Ricardo Montaner volvió a Buenos Aires y convirtió su regreso en un fenómeno masivo. Tres funciones agotadas en el Movistar Arena (21, 22 y 27 de febrero) marcaron el inicio de “El Último Regreso World Tour 2026”, la gira con la que el artista retoma los escenarios tras más de dos años de ausencia y que él mismo presenta como su posible despedida global.
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El arranque porteño no fue una escala más dentro del calendario internacional: se convirtió en un hito de convocatoria. Tras dos noches sold out, la tercera fecha anunciada para el viernes 27 también agotó localidades, según informó la Agencia Noticias Argentinas el 24 de febrero. El resultado consolidó a la capital argentina como punto de partida simbólico de una gira que el propio artista presentó como su posible última gran vuelta mundial.

La escena inicial fue sobria y efectiva. Pasadas las 21, vestido con smoking negro y camisa blanca, Montaner apareció sin preámbulos al ritmo de “Yo que te amé”. No hubo necesidad de mayores artificios: el primer acorde bastó para que el estadio completo se pusiera de pie. Desde ese momento, el concierto adoptó la forma de un reencuentro colectivo más que de una simple sucesión de canciones.
“Será”, “A dónde va el amor”, “Castillo Azul” y “El poder de tu amor” delinearon una primera mitad dominada por baladas que marcaron a distintas generaciones. La respuesta fue inmediata: plateas levantadas, campo en movimiento constante y un coro masivo que convirtió cada estribillo en patrimonio compartido.
Ricardo Montaner agotó tres shows en el Movistar Arena con “El Último Regreso Tour 2026”
El concepto de la gira se desplegó con claridad en el escenario. “El Último Regreso”, el single que da nombre al tour, funcionó como eje narrativo de la noche. Más que una consigna promocional, el título operó como una síntesis emocional: una celebración de su legado con un matiz de despedida que potenció la intensidad de cada momento.
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La lista avanzó con medleys que integraron “Solo con un beso”, “Quisiera”, “Ojos negros” y “La chica del ascensor”, alternando pasajes íntimos con segmentos rítmicos. En esa transición, el espectáculo encontró uno de sus puntos de equilibrio: de la balada al baile sin perder cohesión.

El bloque festivo incorporó “Soy feliz”, “Cachita” y “Vamo Pa’ La Conga”, ampliando el clima hacia una celebración abierta. El Movistar Arena se transformó entonces en una pista multitudinaria donde la nostalgia se mezcló con energía actual, sin sensación de repetición ni rutina.
Uno de los momentos más significativos llegó con el homenaje a Venezuela. Montaner interpretó “Mi querencia”, “Caballo Viejo”, “Aquel Zuliano” y “Alma Llanera”, acompañado por el maestro Eduardo Ramírez. En ese tramo evocó su infancia migrante y trazó un puente entre el país que lo recibió y la Argentina que hoy alberga a miles de venezolanos.

La dimensión íntima también tuvo lugar en pequeñas anécdotas compartidas con el público, entre ellas una historia doméstica vinculada a su vestuario y a la intervención de su esposa Marlene. El relato aportó distensión y reforzó el tono cercano que atravesó toda la noche.
El tramo final elevó la carga emocional con “Déjame llorar”, cantada a estadio completo. Luego llegó la escena que sintetizó el espíritu del tour: Mau, Ricky, Evaluna y Camilo subieron al escenario para interpretar “Amén”. La imagen familiar, con abrazos incluidos, subrayó el eje que atraviesa esta etapa artística: legado, continuidad y gratitud.
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La participación conjunta no fue un simple cameo. Funcionó como declaración pública de una herencia musical que se proyecta más allá del propio Montaner. El público respondió con una ovación sostenida, consciente de estar presenciando uno de los momentos centrales de esta serie de conciertos.
El cierre con “Tan enamorados” consolidó el clima de comunión. Una lluvia de papelitos blancos cayó sobre el estadio mientras miles de voces acompañaban el último estribillo. Tras más de dos horas y un repertorio que superó las veinte canciones, el artista se despidió de las primeras noches argentinas con la promesa de continuar el recorrido.
Luego de las tres funciones agotadas en Buenos Aires, la gira seguirá el 28 de febrero en el Metropolitano de Rosario y el 1° de marzo en el Estadio Instituto de Córdoba, antes de expandirse por América y Europa.
Con 40 años de trayectoria, 25 álbumes de estudio y múltiples reconocimientos internacionales, Montaner reafirmó en este inicio de tour que su lugar dentro del pop romántico en español no depende de la nostalgia sino de la vigencia de un repertorio que sigue encontrando eco masivo. En el Movistar Arena, el “último regreso” comenzó con tres noches a sala llena y la sensación compartida de haber asistido a un capítulo decisivo de su historia artística.
LV / EM