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CóRDOBA / Carlos Ahumada Kurtz
domingo 21 enero, 2018

Una década de intrigas, negocios, poder y fútbol

Hace 10 años, el cordobés-mejicano desembarcó en Talleres. Su reinado en Barrio Jardín duró apenas 19 meses, pero él nunca dejó de ser noticia. ¿Qué hace hoy este polémico personaje?

Hugo Caric

El último partido. Ahumada en Estudiantes de San Luis, donde repitió el fracaso de Talleres. Foto: CEDOC PERFIL

“Al balompié de Argentina entré por una situación circunstancial, de casualidad, como ha sucedido siempre en mis negocios... El Club Talleres de Córdoba es el equipo de mis amores cuando era niño”. 

(Carlos Ahumada Kurtz: “Derecho de réplica”, 2009) 

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Tras el pitazo inicial, hubo apenas dos toques. Los jugadores de Estudiantes de San Luis patearon la pelota afuera del campo del Kempes y se abrazaron para un minuto de protesta. Les debían cinco sueldos cuando el fixture los mandó a jugar a Córdoba el 7 de mayo de 2016. Y la televisación del partido para todo el país, nada menos que ante el Talleres puntero de la B Nacional, era una buena ocasión para visibilizar el conflicto. 

Los futbolistas locales adhirieron, respetuosos, con aplausos. También los 40 mil hinchas de la “T”. Ellos, más que nadie, sabían muy bien de qué se trataba. No hacía mucho tiempo atrás, el 20 de marzo de 2008, habían batido sus palmas en “La Boutique” para darle una bienvenida de mecenas a su nuevo gerenciador, el empresario Carlos Ahumada Kurtz. El mismo que seis años después era presidente de la entidad puntana que mantenía en vilo a sus futbolistas. 

Cayó nieve

En el aeropuerto de Ezeiza nadie se percató de su llegada. El 9 de julio de 2007, en Buenos Aires, no se habló de otra cosa que no fuera la histórica nevada. Para Ahumada, que hacía dos meses había recuperado su libertad tras 1.131 días en prisión en México, era la escala previa al desembarco en Córdoba. 

Fue el 5 de febrero de 2008 cuando el polifacético empresario “K” Carlos Granero –hermano del extitular del Sedronar José Granero- anunció la venta del 70 por ciento de Ateliers, la sociedad que había fundado para gerenciar a Talleres, club que desde fines de 2004 estaba quebrado y bajo administración judicial. El “Grupo Quart”, consorcio con emprendimientos en minería, construcción y hasta medios de comunicación en tierras aztecas, le había ganado la pulseada al otro interesado en comprar el manejo de la gestión deportiva de la “T”: el expreparador físico y socio del también mejicano “Grupo Pachuca Negocios y Fútbol”, Andrés Fassi. 

Los antecedentes del nuevo hombre fuerte del Mundo Albiazul no tardaron en acaparar la atención de la prensa local: condenas por blanqueo de activos, fraude y sobornos a políticos, probables vínculos con el cartel de Ciudad Juárez y dos gestiones fallidas en los clubes León y Santos Laguna, donde tuvo como mano derecha y director deportivo a Edgardo Codesal, el polémico y nunca bien recordado árbitro de la final Argentina-Alemania en el Mundial de Italia ‘90. 

“Gracias Ahumada”

Talleres fue el tercer club en la vida del enigmático empresario. O el sexto, si se tienen en cuenta sus declamadas experiencias como jugador en la escuela del América, en las “fuerzas básicas” de Toros Neza y en el equipo de una empresa propia al que inscribió en una liga barrial (“le puse el nombre de Valencia por el Valencia de España, en el que jugó mi gran ídolo del fútbol Mario Alberto Kempes, el Matador”). 

La puesta en escena inicial fue con todas las luces. La reinauguración de “La Boutique” mostró al nuevo hombre fuerte de la “T” y a su esposa Cecilia Gurza rodeados de jugadores históricos,  dirigentes “notables” e hinchas que lucían camisetas alusivas al desembarco. En el palco de autoridades, Ahumada se mostró con el intendente cordobés Daniel Giacomino, su vecino en el exclusivo Country Jockey Club, a quien sedujo con la idea de emprender una ambiciosa obra de cloacas en la zona sur de la ciudad. 

El acercamiento al poder de turno era una vieja y redituable costumbre: en México, una estrechísima relación con la alcaldesa del DF Rosario Robles le había permitido acceder a numerosas licitaciones e influenciar en las políticas de gobierno. Hasta que las partes se desconocieron y aparecieron las filmaciones de coimas a miembros del Partido Revolucionario Democrático (PRD) que en 2004, desataron un terremoto político y postergaron las aspiraciones presidenciales del candidato Andrés Manuel López Obrador. 

Muy verde

“Nadie nos escuchó cuando advertimos sobre Ahumada y sus antecedentes, y eso que acudimos a la Comisión de Deportes de la Legislatura y de la Cámara de Diputados, al despacho del mismísimo juez de la quiebra, a la prensa y hasta llevamos nuestra lucha a la pantalla grande, en el documental 'Fútbol Violencia S.A.' Le bastaron unos tarros de pintura y algunas luces para meterse a la gente en el bolsillo, y muchos estaban obnubilados por su extravagancia, su carisma y su equipo de figuras rimbombantes. Había llegado a Córdoba ‘El Mesías’, como lo supo llamar un periodista. ¡Si hasta un hincha le compuso un tema musical que resonaba a diario en un programa partidario radial!”, recordó Nicolás Martínez Dalke, uno de los socios que lideró la lucha contra el gerenciamiento en la “T”.  

Ahumada no escatimó fondos para la remodelación de “la Boutique”, tarea que le encomendó a Carlos Merino, hoy directivo de Talleres y hombre del “círculo rojo” del presidente Fassi. Pero su abultada billetera no pudo lograr que el equipo funcione. Cinco meses después de su llegada, y tras pelearse con dos entrenadores (Insúa y Comizzo), la “T” debió revalidar su plaza en la B Nacional con el Racing cordobés. Humberto Grondona, manager del club e hijo del entonces mandamás de la AFA, terminó dirigiendo a un equipo que deambulaba por las canchas luciendo un llamativo uniforme de color verde, a imagen y semejanza del León de México, que fue furor en las tiendas deportivas. 

Por entonces, los escándalos ya estaban a la orden del día. Un par de meses atrás, en Buenos Aires, Ahumada había intentado evadir un pedido de arresto de Interpol por una causa pendiente en el exterior: lo encontraron en el baúl del auto que conducía el exfutbolista Martín Vilallonga, por entonces su mano derecha en Ateliers. La debacle no tardaría en llegar (ver "Crónica de un descenso...").


Tardecitas puntanas

El 3 de marzo de 2010, la noticia llegó desde San Luis y pegó fuerte en Córdoba: “Promotora Deportiva”, empresa de Ahumada, se hacía cargo por 10 años del gerenciamiento del fútbol de Juventud Unida Universitario, otro equipo del Argentino A. El acuerdo excluía expresamente a la mutual del club, cuyo manejo terminaría siendo, más temprano que tarde, la piedra de la discordia. 

Hasta ese momento, San Luis no era una buena referencia para Ahumada: Roberto Saporiti, el último DT que contrató en Talleres, lo había acusado de tirarle la barra en contra en un partido que se había jugado en el estadio “Juan Gilberto Funes” de La Punta cinco meses atrás. Aquel  episodio generó denuncias cruzadas en Tribunales, y también formó parte de una investigación que la fiscal Liliana Sánchez inició tras la denuncia de la legisladora provincial Nadia Fernández. 

¿Otra “perlita”? En el voluminoso expediente de esa causa, hoy adormecida, figura una declaración de Ahumada del 1 de abril de 2010 en la que niega todos los hechos sobre los que se le pregunta. Entre ellos, una supuesta extorsión al futbolista Federico Lussenhoff , “consistente en no abonarle una suma de dinero adeudada (estimada en 30 mil dólares) con el objeto de obligar a este a disminuir en su rendimiento deportivo" en el partido Talleres-Juventud Unida de San Luis del 11 de octubre de 2009. 

“Yo me pregunto: ¿si salió en todos lados lo que Ahumada hizo en Talleres y el tipo tiene una causa en la Justicia, por qué lo contratás? La respuesta es obvia: porque, lejos de querer salvar a tu club, también querés robar un poco”, sostiene Mónica Nizzardo, de la ONG “Salvemos al Fútbol”, también querellante en la causa iniciada en Córdoba contra el exgerenciador albiazul. 

¿Calle angosta?

En San Luis, Ahumada no transitó por una vereda sola. Tras quedar fuera de juego en Juventud, el 17 de agosto de 2011, “Promotora Deportiva SA” empezó a coquetear con Estudiantes. Tres meses después, el 14 de noviembre de 2011, el cordobés-mejicano consumó un nuevo matrimonio por conveniencia al ser elegido como presidente de ese club. Quien ofició de Celestino, en este caso, fue Bartolomé Abdala, líder del PRO puntano.  

En su comisión directiva incluyó como primer vocal el exfutbolista Daniel Valencia, quien también lo había acompañado en las dos experiencias anteriores. (“No tengo ningún interés de opinar de este tema. Me pone triste y me hace mal”, se excusó ante PERFIL CÓRDOBA el campeón mundial del ‘78). De su paso por Talleres también rescató al excomisario mayor Carlos Góngora, quien oficiaba como jefe de seguridad y reclutaba como custodios a ex miembros del Grupo Eter. Otra celebridad ocuparía la secretaría de actas: Evelyn Manchón, Miss Argentina 2009, hija del jefe policial de San Luis y flamante novia de Ahumada. 

En tres años, Estudiantes pasó de jugar la liga local a la B Nacional. Por entonces, el otrora “Señor de los sobornos” disfrutaba de las mieles del éxito, fantaseaba con ser la máxima autoridad del fútbol local y sacaba provecho de su cercanía con el gobernador Claudio Poggi, un habitué en los partidos del Verde, para posicionarse en otros rubros de su interés, como la minería y las energías alternativas. A esa altura ya tenía claro que el espectáculo no era lo suyo: ni siquiera había podido “salir hecho” con un polémico recital de Luis Miguel, donde hasta se llegó a hablar de un “doble” que alternaba en el escenario con el cantante mejicano. 

A mediados de 2015, una vieja escucha telefónica que tenía como principal interlocutor al fallecido Julio Grondona pareció revelar la fórmula del éxito: “el único equipo que yo quiero, que me preocupa, es Estudiantes de San Luis”, le decía “Don Julio”  a Gustavo Ceresa, titular del Consejo Federal de la AFA. Ya sin Grondona, Ahumada operaría en tándem con Claudio “Chiqui” Tapia para evitar el ascenso de Marcelo Tinelli al sillón de “Don Julio” y direccionar voluntades hacia la figura de Luis Segura en la compulsa de diciembre de 2015 que terminó 38 a 38 tras el sufragio de… ¡75 electores! 

Se hizo humo

En San Luis, poco y nada se sabe de él. Ni en el exclusivo country Los Quebrachos, donde vivía, ni en Pessa, la empresa con la que proyectaba construir “el parque solar más grande de la Argentina”. Mucho menos en Estudiantes, donde pegó el portazo el 5 de octubre de 2016, denunciando una “campaña de hostigamiento” del gobierno de Alberto Rodríguez Saá y reclamando 18 millones de pesos en su carácter de principal acreedor de la entidad. 

“Ahumada se fue muy mal de San Luis. Y teóricamente abandonó todos los emprendimientos que tenía aquí. En sus últimos meses en Estudiantes llevó al equipo a jugar de local en Buenos Aires porque decía no tener el apoyo de nuestra provincia y a los jugadores los tenía incomunicados, casi secuestrados, en un predio de Pilar”, refiere Daniel Valdez, periodista del diario puntano “La República”. 

Más allá de sus vaivenes con el fútbol (sondeó al empresario Daniel Vila para intentar aterrizar en Independiente Rivadavia de Mendoza), Ahumada siempre es noticia. Martín Lanatta, uno de los condenados por el Triple Crimen de General Rodríguez, lo involucró ante la jueza María Servini de Cubría en el negocio de la efedrina en el país. Por este testimonio, el exlegislador porteño Gustavo Vera hizo una presentación en la Justicia Federal para que se investiguen los vínculos de Ahumada y de Granero, su ex socio en Ateliers, con el ex jefe de gabinete Aníbal Fernández. 

En México, Ahumada fue relacionado con el tráfico de uranio a China y con los Caballeros Templarios, un poderoso cartel que opera en el estado de Michoacán.  

Tras admitir como “un error” su idilio con el exgerenciador de Talleres, Rosario Robles, actual secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano de México, demandó por extorsión, fraude y uso de documentos falsos al empresario, quien a la vez le reclamaba judicialmente el pago de una cifra millonaria. 

Representando al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), partido que fundó en 2014, Andrés Manuel López Obrador es el candidato mejor posicionado para los comicios presidenciales de julio próximo en el país azteca. Lo avalan las encuestas. También los 7.400 kilómetros de distancia con el barrio porteño de Recoleta, lugar donde hoy reside quien hace 13 años fue la principal piedra en su zapato.  

Crónica de un descenso anunciado

Cuando el juez Carlos Tale le quitó el gerenciamiento, el 8 de septiembre de 2009, la gestión Ahumada había acumulado una deuda de cinco millones de pesos en 19 meses y Talleres ya estaba en el Argentino A. 

El empresario estaba imputado en Tribunales II, por “agresión agravada por la infracción a la ley 23,184 (violencia en espectáculos deportivos), coacción, coacción calificada e incitación a la violencia colectiva”, y en los juzgados federales de Comodoro Py, por “intimidación pública”. Tras fallidos intentos de promover el juicio político de Tale y el apartamiento de Saúl Silvestre, el nuevo magistrado de la quiebra, Ahumada se marchó dejando un club en penumbras. Hasta se llevó las luminarias que había puesto en la cancha. “Mis tres hijos me ayudaron a elegir a algunos de los jugadores para Talleres cuando empezó mi gerenciamiento”, reconoció en su libro “Derecho de réplica”. Como si se hubiera tratado de un juego. 

“Ahumada no fue un accidente en Talleres, fue parte de un plan pergeñado por AFA y los dueños del fútbol para seguir haciendo sus negocios, en desmedro del sentimiento de los hinchas y de las instituciones”, reflexionó el socio albiazul Matínez Dalke, hoy concejal del PJ en Mendiolaza. 


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