DEPORTES
De Los Ángeles a Las Vegas

El argentino que atravesó corriendo el Valle de Muerte

Ignacio Doheijo integró el equipo argentino que completó el Speed Project, una carrera de 600 kilómetros sin recorrido fijo, sin espectadores y sin reglas. La prueba viviente de una competencia extrema que terminó convirtiéndose en una experiencia colectiva.

Ignacio Doheijo
Ignacio Doheijo | Olivia Mariscotti

Correr todos los días del año no parece un desafío para cualquiera, menos para Ignacio “Negro” Doheijo quien, desde que tiene memoria, lleva su cuerpo a la exigencia porque lo disfruta. Cuando era un adolescente descubrió que su verdadera pasión era correr en la montaña, perderse en el bosque y enfrentarse con su peor enemigo: su cabeza. Hoy tiene 36 años, y hace más de seis que entrena a corredores para carreras de montaña y calle. En abril, corrió 550 km en California –junto a otros siete corredores– y terminaron primeros, en probablemente, la carrera más desafiante del mundo.

The Speed Project (TSP), es una carrera que se realiza anualmente desde hace 13 años, comienza un día a la madrugada en el muelle de Santa Mónica y termina en el cartel de Las Vegas. Durante casi 600 kilómetros deben cruzar el Valle de la Muerte bajo un sol ardiente hasta alcanzar la meta. La carrera no tiene un sitio web oficial ni un lugar donde inscribirse, se necesita invitación para participar. No hay reglas ni una ruta designada y sobre todo, no hay espectadores. “En algún sentido es un poco más under”, dice Ignacio.

La mayoría de los equipos alquila una casa rodante, un auto y se divide en dos grupos: mientras algunos corren, otros descansan y esperan su turno, entonces cada uno hace tramos de hasta 1 km, 500, 200 o 300 metros, dependiendo de las condiciones en las que se encuentren. Con un walkie-talkie a mano informan cada próximo movimiento, por ejemplo, si la camioneta debe frenar a cargar nafta, un corredor debe correr más tiempo de lo estimado.

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“Estuvimos corriendo con viento en contra sobre la ruta, banquinas, caminos en ripio con piedra y arena donde no había nadie”, recuerda sobre esa experiencia inolvidable. El tiempo corre para todos igual: no importa si está en equipo o en solitario, el reloj de tracking funciona como un testimonio que debe completar la misma cantidad de kilómetros. El grupo, Braders Athletics, estaba compuesto por ocho corredores, donde cada uno corrió aproximadamente 60 kilómetros durante dos días, con pausas intermitentes. Su equipo tomó la ruta original y más larga (existen dos, una es más corta que la otra) y terminaron primeros en fase de grupos, en un tiempo de 36 horas y 46 minutos, con un ritmo promedio de 4:01 min/km, sumamente rápidos en proporción a los kilómetros que debían completar.

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En desafíos de larga trayectoria diseñar un plan de ruta previamente resultó imprescindible. Mientras que algunos competidores podían acortar el camino tomando atajos con motos o bicicletas, eligieron ser más prudentes y tomar el camino más largo y conocido, arriba de una camioneta. “No nos arriesgamos a perdernos porque sino tenés que volver corriendo hasta el punto de origen. No es que podés subir y volver en auto, no es trampa pero sería ir en contra del espíritu de la carrera”, comentó sobre la ética que juega en carrera.

Correr acompañado fue el motor de motivación que definió el proceso de superación. A veces se imagina al running como un deporte en solitario, esa imagen dista bastante de la realidad. Doheijo reflexionó sobre el sentirse acompañado, alentado por un amigo y competir en equipo: “Fue una de las carreras que más disfruté, siempre me gustó correr por mí mismo, pero acá corría con y para el otro”.

“Fui con la cabeza de que podía pasar cualquier cosa”, confesó acerca de la importancia de ir preparado mentalmente. A pesar de haber dormido 3 o 4 horas en las 36 horas de competencia, nunca se sintió cansado y para sorpresa, no le pareció una carrera dura. “Terminé corriendo 90 km pero si me hacías correr 100 km más lo iba a hacer, estaba muy motivado”, dice con sarcasmo. El tiempo deseado para el equipo era finalizar en menos de 40 horas y así fue, por lo que “nos sentíamos muy fuerte, con la alegría inmensa de estar llegando y de repente ver el cartel que decía Las Vegas”.

Correr largas distancias durante horas definitivamente, está en sus venas. Anteriormente, llegó a correr hasta 170 km en Francia, una de las carreras más prestigiosas en el mundo del trail running. Actualmente, Ignacio se está preparando para un nuevo objetivo en el desierto de Atacama en Chile, de también una distancia de 500 km pero esta vez en solitario. Un viaje personal que le permitirá conocerse y competir con nadie más que él. Se dedica a entrenar diariamente y entrenar a otros. Aunque a veces se sienta cansado, nunca lo demuestra, confirma una y otra vez su pasión: “Correr es mi vida, es todo lo que soy”.

MEG/ff