Este miércoles 18 de febrero, el santoral católico rinde tributo a San Simeón de Jerusalén, una de las figuras más venerables de la Iglesia primitiva. Según los relatos de historiadores antiguos como Hegesipo, Simeón era hijo de Cleofás y, por lo tanto, primo de Jesús según la carne. Tras el martirio de Santiago el Menor, fue elegido unánimemente para dirigir la comunidad cristiana de Jerusalén, guiando a los fieles durante los periodos más turbulentos del primer siglo.
San Simeón y la guía espiritual de la Iglesia en Jerusalén
La hagiografía italiana destaca su papel crucial durante la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Fuentes en inglés señalan que, advertido por una revelación divina, Simeón lideró a los cristianos hacia la ciudad de Pella, al otro lado del Jordán, salvando a la comunidad del asedio romano. Su autoridad moral era tan inmensa que sobrevivió a varias persecuciones antes de ser denunciado como descendiente de David y seguidor de Cristo ante el gobernador Ático.
El milagro de su vida reside en su extraordinaria longevidad y fortaleza. Los registros históricos mencionan que Simeón contaba con 120 años cuando fue sometido a brutales tormentos durante varios días. Las fuentes describen la estupefacción del prefecto y de los verdugos al observar cómo un anciano de tal edad soportaba los azotes con una serenidad sobrenatural. Finalmente, fue crucificado en el año 107, consumando su vida con el mismo sacrificio que su divino Maestro.
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La devoción actual a San Simeón se centra en su papel como intercesor de los ancianos y de las comunidades que sufren persecución prolongada. Se le considera un símbolo de la continuidad apostólica y de la fidelidad a las raíces de la fe. Los fieles recurren a él para pedir claridad espiritual en tiempos de confusión y para obtener la gracia de una vejez santa, dedicada a la oración y al testimonio de los valores del Evangelio.
La oración dedicada a este santo suele pedir la firmeza de carácter necesaria para no desfallecer ante las pruebas del tiempo. Los devotos le rezan diciendo: "Señor, que concediste a San Simeón la gracia de imitar la pasión de Cristo en su ancianidad, fortalécenos en nuestra fe cotidiana". Es común invocarlo para pedir la paz en Tierra Santa y por la unidad de los cristianos, recordando su labor como puente entre la primera generación de discípulos y la Iglesia naciente.
Hoy, el santoral católico también conmemora a San Angilberto, a Santa Bernardita Soubirous (en algunas regiones) y a San Eladio de Toledo. Esta semana ha sido testigo de la renuncia de los Siete Santos Fundadores ayer y continuará mañana con San Conrado de Piacenza. El próximo 21 de febrero la Iglesia celebrará a San Pedro Damián, manteniendo un flujo constante de testimonios de santidad que abarcan desde el eremitismo hasta el martirio.
En la Ciudad de Buenos Aires, puedes encomendarte a su protección en la Parroquia San José de Flores, frente a la Plaza Flores. En este templo de gran raigambre histórica, los fieles pueden meditar sobre la herencia de los parientes del Señor y buscar en la figura de San Simeón el ejemplo de una vida entregada por completo al servicio del Reino, encontrando consuelo en su intercesión por las necesidades de los más veteranos de la comunidad.