CULTURA
Crítica

Los peligros de ser salvados

La escritora y periodista María Paula Zacharías, en El último sol en Itatí retrata de forma descarnada una experiencia amorosa de alta densidad. Un amor trepidante, de esos que aparecen rara vez en la vida, provoca un terremoto verbal. Podríamos aquí recurrir a un orientalismo y decir que el núcleo del libro es un satori erótico, un momento de iluminación, donde se disuelven los opuestos y todo cobra un raro fulgor. Zacharías se convierte en cronista de esa vivencia en tierras correntinas. Hay una locación de nombre guaraní y un clima ardiente que activa los corazones de los amantes y los envuelve en las llamas de una pasión amorosa que lo incendia todo. Las palabras arden con solo leerlas, tal el efecto de verosimilitud que logra Zacharías en los distintos episodios de su libro. El último sol en Itatí obtuvo una mención en en el Premio Nacional de Poesía Alfonsina Storni 2023.

En medio del paisaje de los esteros del Iberá, los diálogos de los amantes son breves y entrecortados por suspiros que alborotan las palabras que pronto se llaman a silencio para que la pasión estalle. Amor en corriente continua, amor que hace cúspide y no reconoce otra razón que la intensidad extrema. Aquí se ama como si fuese el último día del mundo: “Corrientes tiene payé, tiene chipá, la alegría del chamamé y gente de hablar dulce. Y tiene la maravillas de los esteros (…) La lancha avanza y el agua ondula rítmica como todo en esta tierra. Ñanduty vegetal, un tejido apretado de irupés”.

Las palabras de amor de Orlando y María son el combustible de la pasión, son emisiones de un aire perfumado y sexual:

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—Quiero estar allá, que llueva con truenos, se corte la luz y vos me abraces muy fuerte.

—Sí, mi vida. Te dormís en mi pecho mientras acaricio tu pelo, mi amor.

—Me das cosquillas en la panza. Te amo. Creo que la felicidad es esto.

¿Cómo contar una pasión? Zacharías lo consigue apelando a un collage, donde se mezcla la poesía y la prosa, anotaciones marginales, conversaciones íntimas, flashbacks que nos ponen en autos. Dicha hibridez resulta original porque dota de frescura a todo el conjunto: “tuve un vestido blanco con velo/una libreta roja/un anillo de oro/títulos de propiedad/la sangre mezclada en los hijos (…) y no tuve un amor bueno”, dice Zacharías, narrando su decepción amorosa. Pero pronto llegaría el bálsamo, ese amor súbito que parece salvar a María del naufragio sentimental.

Un resplandor, un refucilo en el cielo, una ensoñación. La cura por amor. Y una nueva ilusión que llama a la puerta. Un milagro. Barajar y dar de nuevo. Zacharías marca muy bien ese contraste entre el desgaste (el aburguesamiento) de una pareja y un renacimiento de algo voltaje, puro vértigo subtropical:

—Si en algún momento estás solo, llamame y nos decimos cositas lindas.

—El sapukay es en silencio, mi amor.

—¿Vas a gritar mi nombre para adentro?

Una invocación final funciona como agradecimiento y promesa: “Virgen de Itatí/ reina del amor/ reina de mi amor/ Nadamos juntos/ en agua bendita/ cerca del paraíso/ Este amor nuestro/ Este amor bueno.

Último sol en Itatí

Autora: María Paula Zacharías

Género: poesía

Otras obras de la autora: Maestro Cafiso

Artistas de entrecasa; Décalogo para un casamiento

Editorial: Caleta Olivia, $ 28.000