Melina Alexia Varnavoglou irrumpe en la poesía argentina como un vendaval. Sus versos terminan en punta, emulando viejas lanzas guerreras. No es complaciente con los aires de época que suelen obligar a una corrección formal y moral, lindante con el conservadurismo. Recogiendo el guante de las vanguardias del siglo XX, Varnavoglou no teme incomodar: su tono hoy mancilla las paredes blancas del templo de la poesía: estos poemas explotan, cuestionan toda forma de adocenamiento. Maximalista, insolente, consciente de que la poesía verdadera es un strip-tease y el pudor, un profiláctico para almas sensibles.
No hay nada más porno que desnudar la mente y mostrarla en su funcionamiento íntimo, desmontar sus piezas y ponerlas bajo un microscopio cruel. Suena raro todo esto en medio de la asepsia que propone la mayoría. ¡Hasta se ha vuelto a la poesía rimada y medida estrictamente! Por suerte, esta poeta se atreve a desafiar límites y peajes, se niega a la dosis homeopática y nos ofrece versos sangrando de una herida fresca: “Mi mente es:/ una cinta transportadora/ un disco rayado/ una bujía sin cilindro/ una canilla girando en falso/ un billete arrugado que la ventanilla rechaza/ un encendedor gastado en la piedrita”. Esos estados mentales se convierten en pequeños manifiestos contraculturales. Las cosas parecen no andar bien en la comunidad y Varnavoglou enciende la alarma de incendio: estamos en medio de las llamas y parece que no nos dimos cuenta.
Extrayendo data de la realidad circundante, Varnavoglou traza diagramas impiadosos: “Si la ansiedad es el mal de la época/ es porque hay algunas ansias en crisis/ ansias profundas de despertar sin internet/ ansias profundas de bailar fuera de vista/ ansias profundas de dar un beso sin explicación (…) yo no estoy ansiosa, yo ansío”.
Rara avis para la poesía del siglo XXI, Varnavoglou se propuso decirlo todo: “Ya quisiera yo tener/ esas voces diáfanas/transparentes, el sonido les sale/ grácil del cogote como una miel/ como las de las noviecitas/ como las de las madres buenas/ pero ¿qué le voy a hacer? es esta./ Intentaré no estropearla/ con demasiados cigarrillos y malos poemas”, dice en Insoportable voz.
Un ser humano levantando la tapa de los sesos como un sombrero, hoy es una proeza. Desde la tapa de Los poemas pornopsiquiátricos, Melina nos mira como una Ana Magnani desafiando el puñal fascista, y no se amedrenta. Los versos se estrellan contra un acantilado, una y otra vez, como promesas rotas. La medicación nunca alcanza y los manuales del vivir están desactualizados. Las líneas de estos poemas son torcidas porque siguen el camino de los que perdieron el rumbo en el caos de la hiperinformación.
Varnavoglou inventa sus molinos de viento y lanza en mano planta batalla. Porque el mundo es una porquería y alguien tiene que gritarlo. El apocalipsis es ahora.
Los poemas pornopsiquiátricos
Autora: Melina Alexia Varnavoglou
Género: poesía
Otras obras de la autora: Por mano propia; Susan Sontag
Editorial: Nebliplateada, $ 20.000