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DEPORTES / historias minimas
domingo 26 mayo, 2019

El Diego, el Loco y las ranas

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por Claudio Gómez

1981. Diego Maradona en Boca. Foto: Cedoc

Hace poco que se concretó la transferencia de Maradona a Boca después de cinco años de romperla en Argentinos. En este verano de 1981 el Diego arranca una nueva etapa de su carrera, de su vida. Una noche, mientras fantasea con una Bombonera repleta que lo idolatra, se le ocurre que es la ocasión ideal para comer algo distinto, y se le ocurre también que estaría bueno compartir esa cena con un compañero que no ve hace rato. Entonces lo llama a Roberto Rigante.

—¡Loco, qué hacés tanto tiempo! Venite que estoy con ganas de comer ranas.

—¿Dónde estás?

—En Vicente López, con unos amigos.

—Estás en pedo, Diego, mirá la hora que es. Dejémoslo para la próxima, ¿te parece?

Rigante conoció a Maradona en Argentinos Juniors. Llegó a La Paternal después de ganar con Independiente el Nacional del 77. Es un arquero correcto, que no deslumbra, pero cumple. Y sobresale por su personalidad: es carismático, extravagante, divertido. Por algo le dicen Loco. Por supuesto, se hace compinche del Diego. Hasta que dos años después Rigante pasa a Huracán y toman cierta distancia. La noche que Maradona lo invita a comer ranas todavía atajaba en el Globo. Pero el llamado no solo tenía intenciones gastronómicas. Después de aceptar la disculpa del arquero, Diego le tira la bomba:

—Loco, ¿querés venir a Boca?

Rigante se queda mudo. Intenta decir algo, pero balbucea. Se convence rápido de que se trata de una joda de Diego, entonces le sigue el tren.

—Sí, claro, me encantaría…

—Bueno, en un rato te va a llamar Marzolini, arreglá con él.

¿Y si es verdad? ¿Y si Diego no quiso hacer una broma? ¿Y si firmo para Boca? ¿Y si ahora llama Marzolini? En épocas de teléfonos fijos, Rigante se queda pegado al aparato. El departamento de Constitución, a unas cuadras de la estación, es una sala de espera. Hasta que suena.

—Roberto Rigante, buenas noches, soy Silvio Marzolini…

—...

—...lo llamo de parte de Diego Maradona. Para que usted confíe, me pidió que le comente que lo invitó a comer ranas, ¿puede ser?

—Sí, sí, claro, hace un rato.

—Bien, pero en realidad lo llamaba para proponerle que esta temporada se sume al plantel de Boca. ¿Le interesa?

Roberto Rigante llega como tercer arquero, detrás del Loco Gatti y la Pantera Rodríguez. Después de algunos partidos flojos de Gatti al principio del torneo, Marzolini pone a Rodríguez de titular. El Loco se fastidia y se va a tomar sol a La Candela. Rigante, entonces, queda como suplente, con el 12 en la espalda. De todos modos, no ingresa en ninguno de los partidos oficiales que llevaron al Boca de Maradona a ganar el Metropolitano.

Después de aquel llamado Rigante queda aturdido. Ni en sus especulaciones más optimistas había imaginado que un entrenador lo convoque para que se sume al plantel de Boca. Y todo gracias a Diego. ¡Diego! Rigante reacciona: es hora de devolverle el llamado.

—Hola, Diego, soy el Loco. ¿Cómo era eso de que querías ir a comer ranas?


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