Graciela Aráoz, poeta, filóloga, investigadora y gestora cultural, nació en Villa Mercedes, provincia de San Luis, reside actualmente, y desde hace décadas, en Buenos Aires. Integró el consejo de redacción de la revista Último Reino, dirigida por el poeta Víctor Redondo, cuyo primer número apareció en épocas aún oscuras, julio de 1979, dándole el puntapié inicial a un proceso en el que posteriormente aparecerían otras publicaciones, brindándole al género visibilidad y presencia pública. En años posteriores, Graciela Aráoz participó, junto a Víctor Redondo y otros poetas y escritores, de la fundación de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA), institución que presidió en distintas oportunidades, y desde la cual ideó, creó y dirigió, el reconocido a nivel internacional FIP, Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires. Sin embargo, quizá su mayor acierto haya sido haber impulsado y luchado hasta su aprobación del RAL –Reconocimiento a la Actividad Literaria/Ley 3014 de la Legislatura y Gobierno de la Ciudad.
En esta ocasión nos presenta su último volumen de poemas, El río que escribo, título dividido en “Escrito en el agua”, “Río Quinto, San Luis, después” y “Mar desnudo, desnudo mar”. En ellos nos brinda pistas, indicaciones, a través de citas, epígrafes, alusiones, intertextos que podríamos denominar una guía a su lectura, a los misterios de su poética. En ella aparecen Alda Merini, Gertrude Stein, El joven Werther (Goethe), Alfons Mucha, Joaquín Sorolla, Karen Blixen, Margaret Atwood, Elisabeth Bishop, Lord Byron, Shakespeare, Leonard Cohen, Luisa Futuransky, Bukowski, Capote, Anaïs Nin y Vangelis.
En estos tiempos en que muchos poetas apelan a la primera persona del singular, a la que dotan de formas y modos exageradamente autocelebratorios, el uso del Yo en El río que escribo adopta distintas intensidades, no se desliza hacia lo meramente anecdótico; a diferencia de aquellos, tiene mucho que decir. Haciéndonos partícipes en carne propia, cómplices, de sus experiencias, del dolor y la pérdida del ser amado, de un mundo ideal que en apariencia será irrecuperable, hechos que deben ser doblemente celebrados, pues el libro está dedicado a la situación de la mujer en el mundo contemporáneo y nos alienta a comprender sus vicisitudes. Nos dice la autora: “Soy vulnerable de la única manera que sé serlo/ con mi cuerpo”; “La vida se mira en esa sutil línea donde quedó la vida entera/Escribo/ lo que alguna vez fue”.
La expresión de los sentimientos, las emociones y el complejo mundo interior de la emisora ponen de manifiesto momentos líricos alimentados por imágenes fulgentes: “El instante./ Dos mundos/ un puente/ y la sombra de las sombras”; “Los fragmentos del alma se recomponen/ hay tiempo para dejarse ver por otros ojos/ otro cuerpo”; “Los retratos son tiempo y el tiempo una sombra vana”; “La que se mira y siente/ que el viaje conduce/ a la estación terminal del desencuentro”; “Templanza/ olas y lobas cantan/ esa música/ que el cielo transforma”; “La gota que dejaba la lluvia/ en la casa de los pájaros”; “Ante el paraíso de la locura/ los más bellos poemas se fragmentan/ en la Piel// de un altar vacío”.
En la última página, Aráoz revela: “Este libro está escrito en el agua de los ríos con altares”. Las aguas de estos ríos fluyen en continuo movimiento, escribir en ellas es un hecho que corporiza la fugacidad, el instante como medida del tiempo, del propio y ajeno. Palabras arrastradas por la corriente que El río que escribo rescata y salva, para nuestra felicidad, e incluye en su rico y luminoso universo poético.
El río que escribo
Autora: Graciela Aráoz
Género: poesía
Otras obras de la autora: Diabla; Itinerario del fuego; El protegido del ciervo; Equipaje de silencio
Editorial: Ril, $ 22.700