CULTURA
muestra

Capas de sentido

Cubriendo más de medio siglo de producción artística, se presenta en el Malba la primera muestra de la artista brasileña Anna Maria Maiolino, compuesta por más de doscientas piezas entre grabados, pinturas, instalaciones, esculturas y fotografías pasadas y recientes. Con curaduría de Paulo Miyada.

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Sintonía. Las manos de la artista están en cada objeto; no solo de una manera literal sino denotando ese ejercicio y memoria de la producción. | gza. malba

Anna es un palíndromo. Una palabra que se puede leer igual en un sentido que en otro y su etimología enseña que viene del griego, palin dromos, “volver a ir atrás”. Anna es el primer nombre de la artista brasileña Anna Maria Maiolino, y la posibilidad que da su nombre, esa de ir y venir, de adelante para atrás, y empezar de nuevo, dibuja el mapa de su trayectoria y de la concepción de muchas de sus obras. Por lo pronto, la disposición de las obras en su muestra, curada por Paulo Miyada, aludiría, desde mi interpretación, a esa figura serpenteante que la retórica también nombra con una palabra hermosa: bustrófedon, por la huella que deja el buey en el campo, mientras lo recorre de un lado y da la vuelta y retoma camino para el otro. Palíndromo y bustrófedon, entonces, se enlazan para desandar (y poner en marcha) una mirada sobre la vida (y las obras) de una de las artistas más importantes de su generación. 

La exhibición que se inauguró en el Malba lleva por título Schhhiii, una onomatopeya que traduce a la versión brasileña de la exposición, el título Psssiiiuuu…, que, a su vez, es un poema que escribió Maiolino en 1996. Otra vez la semántica colabora y explica: las onomatopeyas son formas del lenguaje que “acercan” un poco más esa relación arbitraria entre el significado y el significante. Con ese silbido, la cosa a la que refiere se vuelve más próxima. Pedir silencio pero, además, expresar un deseo; chiflar para llamar la atención de alguien y brindarle nuestro encanto. 

Si bien la exposición recorre muchos años de la vida de esta artista nacida en Scalea (Italia) en 1942, no sería justo tomarla como una retrospectiva cronológica. Lo mejor es dejarse llevar por un hilo invisible, aunque fuerte y de buen agarre, que une arte y vida en esa busca permanente de Maiolino para conectar en sus obras las experiencias primarias del lenguaje, el cuerpo y la subjetividad. 

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De Italia a Caracas, a mediados de los años 50, cuando la situación en Europa era de miseria y catástrofe, de ahí a Río de Janeiro a comienzos de 1960 y sus primeros experimentos artísticos la conectan con momentos claves de la historia del arte brasileño: el movimiento de la Nueva Figuración, el Neoconcretismo y la Nueva Objetividad Brasileña. Posteriormente, se la asoció con las neovanguardias en Europa (particularmente en Italia) y el Minimalismo y el Conceptualismo en Estados Unidos. 

En 1968, Maiolino se mudó a Nueva York y se alejó de la representación hacia el minimalismo y el conceptualismo. Volvió a Brasil, dos años después, y de esa época son algunos de su trabajos con papel y dibujos, en la línea de experimentación con las prácticas de la época vinculadas al Neoconcretismo: Mapas mentales (1971-74), Proyectos construidos (1972), Print Objects (1971-72), Drawing Objects (1971-76) y su serie Book Objects (1971-76) son algunos de los trabajos de estos años. También hizo instalaciones, películas y performances, ya entrada la década siguiente. 

 En 1989, Maiolino llegó a Buenos Aires, conoció a Víctor Grippo, de quien fue pareja y comenzó a trabajar con arcilla. Desde entonces, ha seguido explorando este material básico, apoyándose en procesos tradicionales que requieren mucha mano de obra, como el modelado, la fabricación de moldes y la fundición. Con este material hace un énfasis en la repetición como unidad básica de la acción y de la creación artística. Sus manos están en cada objeto; no solo de una manera literal sino denotando ese ejercicio y memoria de la producción. 

Anna escribe su nombre en una pieza de las 200 que están dispuestas en las salas del museo. La palabra va de una boca a la otra y de esa manera instala la circularidad del nombre y del itinerario de ella con sus viajes, con el diálogo entre opuestos, materialidades y vacíos, la dupla interior/exterior, lo inacabado y el tráfico entre la vida cotidiana, las labores femeninas y el arte que se disuelve al estar tan conectado. Como en su otra obra, una fotoperformance de 1976, Por um fio. Las tres generaciones de mujeres, Anna en el medio, con un hilo que va de boca en boca. Anna para un lado, el de su madre; Anna, para el otro, el de su hija. Como la literatura del cordel, esa que cuenta historias que se atan y cuelgan para hacer de la narración un tiempo y un espacio, las obras de Maiolino están sujetas por ese lazo transparente que las mantiene unidas y hace que resalte su belleza extraña.

 

Anna María Maiolino

Schhhhiiii…

 

Hasta febrero de 2023

Fundación Malba. Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires

Av. Figueroa Alcorta 3415

Buenos Aires, Argentina