El mundo del arte argentino despide a uno de sus máximos exponentes, Humberto Carlos Alonso, quien murió a los 97 años en su refugio y taller de Unquillo, Córdoba, donde vivía desde su regreso del exilio. Nacido en Tunuyán, Mendoza, el 4 de febrero de 1929, fue uno de los artistas argentinos más importantes del siglo XX y construyó durante más de siete décadas una obra que combinó pintura, dibujo, grabado e ilustración.
Su producción estuvo atravesada por la pobreza, la violencia, el poder, la carne, la muerte y la desaparición. Pero también encontró inspiración en la literatura y en los grandes de la pintura. Por eso, entre sus trabajos aparecen desde Don Quijote de la Mancha y Martín Fierro hasta La Divina Comedia, Rembrandt y Vincent van Gogh. Alonso los utilizó muchas veces como una manera de mirar el presente. Esa relación entre tradición y realidad fue una de las características que marcaron su producción y que el Museo Nacional de Bellas Artes recuperó en la retrospectiva Carlos Alonso. Pintura y memoria, realizada en 2019.

El artista, desde chico, mostró interés por el dibujo. Su formación comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros, entre otros, a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. Sin embargo, uno de sus grandes referentes fue Lino Enea Spilimbergo, con quien continuó su trabajo en Tucumán a partir de 1950.
En 1951, el artista obtuvo sus primeros premios en salones de Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán.

Recibió también una beca para viajar a Francia y España, donde desarrolló un estilo propio, con un dibujo muy marcado y una forma de representar los cuerpos que podía ser al mismo tiempo realista, expresiva y deformada.
Con el tiempo, Alonso comenzó a trabajar con la imagen que terminaría convirtiéndose en una de las marcas de su obra: la carne. Carnicerías, cuerpos, animales y figuras humanas aparecen una y otra vez.

El tema apareció mientras trabajaba en las ilustraciones de El matadero, de Esteban Echeverría, y volvió a desarrollarse en distintas etapas de su producción. El Museo Nacional de Bellas Artes señaló que esa imagen de la carne atraviesa obras tan diferentes como El matadero, Martín Fierro, Manos Anónimas y Hay que comer.
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Otra serie importante fue Lección de anatomía, que Alonso inició en 1969 a partir de la obra de Rembrandt.
Alonso tomó como referencia las fotografías del cadáver del Che Guevara, ejecutado en Bolivia en 1967, y convirtió la escena en una reflexión sobre el cuerpo, la muerte y la violencia política.
La dictadura, el exilio y la desaparición de su hija Paloma
En abril de 1976, apenas un mes después del golpe de Estado, Alonso presentó El ganado y lo perdido en la Art Gallery International de Buenos Aires. La muestra fue amenazada con una bomba y tuvo que ser desalojada. Ese mismo año, además, trabajó en la instalación Manos Anónimas.
Sin embargo, después Alonso se exilió junto a su esposa y su hijo. Se instaló en Roma y más tarde en Madrid. Aun así, en 1977 ocurrió uno de los hechos que marcaron para siempre su vida: su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada y desaparecida durante la última dictadura militar.
Durante años, Alonso mantuvo la expectativa de volver a encontrarla y atravesó un período en el que dejó de pintar. Después, ese dolor apareció de distintas maneras en su producción, como en Manos Anónimas.

Es una serie que representa la violencia política y la represión a través de cuerpos, militares, carne y figuras anónimas. Construye imágenes fragmentadas que remiten al miedo, la desaparición y la violencia de la época.
Su primera instalación fue realizada en 1976, pero no llegó a exhibirse como estaba previsto y terminó deteriorándose. Lo que quedó fue un registro fotográfico que permitió reconstruirla décadas después.

Acto seguido, en 2019, para la retrospectiva Pintura y memoria del Museo Nacional de Bellas Artes, Alonso reconstruyó la instalación a partir de esa única fotografía conservada. La obra pasó posteriormente a formar parte del patrimonio del museo.
El regreso a la Argentina y los últimos años en Córdoba
El pintor regresó a la Argentina en 1981 y se instaló definitivamente en Unquillo, Córdoba, donde construyó su casa y taller. Desde allí continuó trabajando durante décadas y realizó paisajes, retratos y homenajes a artistas que admiraba, como Spilimbergo, Van Gogh, Rembrandt y Renoir.
Sobre esa base, en 1990 presentó en el Museo Nacional de Bellas Artes El pintor caminante, una serie vinculada con Van Gogh. También realizó el mural Con los pies en la tierra para la cúpula de Galerías Pacífico y trabajos para el Teatro del Libertador General San Martín de Córdoba.
A partir de 2019, el Bellas Artes realizó una gran retrospectiva de su trayectoria, con 60 obras, y en 2021 volvió a presentar su producción vinculada con Dante. Esa exposición, Dante x Alonso, reunió 45 trabajos entre dibujos, collages, grabados, acuarelas y tintas.

En 2024, además, el Museo de Arte Contemporáneo Unquillo presentó una retrospectiva dedicada a sus retratos. Y hasta sus últimos años continuó produciendo y exponiendo.
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