sucedió Manuel Moreno, quien apenas duró cinco días en un cargo que dejó en manos de Francisco Sagasti, que entregará el mando el 28 de julio.

El vértigo del poder sorprende. Nadie podía predecir en 2017 que Lenín Moreno, el ex vice de Rafael Correa que con apoyo de éste llegó al Palacio de Carondelet, se convertiría en principal detractor y enemigo del exmandatario.

Unos y otros. Pocos imaginaron que Sebastián Piñera, ganador del balotaje de 2017, enfrentaría dos años después las mayores movilizaciones desde el regreso de la democracia y una reforma que archivará para siempre la Constitución pergeñada en 1980 por la dictadura de Augusto Pinochet.

Nadie anticipó el golpe de estado de 2019 en Bolivia y mucho menos el regreso victorioso del MAS y de Evo Morales un año después. Tampoco previeron que en la Colombia que no refrendó la paz en 2016, se iniciarían en 2019 las protestas que hoy ponen en jaque al gobierno de Iván Duque y su mentor, Álvaro Uribe.

Pocos previeron que las fuerzas que recogieron banderas de los “Indignados” y contribuyeron a la caída del conservador Mariano Rajoy en 2018, como Podemos y Ciudadanos, quedarían relegadas meses atrás ante partidos tradicionales de España o la irrupción de la extrema derecha de Vox.

Tiempos de virajes en diferentes sentidos que parecen haber llegado a Israel, donde una coalición variopinta quizá por estas horas esté poniendo fin a las intenciones re-reeleccionistas de Benjamin Netanyahu, tras más de una década en el poder.

Cuatro años atrás, Emmanuel Macron llegaba al Palacio del Elíseo con su Republique en Marche. Aún le queda un año para revalidar su mandato. Revalidación que no intentará Angela Merkel en septiembre en Alemania. La negativa de la canciller a buscar un quinto período de gobierno abre interrogantes.

No parecen dispuestos a dar pasos al costado ni ceder protagonismos Vladimir Putin en Rusia y Xi Jinping en China.

Los tiempos del poder tienen diferentes velocidades. Lo complejo es advertir cuándo los soplos se convierten en vendavales, las brisas en tempestades. ¿Quién podría vaticinar hoy cómo será el mundo post-pandemia?

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