CULTURA
crítica

Formas de tecnodiversidad

Para Hui así se establece una nueva racionalidad y racionalización a través de la técnica. En este sentido, piensa que el arte y otra cosmología, por lo tanto, podrían (acaso) educar la sensibilidad para la experiencia, no de lo incomputable, sino de lo incalculable.

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Fundador de la Red de Investigación en Filosofía y Tecnología, en cuyo sitio web (https://philosophyandtechnology.network/language/en/) se puede acceder a distintos eventos y suscribirse al boletín de esta red internacional, y en la actualidad docente en la Universidad Bauhaus de Weimar, el filósofo Yuk Hui –nacido en China y formado en Hong Kong, Londres y Lüneburg– continúa en este libro con el ciclo que componen La pregunta por la técnica en China (2016), Recursividad y contingencia (2019) y Máquina y soberanía (2024, aún no traducido al español). Esto es, Arte y cosmotécnica (2021) constituye el tercer volumen, aunque bien podría seguirle al primero. Tanto porque vuelve a dialogar, ahora respecto de la relación entre arte y técnica (tékne, por igual para la Grecia clásica), con el pensamiento de Heidegger –ante todo inquirido en “El origen de la obra de arte”–, como en la medida que investiga esa conjunción en la estética y la pintura china tradicional del shan shui o “montaña y agua”. En búsqueda, además, en afinidad con la filosofía china de la tecnología abordada en el primer libro de la saga, de una cosmotécnica no occidental.

Lo cierto, sin embargo, es que mal o parcialmente (al menos) se entendería lo que pretende Hui –una tecnodiversidad– si se ignora la tesis central de Recursividad y contingencia, a saber, la cibernética de los años 60 del siglo pasado en cuanto preludio y modelo recursivo de un funcionamiento técnico orgánico que supera la oposición mecanismo-organismo. En otras palabras, los algoritmos son entidades cibernéticas, funciones recursivas “que se llaman a sí mismas”. El número de Fibonacci (1,1, 2, 3, 5, 8, 13, 21…), donde el número subsiguiente suma los números anteriores, ilustra (de modo simple) esta noción matemática. De cualquier manera, y en esto se impone el fin heideggeriano de la filosofía sustituida por la recursividad digital (o cibernética, orgánica, no mecánica y mundial), el tercer volumen de la saga de Hui concibe ciertas obras artísticas y ciertas estéticas –Cézanne, Klee, el shan shui taoísta–, dada su organicidad con la naturaleza, una vía posible para desviar o alterar el horizonte de las máquinas recursivas, también conocidas con el borroso acrónimo “IA”.

En todo caso, debería quedar claro, en especial para el “tecnooptimismo” (o el prometeísmo ingenuo) interesado por la filosofía de la tecnología, que Hui no rechaza los sistemas técnicos sino aquellos que usurpan el lugar del pensamiento y aspiran a convertir el planeta, mediante una geoingeniería a escala universal, en un artefacto cibernético. Más todavía, hablando un poco de filosofía, cuando este movimiento de tecnificación –ya orgánico– se realiza en la época de la muerte de Dios, es decir, en un mundo posmetafísico, sin trascendencia, o dicho de manera más catastrófica (por supuesto, para espanto del sentido común), en la edad del nihilismo. Para Hui así se establece una nueva racionalidad y racionalización a través de la técnica. En este sentido, piensa que el arte y otra cosmología, por lo tanto, podrían (acaso) educar la sensibilidad para la experiencia, no de lo incomputable (lo computable se basa en ello) sino de lo incalculable.

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Arte y cosmotécnica

Autor: Yuk Hui

Género: ensayo

Otras obras de la autor: La pregunta por latécnica en China, Recursividad y contingencia

Editorial: Caja Negra, $ 39.500

Traducción: Maximiliano Gonnet