La violencia en el fútbol argentino no hace distinción de categorías y, mientras más descendemos en la escala de jerarquías, la cosa se pone cada vez peor. Los jugadores de los campeonatos con menor repercusión, aquellos que están lejos de los flashes y los grandes contratos, se encuentran en un total estado de indefensión ante las agresiones cotidianas de los barrabravas.
Como muestra, basta con ver lo que sucede en la Primera D. En un partido que disputaron Alem y Atlas en General Rodríguez el último fin de semana, la violencia estuvo a la orden del día y, salvo contadas excepciones, no ocupó las primeras planas de los diarios.
Tanto Federico Quintana, goleador de Alem, como Carlos Bello, arquero de Atlas, sufrieron diferentes tipos de agresiones después del encuentro que el equipo de General Rodríguez –famoso por tener programa propio de televisión- ganó por 3-2.
A pesar de haber convertido 15 goles en la temporada, Quintana fue brutalmente golpeado por los hinchas de su propio equipo, debido a la supuesta intención del jugador de dejar el club, según lo publicado hoy por el diario deportivo Olé.
Bello tampoco la pasó bien. El arquero de Atlas, que tuvo un breve pasado en Alem, fue amenazado por los hinchas rivales, aparentemente por haber festejado uno de los goles de su actual equipo. “Le avisaron a un colaborador que no saliera del vestuario porque me iban a pegar un tiro”, confesó atemorizado el jugador.
Ninguno de ellos pertenece a Futbolistas Argentinos Agremiados, por lo que parece una utopía pensar que puedan recibir el apoyo solidario de sus colegas de las divisionales mayores, aquellos que tienen micrófono todos los días y seguridad para entrar y salir de los estadios. Sin embargo, se animaron y radicarán sus denuncias en la Justicia.
Como Quintana y Bello, el fútbol argentino está lleno de jugadores que se encuentran permanentemente expuestos a la violencia. En cada esquina, en el colectivo que se toman para ir a entrenar, en estadios con pocas o nulas medidas de seguridad.
“Se olvidan de nosotros, pero somos los que peor la pasamos”, le confesó a perfil.com un futbolista del Ascenso que prefirió conservar su anonimato, pero que dejó bien en claro las diferencias que existen con la situación de los jugadores más conocidos.
“A nadie le importa lo que nos pueda pasar”, reveló un técnico de un conocido equipo del conurbano bonaerense que milita en el Primera B.
El futbolista del club que juega en el Ascenso cuentan que a las barras no sólo la tienen en el club. "Nosotros tenemos que esperar un colectivo en la esquina del club, algunos chicos viven a pocas cuadras, y eso te expone mucho porque los tenés todo el día ahí. Pero cuando pasa algo nadie dice nada porque los medios casi ni viene acá. En cambio, si el problema es en Primera, la cosa cambia ".
"Nadie piensa en los futbolistas del Ascenso", asegura. Y agrega: "Los futbolistas se reunieron en un hotel de Puerto Madero. A algunos de nosotros nos es imposible llegar, aunque por supuesto que ni nos invitaron. Pero hubiera sido bueno que ellos, que están en clubes poderosos, escuchen nuestros problemas".
Para el técnico, el problema de la violencia en el Ascenso es mayor que en la Primera: " Siempre hay apretadas, no sólo en el club donde estoy yo, sino en todos. A veces te dan ganas de largar todo, pero esto es lo que nos apasiona y entonces se banca".
Ante la indiferencia del resto del ambiente del fútbol, los planteles del ascenso se juegan semana a semana mucho más que un partido de fútbol, con realidades económicas muy distintas a la de Primera, pero con los mismos problemas cotidianos.