Cuenta la historia que Pablo Picasso estaba un poco retrasado con la entrega de los dibujos que servirían para que Carl Nesjar, el artista nórdico, los “imprimiera” para siempre en los muros de concreto que decorarían las tres partes exteriores del Colegio de Arquitectos de esa ciudad, utilizando el esgrafiado con arena.
Algunos guías turísticos más osados y fabuladores, para ponerle un poco de picante, hasta dicen que Picasso los había cobrado y que los habría realizado en el mismísimo juicio que le entablaron por no hacerlos en tiempo y forma. La simpleza de estos dibujos fomenta la ficción sobre la ejecución rápida por parte del artista en sede judicial.
Lo que seguro se sabe es lo narra el arquitecto Xavier Busquets en sus memorias y también dice que lo hizo rápido pero que tardó mucho. Busquet ya venía de dos conflictos: con el arzobispo que no quería que Picasso los hiciera y con el edificio que había construido y a nadie le gustaba.
Para el primero, la explicación es tema de nacionalismos, que allí abundan: Picasso era de Málaga y esto era Catalunia… Para el segundo, el edificio inaugurado en 1955 ubicado en la Plaza Nova, frente a las ruinas romanas y la Catedral tiene un estilo que nada que ver, para decirlo rápido y pronto.
En estos escritos, con gran elegancia, Busquets deja entrever la dificultad del trato con el artista: varias visitas para convencerlo, seducirlo, decirle una y otra vez que la obra avanzaba y necesitaba los dibujos: “Un día, al despedirme de Picasso y Jacqueline en “La Californie”, tuve que atreverme a decirle que no nos podíamos demorar más. Reza un Padrenuestro para que te lo haga, me respondió Picasso.”
La plegaria fue atendida: “A los pocos días, el 18 de octubre de 1960 a las once de la noche, me telefoneaba para decirme que los dibujos ya estaban listos.”