En la gran mayoría de las disciplinas deportivas, no se permite a las mujeres competir con los hombres, no importa cuál sea su rendimiento. A diferencia de otras áreas profesionales, en el deporte la segregación sexual es aceptada por el público y aun por los mismos involucrados. El deporte es el último bastión del sexismo más recalcitrante.
Durante los últimos años, sin embargo, ha ganado terreno la idea de que no se justifica separar a los sexos en deportes, por ejemplo gimnasia y tiro, en los cuales las mujeres tienen un rendimiento similar al de los hombres. Perdura sin embargo la opinión de que se debe mantener la segregación sexual en los deportes, en donde la masa muscular, la altura y la velocidad otorgan ventajas al sexo masculino. De otra manera, se dice, las mujeres tendrían que competir en inferioridad de condiciones.
Esa situación podría cambiar en el futuro gracias a la tecnología genética. En la actualidad, se conoce un número de genes reguladores de la producción de sustancias determinantes de características fisiológicas de gran relevancia para el rendimiento deportivo, como la producción de glóbulos rojos, necesarios para la oxigenación de la sangre, y la masa muscular.¿Por qué no entonces permitir a las atletas que así lo deseen aumentar su masa muscular para poder competir de igual a igual con los hombres? Estas bioamazonas podrían disputar a sus rivales masculinos los privilegios que éstos tienen a causa de su predominio biológico congénito.
¿No sería más justo modificar las estructuras discriminadoras del deporte antes de aceptar manipular el cuerpo de las atletas? El feminismo conservador en el deporte propone redistribuir los beneficios del deporte en favor de las mujeres manteniendo las competencias sexualmente segregadas.
El problema con esta posición es que, indirectamente, confirma el prejuicio de que las mujeres, para afirmarse profesionalmente, necesitan actuar en ámbitos protegidos de la competencia de los hombres. Es mucho más efectiva una política que facilite a las mujeres vencer a los hombres en sus propios reductos deportivos, antes inexpugnables. En la actualidad se fomenta la equiparación profesional de los sexos mediante distintas acciones políticas y sociales. La tecnología genética permitirá en el futuro ahondar ese esfuerzo por otros medios. Y, en realidad, las atletas ya vienen tratando de emular el físico de los hombres desde mucho tiempo. ¿Cómo entender si no el entrenamiento con pesas que las deportistas realizan hace décadas para tener más músculos?
* Investigador del Stockholm Bioethics Centre. Programa Enhance (con apoyo de la Unión Europea).