CULTURA
SANTORAL CATÓLICO

San Cesáreo de Nazianzo: el médico de la corte imperial que eligió la riqueza del alma

San Cesáreo, hermano de San Gregorio el Teólogo, es honrado hoy en el santoral por su brillantez científica y su capacidad de permanecer fiel a Cristo en la cima del poder.

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Este miércoles 25 de febrero, el santoral católico rinde homenaje a San Cesáreo de Nazianzo, un distinguido médico y servidor público del siglo IV. Hijo de los santos Gregorio y Nonna, Cesáreo destacó en Constantinopla como uno de los científicos más brillantes de su tiempo. A pesar de las presiones del emperador Juliano el Apóstata para que abandonara su fe, él prefirió renunciar a sus cargos y honores antes que renegar de sus principios cristianos, regresando a la vida sencilla.

San Cesáreo y el milagro de la supervivencia en Nicea

La hagiografía italiana destaca un evento crucial que marcó su conversión definitiva a la vida ascética: el terremoto de Nicea en el año 368. Fuentes en inglés relatan que, mientras la mayoría de sus compañeros perecieron bajo los escombros de los edificios imperiales, Cesáreo fue milagrosamente protegido, emergiendo de las ruinas casi ileso. Este suceso fue interpretado por él y su hermano Gregorio como una llamada divina a abandonar las ambiciones mundanas y dedicarse por completo a Dios.

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Tras este milagro, San Cesáreo decidió bautizarse —una práctica común en la edad adulta en aquella época— y dedicar sus últimos días a la caridad y la oración. Los registros históricos mencionan que en su testamento dejó todos sus bienes a los pobres, declarando que no deseaba más riqueza que la misericordia divina. Su vida es un ejemplo de cómo la ciencia y la fe no solo pueden coexistir, sino fortalecerse mutuamente cuando se ponen al servicio del prójimo.

La devoción actual a San Cesáreo lo posiciona como un modelo para los profesionales de la salud y los funcionarios públicos. Se le considera un protector contra los desastres naturales, especialmente los terremotos, debido a su milagrosa supervivencia. En la liturgia, se resalta su integridad, pues supo navegar en las peligrosas aguas de la política imperial sin manchar su conciencia, recordándonos que el éxito terrenal es efímero frente a la eternidad del espíritu.

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La oración dedicada a este santo suele pedir la gracia del discernimiento para priorizar lo eterno sobre lo temporal. Los devotos suelen rezar: "Señor, que por la intercesión de San Cesáreo de Nazianzo, aprendamos a usar nuestros talentos para tu gloria y el bien de los hermanos". Es común invocarlo para pedir protección en momentos de peligro inminente y para que los médicos actúen siempre con ética y compasión cristiana hacia los enfermos más vulnerables.

Junto a este santo médico, el santoral católico recuerda hoy a Santa Walburga y a San Victorino de Corinto. Esta semana ha sido rica en testimonios: desde la elección de San Matías ayer hasta la memoria de San Gabriel de la Dolorosa este viernes 27 de febrero. El próximo sábado 28 se honrará a San Román de Condat, cerrando un mes de febrero cargado de figuras que equilibraron la vida intelectual con la entrega mística.

En la Ciudad de Buenos Aires, puedes recordar su legado en la Iglesia de San Miguel Arcángel, en el cruce de las calles Bartolomé Mitre y Suipacha. En este templo, frecuentado por profesionales que trabajan en la zona céntrica, la figura de San Cesáreo inspira a quienes buscan vivir su fe en el ámbito laboral. Los fieles pueden encontrar allí un remanso de paz para meditar sobre cómo las ocupaciones diarias pueden transformarse en un camino hacia la santidad.

LV